miércoles, 12 de octubre de 2016

76 MINUTES AND 15 SECONDS WITH ABBAS KIAROSTAMI (Seifollah Samadian, 2016)

76 MINUTES AND 15 SECONDS WITH ABBAS KIAROSTAMI (Seifollah Samadian, 2016)
Emoción, respeto, genialidad, orgullo, humildad, un retrato nada enfático y, sin embargo, humanista y profesional del que, no me cabe duda, es la figura referencial del cine iraní moderno, Abbas Kiarostami. Guionista, editor, fotógrafo, director de fotografía, director de cine, productor, Seifollah Samadian es un artista de tantos como pueblan la vida cultural iraní, una sociedad viva y dinámica pese al férreo control dictatorial religioso, un país volcado con la cultura pese a sus enormes carencias de libertades, un país capaz de despedir a un director de cine en su entierro como lo que es, una gloria nacional. Un país mítico como Irán, que, en el mundo del cine, es una presencia  permanente en todos los festivales, mal que pese a un sector de la crítica y mal que pese a un sector de los espectadores que se niegan sistemáticamente a aceptar el riesgo de sumergirse en culturas antagónicas a las nuestras, hecho que ha eliminado, de raíz, la posibilidad de estrenos comerciales en las salas de un tipo de cine que, cada vez, se echa más de menos. Samadian, colaborador ocasional de Kiarostami, construye la obra a partir de recuerdos, de retazos, de momentos que juegan como pinceladas impresionistas en la construcción, o mejor dicho, en la presentación de un personaje muy dificil de olvidar para el cinéfilo.

Samadian podría haber decidido hacer un relato hagiográfico del director, tras su muerte podían haberse recogido declaraciones de otros directores, de sus actores, de políticos, se podría haber abierto el abanico a las opiniones laudatorias de otros compañeros de profesión occidentales, y ni mucho menos «76 minutes, 15 seconds» opta por esa vía, de hecho la veta, la excluye, la ignora. La película opta por la de la recogida de imágenes a lo largo de muchos años de coincidencia profesional, y se imagina uno que también personal, entre ambos. Un relato que avanza como fluyen las películas de Kiarostami, sin estridencias, al ritmo lento que exige esperar la imagen perfecta, el árbol luminoso, el perro receloso, la actriz reencontrada, el rayo de luz de intensidad esperada para el ojo que imagina el reflejo preciso del momento ansiado. En el horizonte de la película siempre sobrevuela el recuerdo de «A través de los olivos», como no puede estar ausente el recuerdo y admiración de Kiarostami por Ozu. La película destila sentimientos y nada encontrados, porque viendo trabajar a Kiarostami uno siente la misma emoción, la misma corriente eléctrica que disfrutando de sus películas. Da lo mismo si es haciendo fotografías, montando una película, creando el sonido de otra, diseñando una instalación o hablando con estudiantes de la facultad de cine de Teherán, el director no actúa ni se siente incómodo por la cámara que le filma o le retrata mientras él crea, al mismo tiempo, sus imágenes. Es la humildad y la humanidad de un hombre muy grande que se antoja sencillo en sus comportamientos y en su importancia cultural, un director que ayuda a otros y escucha a los demás, que no impone sino que convence con sus ideas, que provoca el rapto de genialidad en otros para encontrar el plano y la escena perfecta.


La película se va estructurando en pequeños pasajes, miniaturas que se ensamblan para mostrar el proceso creativo, la captura de un paisaje nevado para crear una serie fotográfica donde predomina  la textura de los objetos recubiertos que crean formas geométricas perfectas inalcanzables sin el objetivo de una Leica y el blanco y negro, o como se crea una de las largas tomas de homenaje a Ozu en la película «Five», en concreto la de los patos en la playa, o la devoción que siente Kiarostami por los poetas iraníes que le lleva, en uno de esos largos vuelos intercontinentales a pasar, de leer un libro de poesía, a crear su propio poema en las páginas en blanco finales del volumen que, rápidamente, a la llegada a destino, es transcrito en un ordenador que guarda el momento de inspiración para que «el capítulo del amor no se pierda», admirar cómo surge la idea de un bosque ficticio mediante tubos de PVC recubiertos por falsa corteza para una instalación artística, a partir de la combinación de cigarrillos puestos en pie y el cambio de perspectiva simplemente por seguir la sombra que proyectan sobre la superficie que los sostiene, instalación que, en una transición muy conseguida, nos sitúa en un parque de Teherán, a la sombra de verdaderos árboles, donde Kiarostami muestra las debilidades de los trabajos que los alumnos han realizado en su curso de cinematografía y su necesidad de buscar la esencia, extraer lo esencial de lo que se quiere contar y eliminar el resto, aquello que se escribió en 400 palabras, si puede quedar reducido a 250 sin sufrir, debe ser comprimido.

El viaje constituye la esencia en el cine de Kiarostami y en el retrato que nos ofrece Samadian, el viaje por el paisaje nevado, la búsqueda de localizaciones para «Desert station» donde el director realizó el guión, el viaje al mar, el viaje por Italia preparando el rodaje de «Copie conforme» que, a la vez, sirve a Kiarostami para crear su serie fotográfica de paisajes lluviosos tomados desde el interior del vehículo y mostrando la textura de las gotas de agua pegadas al parabrisas del vehículo, el viaje con Juliette Binoche en el que ésta simula leer, hablar y entender el farsi, o cuando en uno de esos desplazamientos por el país pasa por el pueblo en el que sigue viviendo Tahere Lamadian, la protagonista de «A través de los olivos» y va a su encuentro para mantener una breve charla. Una vida en movimiento perfectamente compatible con la captación del momento, de la belleza de un rostro, de un árbol solitario brillante por la luz del sol, de un tren abandonado en medio de la nada. Ha sido Kiarostami uno de los grandes, y su cine ahí está para siempre, esta película nos acerca a su arte creador, a su capacidad para crear espacios y entender su forma de buscar la imagen precisa. Si asistimos a la creación de la últma escena del guión que hizo para Panahi en «Crimson gold» o al momento de lucidez de Massud Kimiai asistido por Kiarostami después de decirle «tu estás nervioso por tu primera película y yo por la última», para aprovechar la lluvia que, inesperada y furiosamente, cae sobre el rodaje, nada puede ser más emocionante que observar a Kiarostami con su amigo Samadian recrear, entre ellos dos, la última escena de «A través de los olivos», sin Tahere, es verdad, pero yendo al lugar de aquel largo plano en el que no llegábamos a escuchar lo que el joven le decía a la mujer y lo que ésta respondía, un lugar que ha cambiado, pero en el que Kiarostami echa a correr colina abajo gritando el nombre de Tahere.


Un bellísimo homenaje ajeno a las modas, un homenaje  sin querer sustituir ni sobrepasar el trabajo del homenajeado, sin largos parlamentos explicativos ni monocordes halagos más o menos sentidos, más o menos reales. No necesitamos saber lo que los demás piensan del director fallecido este año, necesitamos ampliar el horizonte de su creación viéndole trabajar. Muchos tratados explicarán la pintura de Antonio López, pero ninguno alcanzará la profundidad y emoción de la película que hizo Erice, otro tanto puede decirse de este documental a base de grabaciones tomadas a lo largo de mucho tiempo, un documental en el que acompañamos a Kiarostami con su cámara, de video o fotos, y sus gafas oscuras permanentes, un viaje para capturar imágenes donde el objetivo no duda en mantener duelos frente a frente con quien le retrata, una experiencia muy gratificante para mantener vivo el recuerdo de Abbas, un homenaje a su obra y su capacidad de crear sin necesidad de contarnos una vida.



Título: 76 minutes and 15 seconds. Irán. Productora: Tassvir Film Center. Aparecen: Abbas Kiarostami, Juliette Binoche, Massoud Kimiai, Jafar Panahi, Ali Reza Raiesian, Tahereh Ladanian, Hamideh Razavi. Director-guionista-productor-director de fotografía: Seifollah Samadian. Productor ejecutivo: Sahand Samadian. Duración: 76 minutos y 15 segundos. Presentación: Festival de Venecia 2016.