jueves, 22 de septiembre de 2016

THREE (Saam yan hang, Johnnie To, 2016)






THREE (Saam yan hang, Johnnie To, 2016)



“Si salvas al ladrón matas al policía”. Película número 68 del director hongkonés que discurre por las plácidas conveniencias del cine de género y en  la que, sorprendentemente, hasta transcurrida la primera hora de película (dura 85 minutos) no se ha producido ningún hecho violento notable. El que da lugar al desarrollo de la acción ha tenido lugar antes de iniciarse la película en un bien inducido fuera de campo, y es el desencadenante del encierro hospitalario de todos los protagonistas. Es en su culminación cuando la película muta brutal y espectacular en sus últimos 20 minutos con una escena de coreografía violenta magistral, llena de tensión, ritmo y eficacia, y en la que se demuestra cómo el uso de la cámara lenta, en ocasiones, puede producir un efecto frenético que el movimiento real diluiría en una mera ensalada de tiros.


Los nombres de Lam, To, Milkyway, Media Asia………anuncian el producto que vamos a ver, no hay dudas acerca de que vamos a estar en la enésima recreación del juego policías-mafiosos, aunque el giro argumental de encerrar a todos ellos en un espacio neutro como puede ser un hospital, y en concreto, la planta de neurocirugía, añade, a la habitual tensión provocada por traiciones, abusos y sus consecuencias, la presencia de espectadores ajenos a lo que se resuelve, testigos y, a la vez, víctimas involuntarias, que incorporan los elementos de humor y de tensión añadidos a la confrontación entre el detective y su equipo y un inteligente rival, herido por un disparo en la cabeza nada fortuito, experto en filosofía, psicología y sociología, ilustrado en leyes, y que se niega a ser operado de esa bala alojada en su cerebro a la espera de la llegada de su equipo de rescate.





No hay más ni hay menos en el cine de To, pero pocos alcanzan su virtuosismo. Del mismo modo que quien escoge ver una película de To sabe a lo que puede aspirar y lo que se le va a ofrecer, recomendar su visión a un espectador no amante de los géneros puede resultar arriesgado. No estamos ante una de las grandes películas de To, pero si ante una película en la que la sola visión del desenlace justifica el tiempo empleado. Imaginar el diseño de esa larga escena, el respeto de las marcas de cada uno de los alrededor de 50 actores que intervienen en la misma, los diferentes ángulos de visión, el desplazamiento de cámara y figurantes, el efecto sonoro del seco impacto de una bala en cada cuerpo, proporcionan un resultado visual sobresaliente que mitiga el lánguido recorrido precedente y elevan el producto. Pocas veces una escena justifica toda una película, escena que estando al final deja un mejor sabor de boca (mutatis mutandis es el efecto contrario a “Salvar al soldado Ryan”, que colocando el máximo de alarde y tensión al inicio, el resto no puede soportar la comparación).





Policía, médico y ladrón tienen un objetivo diferente, el policía conseguir alguna prueba que permita justificar el disparo que el ladrón recibe de un agente en el momento de la detención o, en su caso, provocar alguna reacción en el ladrón que justifique su asesinato “legal” para salvar al equipo, la médico que el herido consienta ser operado de ese cuerpo extraño alojado milagrosamente en su cabeza y que, de no ser extraído, provocará consecuencias irreversibles en el paciente, y para el ladrón hay que resistir hasta las 18,30, momento en que ha anunciado que será rescatado y liberado por su banda. Cada uno de los intervinientes irá desgranando sus estrategias para conseguir lo querido, incluso con alianzas temporales por parejas de lo más incompatibles, todo ello para justificar, y de qué manera, una de las resoluciones más espectaculares de una película de género vista en los últimos meses (ríanse ustedes del estilo Tarantino, para qué acudir a la copia teniendo el original a mano).



¿Cuánto hace que no se estrena comercialmente una película de Johnnie To en España? Ni la memoria alcanza para tanto, es posible que fuera Election, y que Election 2 y Mad Cop fueran directamente al mercado del DVD, que To haya rodado un musical o una comedia romántica ha pasado desapercibido, que un thriller poderoso como Drug War haya sido ignorado ya no es noticia. Como To, el resto de directores hongkoneses ha sido silenciado desde siempre, pero el cine de acción no abandona nuestras carteleras copado por el amigo americano. No está de más asomarse a cinematografías como la de Hong Kong o la de Corea del Sur para apreciar el resultado más que bien hecho de su cine comercial, en el que no faltan detalles de calidad técnica e interpretativa. Cuando el cine se monta como industria que obliga a crear año tras año, o más de una vez al año, el resultado tiene que resentirse en más de una ocasión, pero su diseño es impecable. Lástima que no veamos las calles ni la bahía de Hong Kong, pero la película se desarrolla en un lugar cerrado y acosado en el que alguna referencia política se escapa en alusión al vecino gigante que espera la anexión completa del territorio en 2046, ese hospital que en su reducido espacio vive en armonía hasta que llega el elemento externo desestabilizador, ya lo dice To en su película, “¿es que se ha acabado la libertad de prensa ya en Hong Kong?”.