viernes, 21 de octubre de 2016

X500 (Juan Andrés Arango, 2016)





X500 (Juan Andrés Arango, 2016)

¡A los ricos todo les luce, a los pobres nada les luce!

Michoacán, México DF, Buenaventura, Montreal, Manila, ciudades sin conexión entre sí, el primer, el segundo y el tercer mundo en una misma película donde lo importante no es el país en el que se viva, sino el entorno, la clase social, el origen, la identidad propia y la violencia institucionalizada y tolerada por el poder político, muchas veces origen y beneficiario de ese mundo criminal. Miles de kilómetros separan a María, David y Alex, kilómetros físicos que también son kilómetros culturales respecto a sus mayores. María emprende un largo viaje a Montreal desde Manila para vivir con su abuela tras la muerte de su madre, David se marcha de su Michoacán natal tras morir su padre para buscar un futuro en la gran capital, Alex regresa a su ciudad amazónica para ayudar a su tía y cuidar de su hermano pequeño tras morir la madre. La muerte como una constante, la muerte como hecho natural, como respuesta biológica que sitúa a los jóvenes ante nuevas responsabilidades, nuevos horizontes, pero también ante nuevos peligros.


Las tres historias son autónomas, mostradas todas seguidas serían entendibles como tres mediometrajes ensamblados en función de la temática (algo parecido a lo que ha hecho Kelly Reichardt con su última película), pero Arango prefiere fragmentar su visión saltando de una a otra, no necesariamente siguiendo un orden sistemático, aunque sí temporal. No hay idas y venidas, ni se rebusca en el pasado, la sucesión de acontecimientos en cronológica, pero con evidentes aciertos en los fuera de campo resolutivos de determinadas situaciones que cambian definitivamente a los muchachos. El director colombiano se maneja muy bien en el submundo criminal que rodea a los dos personajes masculinos y es mucho más impreciso cuando el relato se torna más íntimo en la historia canadiense. Es el episodio entre abuela y nieta el que resta excelencia a la película porque es el menos comprensible, el menos desarrollado, el más conservador fílmicamente, donde se exige al espectador admitir lo que se ofrece como algo lógico y donde las deudas emocionales que la nieta pretende cobrarse de la abuela se transforman en un cliché para justificar un final.


Porqué la película es tan densa, tan oscura, tan bellamente fotografiada en los episodios colombiano y mexicano, y tan previsible, tan domesticada, tan impostada, en el episodio canadiense no tiene respuesta. Frente al esquemático personaje de María, los de Alex, que parte de la ingenuidad de creer que podrá conseguir un motor para pescar sin tener que pagar un precio que le ata para siempre a la mafia local, y el de David, quien a su llegada a México DF tiene que luchar con su atracción por el punk y un compañero de trabajo y la fidelidad que le exige su primo a la banda criminal del barrio, obligándole a pertenecer a ella; se dibujan con tiralíneas, con una precisión espléndida , en una escalada de violencia que les va cercando sin posibilidad de desentenderse; apenas media docena de escenas en cada segmento que presentan perfectamente el origen, el desarrollo, las preguntas y las respuestas a todo lo que vemos, sin ninguna necesidad de ser explicativo, ni de proporcionar coartadas morales. Cada personaje será situado en la opción de escapar, pero cuanto más se tarde en hacerlo peores serán las consecuencias.


En definitiva, el viaje de David, Alex y María es un viaje de vuelta, un retorno, con paradas intermedias, alguna muy dolorosa, a su lugar de origen. En esa maraña que va enredando a todos los personajes, o en la que se dejan enredar, como es el caso del personaje femenino, la respuesta de todos ellos les sitúa en la necesidad de ser violentos para poder escapar, por lo menos una escapatoria provisional en la que, tus propios sicarios, pueden ser los que te disparen en la siguiente encrucijada. Si la cabeza de David es un imposible bosque de púas de colores que dialoga con la decoración fúnebre del cementerio donde está enterrado su padre, la conexión lógica es la de pensar que tu destino es la muerte, antes o después, un destino del que no vas a poder escapar. O cuando el escarabajo esmeralda que has traído de tu país muere, pese a los cuidados y mimos, tomas conciencia de que, por muy bueno que sea el colegio, muy cómoda la casa y muy confortable la vida que te espera en Canadá, nunca dejarás de ser una extranjera, nunca podrás abandonar el mundo de pandilleros filipinos y tu futuro será más seguro en las calles de Manila, donde eres una más, que entre las diferencias notables producto de la inmigración, al menos en tu hábitat te reconoces.


El plano final en el que Alex devuelve a su hermano al lugar de la seguridad familiar, mientras él ingresa, definitivamente, en un mundo donde la ley la marca la posesión de armas y la falta de escrúpulos, además de la belleza estética (como el plano fluvial donde la cámara se aleja simultáneamente a la canoa, en un avance de lo que es un viaje sin retorno) de su concepción con dos mundos que se dan la espalda, encierra una despedida llena de desesperanza, porque Alex ha tenido que optar por convertirse en un criminal para salvar lo poco que queda con posibildades de vivir al margen de ese mundo. La desesperanza como epitafio, la misma desesperanza que encierran los regresos de todos ellos, encadenados a un mundo del que resulta imposible desligarse; es el mundo que vivieron sus padres, sus abuelos. Un mundo que pervierte desde la infancia para mostrar como juego el más salvaje de los comportamientos. La película es un largo círculo que comienza descendiendo para terminar remontando la misma pendiente, los personajes no son los mismos antes que después, pero su futuro sigue pintando igual de negro.

X500. Director. Juan Andrés Arango. 2016. Guión: Juan Andrés Arango. Compañías productoras: Périphéria Films, Séptima Films, Machete. Intérpretes: Yonatan Diaz Angulo, Jembie Almazan, Bernardo García Cruz. Dirección de Fotografía: Nicolás Caneccioni. Compañías productoras: Piedra Alada Producciones, MPM producciones, Autentika film, Séptima Films. País: Canadá, Colombia, México. Duración: 108 minutos