martes, 27 de septiembre de 2016

SÎPO PHANTASMA (Koldo Almandoz, 2016)

 SÎPO PHANTASMA (Koldo Almendoz, 2016)

Una suerte de ondas electromagnéticas parecidas a olas, un código morse que  va desgranando sus sonidos mientras los subtítulos nos traducen, es una señal de S.O.S., «el “Victoria” se está hundiendo frente a las costas de Dieppe», y, a continuación, las ondas se van transformando en un espacio líquido por el que la cámara va descendiendo invitándonos al naufragio, al hundimiento, a la muerte, y, conforme al espíritu de la película, a transformarnos en fantasmas. Así empieza, de manera sugerente, la experiencia sensorial del film, un viaje por el tiempo y por el espacio, un viaje a ratos subyugante y otros inconexo, como si faltara un último retoque para conseguir que las imágenes guarden todas ellas relación con lo que se quiere contar, o quizás es que se abren demasiadas puertas para que todas encajen en sus respectivos marcos.

Estructurada a lo largo de nueve capítulos y un epílogo, lo que parece ser un recorrido por la historia de la navegación crucerística a través de un barco contemporáneo como referencia presenta, se mezcla con el viaje del “Deméter”, el barco en el que Bram Stoker sitúa parte de la acción de “Drácula” en su viaje hacia Inglaterra, usando, de manera muy atractiva, escenas de la mítica “Nosferatu” de Murnau. Así, en el cruce de imágenes, las reales, con su tripulación inmaculada y su pasaje mimético de selfies, tumbonas y actividades ridículas en alta mar, las de la memoria con el recuerdo de la película y la recreación de la historia de amor entre Oscar Wilde y Florance Balcombe, y posteriormente de ésta con Bram Stoker, y las que sirven para enlazar la novela con la película y con el barco, que a la vez se transforma en su propio fantasma, se produce cierta desconexión que no termina de conseguir integrar plenamente el pasado con el presente, un presente que da paso a la ficción mediante la introducción de una misteriosa pasajera con permanentes gafas de sol que se pasea, solitaria, por las cubiertas, ajena a las actividades programadas del viaje, un presente marcado por el pasado de ese mismo personaje, que tenemos que adivinar o imaginar, pero que la ha transformado en otra no muerta.

La experiencia de la singladura transita, por lo tanto, desde el más puro estilo documental a la experimentación más radical de la mezcla de ficción y no ficción (por ejemplo el capítulo 9, “Los no muertos”) o la simple experimentación visual jugando con imágenes superpuestas de la película Nosferatu para explicar el descubrimiento primigenio del color en el cine, cuando era imposible rodar de noche (el capítulo 8, “Azul, amarillo, rosa”, en el que se explica cómo Murnau concibió el azul para las escenas nocturnas, el amarillo para los días dorados y el rosa para el amanecer) ofreciéndonos simultáneamente las tres posibilidades de la película con diferentes escenas y diferentes colores. Quizás ese intento por contar tanto, abrir tantas vías de expresión, sea lo que puede afectar al resultado completo de la película. Hay pasajes donde se consigue de manera plena el reflejo de la fantasmagoría del buque, de sus ocupantes, de las inmensas instalaciones mecánicas ocultas al ojo del pasajero, más preocupado en pensar que se divierte que en contemplar la inmensidad de un océano lleno de buques naufragados, pero en otros la relación desfallece a la espera de un nuevo momento inspirado.

Aunque en ese volumen de información el elemento que atraviesa la película de principio a fín, el que absorbe el armazón narrativo y deja el resto de elementos como añadidos, como meras transiciones aparentemente inconexas es el eje Stoker-Drácula-Murnau. El buque fantasma se transforma en un navío para el homenaje y el recuerdo a dos creadores que no se conocieron pero del que el último tomó una novela para construir una de las obras cumbres de la historia del cine. Un personaje repudiado por la viuda de Stoker, superviviente ella misma de una de esas tragedias marítimas de cuando el trasatlántico era símbolo de lujo, de alta sociedad, de recreo exclusivo para las élites económicas mundiales, un pasatiempo que nació en 1837 muy alejado de la travesía mortal que relatan los diarios del Deméter. Es la esencia de Drácula la que absorbe la energía de la pantalla, la que reconduce todas las imágenes de manera inconsciente al referente sobrenatural. Una historia atractiva que sufre decaimientos, como los que provocan la repetición de las mismas imágenes (el efecto subyugante del inicio produce monotonía cuando se repite nuevamente más adelante, como volver a ver en varias ocasiones el momento del fín de los últimos tripulantes de la nave recreada por Murnau).

Sin abandonar el toque misterioso e irreal, la película se desliza hacia el relato del hecho histórico, hacia el seguimiento de una película que se ordenó destruir al quebrar la productora y no pagar los derechos de autor prometidos a la viuda, una película que pudo salvarse gracias al mar, a los barcos que jalonan la historia, los mismos barcos que se convierten, en medio de las tormentas, en ataúdes improvisados para su tripulación y pasaje. El mar como distancia a través del cuál se remiten copias, antes de la destrucción, a EEUU y Canadá, donde «Nosferatu» siguió circulando y manteniendo material que permitió su recuperación. No deja de ser irónico que, como se ha visto en muchas películas, al vampiro haya de cortársele la cabeza para eliminarle definitivamente, y al cadáver de Murnau se le cortara la cabeza, que desapareció, en su panteón de Stanhedorf. Como el Lyuba Orlova, Sîpo Phantasma navega en una doble realidad, la que vemos y el mundo paralelo de sus fantasmas y sus vampiros que rehúyen el sol. Atractiva pero con altibajos, sugerente propuesta con diversos y diferentes lenguajes en su composición, recomendable, sobre todo para los amantes del cine, para los amantes de la mar, para los amantes de los vampiros. Una historia de tiempos cruzados donde la imagen y la palabra se confunden.


FICHA ARTISTICA: Florence Balcombe: MAIDER INTXAUSPE. Teatro de Papel: ITSASO AZKARATE y KARLOS ODRIOZOLA
FICHA TECNICA: Dirección y guión: KOLDO ALMANDOZ. Producción: MARIAN FERNANDEZ. Cámaras: JAVIER AGIRRE ERAUSO / KOLDO ALMANDOZ. Montaje: LAURENT DUFRECHE.Diseño de Sonido: LAURENT DUFRECHE / HAIMAR OLASKOAGA. Fx: ANGEL ALDARONDO.67 Min / Color / V. CASTELLANO / DCP / 1:1,85 / STEREO

TRAILER SÎPO PHANTASMA