lunes, 22 de agosto de 2016

VERGINE GIURATA (Laura Bispuri, 2015)




VERGINE GIURATA (Laura Bispuri, 2015)

Tres pastores forcejean con un macho cabrío. Tozudo, inamovible, hincado de patas al suelo, el animal se resiste a ser movido y conducido por donde no quiere. Tres personas no son suficientes para torcer su voluntad. Es el único momento de relajación y de alegría que se refleja en el rostro de uno de los tres pastores al que vamos a seguir los días siguientes en el duro invierno, risas que se transforman en mirada melancólica después de que el animal escape ladera arriba, la huida como metáfora de quien no puede ser como quiere. Soledad, silencio, hastío, insatisfacción, desprende el rostro de ese personaje a quien la cabra ha mostrado el camino, huir, marcharse, evadirse de ese lugar en el que no puede ser quien quiere ser. Rápidamente la historia elimina la duda acerca de si nos encontramos, o no, ante un problema de identidad sexual. Sabemos que Alba Rohrwacher es mujer y su estética andrógina y su nombre de Mark nos sumerge en la duda de quién es este personaje y qué quiere ser. La terquedad del animal es la de Hana, llamada Mark durante mucho del metraje de la película, aunque para Hana ha sido diferente porque para ser como quiere ser ha tenido que renunciar a lo más básico, a ser mujer. A diferencia de la cabra, los hombres son más tozudos que el animal, más persistentes en mantener tradiciones, en sojuzgar pueblos y semejantes. En la frontera de un territorio indefinido de Albania, Hana sólo aspira a ser la persona libre que desea, enamorarse de quien quiera, cazar, correr, cortar leña, divertirse, no tener que pedir permiso a un hombre cada vez que quiera hacer algo. Olvidarse de las reglas de la comunidad es una provocación para ésta y un riesgo para su propia existencia. 


La ley del Kanun implica que la mujer que quiera ser libre debe renunciar a su condición y mostrarse públicamente como hombre, vestir como hombre, adquirir la condición legal de hombre, actuar como se supone que lo hace un hombre y abandonar la idea de comportarse igual como mujer. Sólo así la comunidad acepta que una mujer opine, piense, actúe, dejando de ser públicamente lo que es. Todo lo demás conduce al castigo, la violencia y, en caso extremo, la muerte de la mujer rebelde. La fuerza del conjunto se impone a la voluntad o pensamiento individual de las familias. Muchos saben que esas tradiciones conducen a las mujeres de la zona a un estado de permanente desintegración personal, a una vida vegetativa llena de represión, de frustración, o, en su caso, a las más arriesgadas a huir de sus casas y buscar rehacer su vida en otros lugares o países. Para Mark la huida no es posible, no al menos mientras vivan sus padres adoptivos, aquellos que la acogieron tras la desaparición de su familia. Ya huyó su hermana adoptiva Lila para no casarse obligada, así que a ella no le cabe sino aceptar resignadamente, el tiempo que sea, su papel de hombre para hacer asumible la vida familiar, esperar el momento, resignarse para vivir después, o , al menos, intentarlo.



Libertad, de su falta, y de lo difícil que es recuperarla trata la película, con todas las variantes y ramificaciones que se quieran, la renuncia a la propia condición, la imposibilidad de conocer el sexo compartido, la vergüenza de enfrentarse al propio cuerpo, mantener una identidad frente a los demás que no corresponde con la que una siente en su interior, con la sola ayuda y complicidad de la hermana “postiza” y su marido, que acogen, albergan, cuidan y ayudan en la liberación a Mark para que vuelva a ser Hana en un mundo diferente, un mundo que no siempre será favorable, en el que la propia mujer sentirá rechazo, extrañamiento, miedo ante lo novedoso, incluso la duda de quien la recibe sobre si esa mujer viene para ser mujer o mantener la apariencia de hombre. Fuera de ese valle bellísimo pero que, como las montañas que le rodean, aísla a las personas tanto física como mentalmente, Hana poco a poco empieza a sentir la imperiosa necesidad de cambiar. Sin cambios radicales, sin metamorfosis nocturnas. Un simple escaparate de ropa interior de una ciudad italiana (es Bolzano, aunque no lo sepamos, el rico norte de Italia frente a la depauperada Albania, la opulencia frente a la escasez, la libertad de comportamiento frente a la castración comunal) abre los ojos a la joven mujer encerrada en un aspecto físico de hombre y le muestra el cuerpo que ella tiene pero que se ha obligado a esconder durante años.



Pequeños gestos diarios ayudan a recuperar la feminidad dormida, forzadamente renunciada, un secador de pelo, un lápiz de ojos, un sujetador, soltar el lienzo que oprime y reduce el volumen de los pechos para ocultar lo que se es frente a los demás. La piscina en la que entrena la hija de Lila es el reclamo de lo femenino, la plasticidad de los cuerpos y el ejercicio físico sin renunciar a una condición indiscutible. La piscina muestra los cuerpos, los de las atletas y los de quienes van a nadar como pasatiempo. Hombres y mujeres juntos, realizando la misma actividad, solos o en grupo, cuerpos tatuados, con piercings, pelo largo o rapado, con  rastas o no, teñidos de múltiples colores, bañadores anodinos o verdaderos reclamos publicitarios mostrando cuerpos perfectos. Para Hana el espacio de la piscina se convierte en un paraíso de libertad donde nadie reprime al otro y cada uno se muestra como es, un lugar de libertad donde aprender mirando aquello que olvidó, o trató de olvidar pero permanece presente causando dolor.



Con un tono intimista e imágenes centradas en planos cortos sobre el rostro de la protagonista, o su espalda y su cabeza apesadumbrada, muy nocturna en su tramo inicial, como si Mark no quisiera mostrarse a plena luz del día y buscara el refugio de las sombras, de los espacios poco iluminados, de los contraluces, en habitaciones donde sólo penetra la luz de la luna; el plano se amplía y la luz y el color animan algo más lo que vemos conforme el personaje va rompiendo sus cadenas mentales y sociales y se atreve a asumir su verdadera condición, la que su cuerpo y sus deseos necesita, aunque para ello sufra el efecto perverso de verse cuestionada en el domicilio de acogida porque, pese a su disfraz de hombre, ya nadie cree en su condición masculina. Nada más alegre y prometedor que terminar cantando con su hermanastra, otra actividad que ninguna de las dos podía hacer en Albania sin permiso masculino. Una última alegría para dar inicio a una nueva historia, la que no vamos a ver, aquélla donde dejamos al personaje de Hana como tal pero, al menos, con el panorama despejado para saber quién es y sobre todo, quién va a poder ser a partir de ese momento. Prometedor debut de la directora italiana con historia basada en la novela de la escritora albanesa Elvira Dones, donde por encima de todo destaca la interpretación de Alba Rohrwacher, un papel de pocas palabras y mucha interpretación, un ser andrógino a la fuerza que encorva la espalda para ocultar lo que los demás se niegan a ver, que es una mujer y que lo va a ser.



Vergine giurata. Italia, Albania , Suiza, Alemania, Kosovo. 2015. duración: 93'. directora: Laura Bispuri. Guión:  Laura Bispuri, Francesca Manieri. Fotografía: Vladan Radovic. Productoras: Vivo Film / Colorado Film Production / Rai Cinema / Bord Cadre Films / Match Factory Productions / Era Film. Intérpretes: Alba Rohrwacher, Flonja Kodheli, Lars Eidinger, Luan Jaha, Bruno Shllaku. Festival de Berlín 2015.