martes, 1 de noviembre de 2016

MARÍA (Y LOS DEMÁS), Nely Reguera, 2016

MARÍA (Y LOS DEMÁS) Nely Reguera, 2016


Frances Ha corre por Galicia.
El entrecomillado del título define a la perfección la relación que todos tienen con María, María es la persona imprescindible que nadie valora hasta que falta, a la que nadie consulta, a la que nadie toma en serio. La sustituta de una esposa, la hermana mayor que no lo es, la que sacrifica, aunque nadie se lo pida, su vida por esos demás; la que necesita asegurarse varias veces antes de salir de casa por si alguien va a precisar de su mano en la cocina, de recordar la hora de tomar las pastillas, de saber dónde se encuentra el papel que los demás buscan. Imaginar esta película sin la luminosa presencia de Bárbara Lennie se me antoja imposible, incluso se me hace complicado imaginar la existencia de la película misma sin su protagonista; porque, realmente, la película es todo por y para esta María, alrededor de quien todo el mundo gira pero a la que nadie valora realmente. Sin María esa familia estaría destrozada, pero estando María apenas nadie valora su presencia. En la sonrisa de María se oculta la frustración del desencanto, del olvido, de estar pero no ser para los demás. María lo da todo y apenas recibe, por eso tiene que imaginarse lo bueno de la vida para solventar los puñetazos morales que va recibiendo de todas partes.
La lástima que algún personaje destila por María no hace mella en ella, al menos no una mella inmediata. El aguante de María es superlativo, a sus 35 años continúa viviendo en la casa de su padre, no como hija sino como enfermera de un paciente que se recupera de un cáncer, y como sustituta de una madre que murió años atrás. La vida de María los últimos años ha girado del trabajo a casa y de casa al trabajo, ocupándose a tiempo completo de su padre mientras los hermanos se escudaban en la distancia para descargarse de responsabilidades. Hace falta temple para no estallar, hay que tener los nervios calmados para consentir en silencio que tu espacio sea ocupado de improviso y sin pedir opinión, hay que tener demasiada fuerza de voluntad para levantar cada mañana la cabeza después de que sólo recibes rechazo, hay que ser muy fuerte para enterarte de lo importante al mismo tiempo que los demás cuando tu has estado de continuo en el hogar.
Y escoger a Bárbara Lennie para este papel no deja de ser chocante. No ofrece su imagen el estereotipo de fracasada, no parece creíble que pueda encarnar de esta manera el tipo de mujer frágil rechazada por los hombres, a priori no la conseguiríamos ver en el cuerpo de una mujer con miedo a vivir por si misma escudándose en obligaciones que nadie le ha impuesto ni le ha pedido. Todo aquello en lo que interviene y quiere orientar en un sentido, termina resolviéndose en el sentido opuesto, sea su relación con los hermanos, con sus cuñadas, con la novia de su padre, con su amante, en el trabajo. Pese a ello, como el papel de Greta Gerwich en la película de Noah Baumbach, María supera cada desengaño afrontando el reto del día siguiente, una mirada limpia y hermosa como respuesta a cada revés, aunque esté empañada por unas lágrimas incipientes que no derramará en presencia de nadie. Aunque su momento de gloria sea a costa de una borrachera solitaria donde ha de imaginar la presentación triunfal de su primera novela para saldar cuentas con la novelista que la humilló en público, y demostrar a su familia que es algo más que una cara y un cuerpo dispuesto a ayudar, que encierra una valía personal que nadie comprende.
Rodada en un estilo limpio, centrado en el rostro de esta mujer, construyendo arquetipos de personajes a su alrededor que no se encuentran a la altura del principal, la película es muy menor, pero muy reveladora de este personaje femenino al borde del caos, que se sostiene gracias a un hilo invisible mediante la relación irrompible con un padre que sí conoce a la hija que tiene enfrente, sus anhelos, sus necesidades, sus afectos, sus vacíos, y a la que ha visto sacrificar tantas cosas por los demás aunque sea por miedo a retarse a sí misma que sólo puede pedirla que sonría. «Ay María, con tantas virtudes que tienes, y mírate, una pena» es una de las frases más crueles que puede decirse a una persona en su cara, son diálogos de la vida misma trufados de costumbrismo familiar, diálogos y momentos tan reconocibles del cine español menos interesante que, si no existiera María y la actriz que lo representa, apenas merecería comentario alguno. Pero es el personaje de María tan interesante, tan fotogénico, tan frágil, tan golpeado por fuerzas que deberían, también, cuidar de la joven, que en las breves semanas que asistimos al desmorone existencial del castillo protector que María se había construido, la película encierra una virtud que no muchas pueden ofrecer, un personaje de verdad, construido con unos cimientos vacunados contra la demolicion. Cuando María corre por las calles (Coruña) no huye, sino que libera sus pensamientos de fantasías morbosas e insanas, en la carrera, como Frances Ha, recupera las razones por las que es tan necesaria para los demás, aunque los demás no lo sepan, es una carrera en la que percibimos el baile, el de Greta Gerwich, el de Denis Lavant, el de Juliette Binoche. María descubre su valor, ahora sólo le queda descubrir su vida.
Título: María (y los demás). España. Productora: Frida Films, Avalon PC, Promo Allanda. Directora: Nely Reguera. Guión: Nely Reguera. Reparto:Bárbara Lennie, José Ángel Egido, Rocío León, Pablo Derqui, Vito Sanz, Julián Villagrán, María Vázquez, Aixa Villagrán, Marina Skell, Xulio Abonjo, Miguel De Lira. Duración: 90 minutos.