viernes, 2 de diciembre de 2016

ZOMBIES




ZOMBIES.

Cualquiera que se de un “paseo” virtual por una página de descargas observará la profusión de tres modelos de cine de terror, el género de la casa encantada, el fenómeno vampírico y el creciente universo del zombi. Si estos zombies deben extenderse a los que insinuaba Jim Jarmusch en “Only lovers left alive”, o limitarse al mundo del ser de ciencia ficción, lo dejaremos al gusto del lector ante la más que evidente pasividad de la ciudadanía respecto a los agentes patógenos que nos están comiendo el poco cerebro que nos queda día tras día, pero si por algo se empiezan a caracterizar los zombies de última generación, además de mantener el gusto innato por morder a gente sana y transmitir el virus, es a la aparición de ejemplares cuyo nivel de inteligencia supera al de la media prototípica de coeficiente intelectual cero y a adquirir una velocidad en sus movimientos que nos deja bastante indefensos ante sus ataques.


Dos propuestas asiáticas merecen mi atención, una de animación y otra con actores de carne y hueso. Para mi gusto gana por goleada la película coreana de animación “SEOUL STATION”, no en vano su director, Yeon Song ho, ya ha dado muestras de brío y sentido del ritmo en su anterior película animada, “The fake”, y en la próxima a estrenar, “Train to Busan”, especie de reconstrucción con actores de la película animada de zombies. Si “Train to Busan” sitúa el núcleo de su acción en el interior de un tren por el que se va propagando la infección que ya ha destrozado el exterior, en un viaje con escasas perspectivas de éxito, “Seoul Station” coloca el origen de la enfermedad en los aledaños de la estación ferroviaria de Seúl. Desconocemos de dónde viene y porqué se extiende esa infección mortal que resucita a los muertos en violentos seres ansiosos de comer carne humana, es la incógnita que ninguno de los que huyen tiene tiempo de pararse a pensar. Con la amenaza constante del peligro continuo, la huida permanente para no convertirse en pieza de caza, los protagonistas, a los que seguimos por las desiertas calles de Seúl intentando reencontrarse, tienen bastante como para hacerse preguntas trascendentes. Compartimos con Yun-ja y Ajus-si una larga noche de búsqueda y desencuentros, un “Jó que noche” scorsesiano donde no es el trabajo lo que puedes perder a la mañana siguiente de la resaca, sino tu propia vida ante el más mínimo descuido. El evidente ambiente pesimista que sobrevuela la película, desde que casi al principio uno de los personajes exclame un “todo está perdido”, culmina con un final sorprendente y excelente que une muchos de los males que el cine coreano refleja de su sociedad. Song señala la crisis como origen de la infección mortal, algo que empieza atacando a los sin techo, a los restos del sistema capitalista, pero que desmonta todo el entramado social que se creía sólido. ¿Mensaje o casualidad? ¿Está invitando Song a los que vivimos como muertos a lanzarnos contra los muy “vivos”? Muy interesante propuesta cinéfila desde el mundo de la animación.




I AM A HERO de Shinsuke Sato es mucho más convencional, de hecho se nota demasiado su origen manga del dibujante Kengo Hanagawa, del que no consigue desprenderse en momentos de evidente exageración argumental. Hideo es un joven sin perspectivas, al que la vida le viene demasiado grande, que defrauda sus propias expectativas por falta de ambición, pero también las de su pareja, que no sabe cómo imponerse perdiendo por el camino su prometedor inicio como dibujante de manga. Como le dice su pareja antes de la ruptura, “eres tan normal”. En ese ambiente de pérdida, por la ciudad de Tokyo empieza a extenderse la consabida plaga que transforma a los hombres en muertos vivientes, una plaga que empieza gota a gota hasta que, en una de las mejores escenas de la película, las calles de Tokyo se transforman en una jungla donde la vida depende de la suerte. A Hideo le va a sobrar tanta suerte como le falta valor, aunque ya se sabe que el cementerio está lleno de héroes, y una dosis razonable de cobardía no viene mal para ir sobreviviendo. En las apuradas situaciones en las que su vida como hombre se ve más que comprometida, va a conseguir que otros salven su existencia, o que la pierdan, para que él la preserve, hasta el momento definitivo en que demuestre su habilidad para el tiro deportivo y se convierta en el héroe que el título anuncia. Se ve sin problemas y se olvida sin mayores pretensiones, un divertimento con final abierto como marca la tradición para seguir en un futuro si las recaudaciones han sido suficientemente sabrosas. Hideo, Hiromi y Yabu seguirán su camino hacia el Monte Fuji como símbolo de pureza y de eliminación del virus, aunque ese virus les acompaña en un ser mitad humano mitad zombie, una de las novedades de la historia, ya vista de otras maneras, la de incorporar un “zombi bueno” al grupo de fugitivos.