martes, 22 de noviembre de 2016

YO ME LO CREO (Terrorismo de autor, 2016)

YO ME LO CREO (Terrorismo de autor, 2016)

“En el régimen actual de convivencia, unos caen y otros no, y aquellos que caen se les llama, sin que nadie sepa porqué, locos”.

"Terrorismo de autor es un colectivo anónimo-delirante nacido en 2012. A través de piezas audiovisuales de carácter político y social, se proponen protagonizar en la actualidad un remake estético e ideológico del mayo del 68 francés. Combinando humor, viralidad, activismo y nouvelle vague".
Sorprendente manera de contarnos una serie de verdades, sin las cortapisas de la corrección política. Será realidad o ficción, pero el mecanismo funciona perfectamente. Dicen que sólo los niños y los locos dicen la verdad, que sus exclamaciones son producto de la reacción ante la injusticia que nadie se atreve a proclamar para, precisamente, no ser tildado de loco. Un formato que podría invitar al cansancio y al aburrimiento, se transforma, por la palabra, en verdadera dinamita audiovisual agitando las bases de un contrato social que sigue sin funcionar. Es Antonio quien nos anima a defender el puente por el que nos están robando derechos y libertades, lo dice alguien que ha padecido un trastorno mental, pero lo que nos cuenta resulta lúcido y acertado, lo hace desde la atalaya de su permanente rostro mudo, como un busto, mirando a cámara como quien mira con desprecio al cobarde que  no lucha por lo suyo, mientras su discurso en “off” desgrana episodios recientes de su vida,  escupiendo contra la sumisión rastrera y recordándonos que sólo lamenta no poder robarnos más que 40 € al mes, porque no nos merecemos su respeto. El discurso ha conseguido unir su delirio pasado con el arte, con las películas, con la pintura, invitando al espectador a captar los mensajes, evidentes o no, de las obras artísticas para defendernos, aunque sea a ostia limpia, de los “hijos de puta”, sean estos de una categoría social mínima o de los que gobiernan.
 

 Ligeras variaciones de encuadre, aproximaciones muy leves de la cámara al rostro, pero la película es ese casi continuo plano fijo  centrado sobre Antonio, con desplazamientos laterales para dejar entrar los rostros de quien llama por teléfono mientras el protagonista desgrana su discurso. La película es una reivindicación del arte como palanca de resistencia, como mecanismo para abrirnos los ojos y enseñarnos el camino. Sólo la inclusión de escenas de películas rompe la monotonía nada aburrida de su estructura formal , como “El puente” de  Berhard Wicki, Juana de Arco de Dreyer, Vivre sa vie de Godard, referencias  a Viva Zapata de Kazan, escenas con un significado y relación directa con lo que Antonio va desgranando en un discurso verborreico que no pierde el hilo casi ni una sola vez; porque dos son, fundamentalmente, sus obsesione;, la cobardía que nos ha llevado donde estamos y la falta de capacidad intelectual de los “cuerdos” para entender los mensajes y significados de las obras de arte. “Los psicóticos nos creemos mejor las películas porque entendemos los mensajes".

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
Antonio destila rabia en su discurso, sabe que sólo lo que él llama “los locos cuerdos” serían capaces de hacer bajar del burro a “los hijos de puta”, porque estos locos cuerdos ya no sufren, ya no sienten dolor porque lo han vivido y lo han entendido, ahora ha llegado la hora de defender los puentes necesarios y de destruir los perjudiciales, se necesitan valientes dispuestos a perder todo para que una mayoría se libere, una mayoría de cobardes llenos de cordura. “Hay que ver más cine, leer más libros, estar en la calle, vivir el dolor, entenderlo todo mejor, y no ser cobarde. Hay que ser gilipollas para criar hijos que van a vivir peor que tú”. Porque todo el discurso de Antonio se dirige hacia los cuerdos que contemplan impasibles cómo se disuelve esa seguridad ficticia en un sistema que está siendo demolido por los verdaderos antisistema que copan el poder político y económico,  porque Antonio, en esa psicopatía que reconoce, advierte que el derrumbe no se va a detener mientras nadie salga a defender el puente, a devolver golpe por golpe. Reivindica la cultura y el arte como remedios para dejar de ser hijos de puta, si alguna vez se le va el hilo del discurso, la pantalla pasa a blanco con el ligero perfil del protagonista, pero éste retoma con energía su diatriba contra tanto manso que habitamos el planeta que no se atreve a luchar, nadie quiere ser el héroe, todos esperamos que el de al lado dé el primer paso hacia la inmolación, porque hay que estar dispuesto a perderlo todo para ganarlo todo, y en este mundo apenas queda gente dispuesta a luchar, ni por uno mismo, ni, mucho menos, por los demás. Como concluye Antonio, “el que me entienda, que me entienda; el que no me entienda, que me respete, y el que no me respete……..mecagüen su puta madre”, porque soy un Mad Max psíquico. De paso os invito a visitar su web, sus perfiles en redes sociales, sus videocreaciones, ........ porque la próxima revolución no será violenta, será creativa.
Dirección: Terrorismo de Autor.  Guión: Terrorismo de Autor.  Edición: Terrorismo de Autor.  Fotografía: Antoine Forgeron. Intérpretes: Antonio Ruiz. Producción: Terrorismo de Autor.  País: España. Año: 2016. Duración: 40 min.