jueves, 4 de agosto de 2016

OCHO Y MEDIO (8 1/2, OTTO E MEZZO, Federico Fellini, 1963)

OCHO Y MEDIO (8 1/2, Federico Fellini, 1963)

Los mitos son consustanciales a las artes modernas, como a los espectáculos, y el cine es proclive a la mitificación, en ocasiones injustificada, en otras engrandecida, pero también las hay con sentido. El cine de Fellini es muy propicio para la mitificación, más allá de gustos, un innumerable catálogo de secuencias de sus películas están grabadas a fuego en el recuerdo del cinéfilo, el Sordi del Jeque blanco, la Massina de Giulietta de los espíritus, la candidez de la misma actriz en La Strada, el baño en la Fontana de Trevi de La dolce vita, la estanquera de Amarcord………y qué decir de todas las que se pueden extraer de 8 ½ , entre las que la más icónica puede ser la caída de gafas de Mastroianni en el balneario Grand Hotel (cuya silueta resulta sospechosamente parecida a la de Anderson para su película del mismo título).


1.- GUIDO ANSELMI. Guido “il regista” de la película inexistente, sueña con ser libre, con parecerse a lo que quisiera ser en vez de ser como es, sin que nadie le reproche su falta de sinceridad, sus incoherencias. Que nadie le recuerde sus obligaciones. Encerrado en un coche y detenido en un inmenso atasco, se asfixia por falta de libertad. Ante innumerables pares de ojos que miran pero no ven, su única solución es volar, dar rienda suelta a su espíritu sobrevolando todas aquellas cosas que le limitan, perderse en la inmensidad del cielo y alejarse de un mundo que se le antoja castrador y que le exige, una y otra vez, mantener un nivel de creatividad que cree agotado. Lo que Guido no puede deshacer es el nudo que le mantiene unido a la realidad, por más que vuele, siempre habrá una soga que le retenga e impida su ascenso a la estratosfera. Son muchos los sicarios y uno el explotador, “il comendatore”, el productor de sus películas no le va a dejar marchar así como así, los millones de liras invertidos no son para derrocharlos sino para conseguir una rentabilidad tangible aun a costa de mantener engañados a público y prensa. Guido quisiera ahorcar al guionista pero al final tendrá que contentarse con abandonar la escena en su compañía soportando un mensaje ideológico sobre la esencia del arte y la banalidad del cine.


2.- CLAUDIA. Es la musa deseada, el ser que se mueve como si no tocara el suelo, en una especie de movimiento de ballet ligero que traslada el cuerpo de puntillas, con suavidad, iluminada como si fuera ella misma la que desprendiera luz a todo lo que la rodea. Claudia Cardinale juega el papel de la mujer inalcanzable que, para los deseos de Guido, supone la posibilidad de empezar nuevamente, de rehacerse bajo el ideal de la mujer perfecta, aquélla que ofrece la copa de agua milagrosa para la salvación de un alma perdida, aunque la realidad sea que el vaso lo ofrece una enfermera sudorosa y cansada de repetir un gesto mecánico día tras día. Las apariciones de Claudia borran el espectro de la frustración, del abatimiento, pero son apariciones falsas, ensoñaciones de la mente del artista imaginando ser cuidado, mimado, querido, por la idealización de una figura femenina, una más, de las que ha ido coleccionando en vida. ¿Por qué Claudia va a ser diferente a todas las demás? Sólo porque no ha sido coinseguida, de ahí que cuando finalmente aparezca realmente, en ese viaje apresurado al manantial, la candidez, la alegría, el deseo de la joven terminará haciendo despertar a Guido, consciente de que todo lo imaginado no dejaba de ser un castillo en el aire. Por eso quedará sumido en la sombra, sabedor de que el problema no es quién le quiera ni porqué, sino que el problema es él mismo, su incapacidad de centrarse en una única persona e idealizar sus relaciones hasta que fracasan.



3.- BLOQUEO. La mente del artista entra en estado de shock, el balneario es una excusa, buscar una razón física o espiritual a su paralización creativa cuando el problema está en el interior del director. El guión inexistente es el vacío de una vida, pretendiendo contar la verdadera historia del director infiel e impostor, un maestro del engaño, de la media verdad, de la simulación, su indecisión, justificada en causas diversas, realmente ese bloqueo procede de su comportamiento, del agotamiento de mantener un engaño constante; una doble, triple vida, abierta a nuevas experiencias que son repeticiones con variación del elemento femenino, siempre ensoñaciones  en las que mantener su espíritu de seductor inagotable cuando su rostro refleja el cansancio anticipado, la arruga prematura, el encanecimiento absoluto producto del paso del tiempo y de la presión añadida de mantener un equilibrio imposible entre deseo y realidad, querer que todo se acumule y permanezca a su alrededor sin perder nada en el camino.



4.- LUISA. En la célebre escena donde Guido aparece entre la nieve en la casa del recuerdo de su infancia y allí esperan todas las mujeres amadas, soñadas, pasadas, futuras y futuribles, todas, menos una, representan el sexo, el deseo, la atracción por un cuerpo más joven. En esta escena Luisa (Anouk Aimée) aparece dibujada como una “mamma”, encantada de tener un marido con tanto éxito entre las mujeres, entregada a cuidarlo como si fuera más un hijo que un marido. En el fondo, Luisa representa para Guido la continuación de esa madre ausente, la que se avergonzaba de las correrías de un niño en un colegio religioso o la que echaba en falta la presencia de su hijo en su vejez, Luisa se convierte en el seguro contra la soledad que su comportamiento está provocando. Más cariño y costumbre que amor, la presencia de Luisa relaja a Guido, es un soporte psicológico y una seguridad, aun a costa de repetir el engaño y la mentira. El reencuentro de ambos en el balneario se trunca rápidamente, pasando de lo que parece una normal relación de pareja a la constatación de una ruptura justificada. Por eso Guido se desespera comprobando lo que está a punto de perder por su propia culpa sin recambio posible, porque la confianza e intimidad con Luisa no la va a conseguir con nadie más, por más joven y entregada que pueda ser esa nueva persona. Guido usa el látigo de domador contra todas las mujeres, excepto una, Luisa, eso es lo que él querría, una amante esposa que no pregunte y no  cuestione, que cuide no sólo del marido, sino también de sus amantes. 




5.- GRAN HOTEL. Días inacabables y noches eternas, en los pasillos del Gran Hotel se reúne toda la fauna que necesita de un zoológico propio para relacionarse entre sí. El esperpento de los huéspedes que viven en un mundo aparte, toman las aguas a ritmo de Wagner mientras las colas que se aproximan a las enfermeras recuerdan las de comulgantes a punto de recibir el perdón de sus pecados. A esa confusión ayuda la permanente presencia de sacerdotes y monjas alrededor de los residentes, porque en el recuerdo de Guido pesa mucho la educación recibida con la amenaza del pecado y el castigo eterno. Si el deseo de Guido es encontrar una Saraghina en cada estancia, una mujer libre y sin temor a pecado alguno, su mente le recuerda que, tras esta vida puede llegar el momento de rendir cuentas y el catálogo de sus faltas va a ser inmenso. El Gran Hotel es una hoguera de vanidades donde lo real y lo ensoñado se mezclan, donde una habitación se puede convertir en estudio cinematográfico y una cama en un catálogo de actrices a escoger. Médicos y enfermeros pululan por las instalaciones pero en estos pacientes se destila más una enfermedad imaginaria que una dolencia real, la enfermedad del miedo a envejecer, a morir, a que todo termine como empezó, porque nadie va a ser recordado después de morir y lo más que podemos esperar es una despedida a ritmo de fanfarria circense, en la que desfilen todos nuestros amores, nuestras familias, nuestros amigos y algún que otro enemigo íntimo.





6.- LA CULPA. En la mirada de Guido hay un permanente sentimiento de culpa, desde su infancia, desde el momento de ser vejado públicamente por una cohorte de clérigos en presencia de todos los compañeros de colegio, hasta que tiene que enfrentarse a la rabia y odio contenido de Luisa por sus permanentes engaños. Culpa cada vez que recuerda a sus padres, con los que dejó tantas cosas por decir o hacer, enfrascado en su deleite personal. Enfrentado a la tumba, en un paisaje de ruinas, la mente de Guido le recuerda lo frágil y banal de todo lo que hacemos y cómo siempre termina predominando la mortificación de lo mal hecho o de lo que no se hizo y se pudo hacer. Culpa por engañar, culpa por no cumplir, culpa que nadie, salvo uno mismo, puede perdonar.


7.- ASA NISI MASA. El tiempo de la infancia es el tiempo del recuerdo alegre, de los abrazos maternos, del cuidado sin pedir nada a cambio, del juego y las risas, de las frases sin sentido que ayudan a crear lazos sólidos con tus compañeros. En el recuerdo de la infancia todo nos parece inmenso, los espacios inabarcables, los adultos enormes, las estancias semivacías en las que los muebles no son capaces de rellenar las dimensiones desproporcionadas. La infancia es el tiempo de los veranos interminables, del descubrimiento de lo que nos va a mantener vivos una vez que hayamos perdido el interés por casi todo. Recuerdos imborrables que se difuminan y tergiversan al mismo ritmo que ganamos arrugas, pero  para los que siempre aparecerá un chispazo que nos retrotraiga a momentos más cálidos, más dulces, más seguros. Si el presente amenaza y el futuro asusta, la infancia es el recuerdo del paraíso perdido. Vendrán más tiempos y nos harán más ciegos, pero nuestra cara sonreirá con el recuerdo de la infancia.



8.- SU EMINENCIA. Buscando respuestas y evitando compromisos, cualquier guía es aceptable. Guido no siente que su vida sea feliz, coleccionar mujeres no le satisface, incluso empieza a ser un fastidio, pero es sabedor de que filmar su vida como un exorcismo puede hacer daño a personas a las que quiere y solo por puro egoísmo personal de justificarse públicamente por su comportamiento. Buscando consuelo y ayuda, una justificación más para no iniciar el rodaje de ese guión inexistente, se deja convencer para que un Príncipe de la iglesia le aporte el soporte moral y ético necesario para retomar la creación. Es un paréntesis más, una excusa más para seguir sin hacer nada, encogerse hombros y recordar a Saraghina al ver unos muslos de mujer mientras el cardenal habla de Diomedes, porque la frase del cardenal es rotunda, a la manifestación de Mastroianni “io non so felice”, el religioso le responde que la vida no significa felicidad. La vida es lamento y preparación para la muerte, un camino largo que se va haciendo más difícil conforme se intuye que va acabando y uno hace balance.





9.- SOMBRA Y CIRCO. Sólo reconociendo las limitaciones y asumiendo que hay que mantener lo importante podrá Guido retomar parte de lo que fue. Tener a su alcance a Claudia le hace bajar a la realidad, el sueño de un amor imposible e inventado, la revelación de que todo fue una sugestión, un autoengaño, coloca a Marcello en total oscuridad, “finita e basta”, mientras Claudia permanece iluminada en el interior del coche. La constatación de que todo el esfuerzo ha sido vano y sólo queda reconocer los errores y que los perjudicados perdonen. Cuando los payasos dominen la escena y toda la vida de Guido pase por delante de sus ojos no le queda más que participar, pisar la arena que al principio de la película no quiso más que sobrevolar, agarrar la mano de Luisa y bailar, bailar. Asumir el fuego de artificio creado y empezar nuevamente de manera más humilde. Has sido arrastrado para dar la cara (curiosa coincidencia con otra escena de una película del mismo año, El verdugo) pero desenmascarado el tramposo y reconocido el engaño, hay que participar, dirigir de nuevo la vida y vivir en la realidad, aunque el escenario sea una falsa plataforma de lanzamiento espacial. Así es el cine de mentiroso.



10.- NINO ROTA. ¿Qué sería del mito Fellini sin el sonido musical de Rota? No fue el único músico de sus películas, como tampoco Flaianno el copartícipe de sus historias y de sus diálogos, y sin embargo nada sería igual si a las imágenes no le siguiera la fanfarria festiva y melancólica del gran creador musical. Es la música la que induce a participar en ese final, es la música la que une pasado y presente, Guido niño y Guido adulto siguen a los payasos y el desfile comienza. No todo es música, pero la palabra y la imagen sin la música no serían lo mismo ni ayudarían a crear la atmósfera onírica de un sueño que, en ocasiones, deviene en pesadilla. 
POSDATA.- ¿Y si al final el disparo fuera real y la fanfarria fueran los últimos momentos de un director que se ha suicidado y reúne todo lo pasado, lo vivido, lo presente y se despide de todos ellos y ellas a un ritmo un tanto festivo dirigiendo su última creación? El baile final recuerda a la danza macabra final de "El séptimo sello" porque, al final, nadie puede escapar de su destino.

Título original: Otto e mezzo. Italia-Francia. Duración: 138 minutos. 1963. Director: Federico Fellini.Música: Nino Rota..Fotografía: Gianni Di Venanzo. Guión: Federico Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli, Brunello Rondi. Intérpretes: Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale, Anouk Aimée, Sandra Milo, Rossella Falk, Barbara Steele, Madeleine LeBeau, Caterina Boratto, Eddra Gale, Guido Alberti. Productora: Cineriz, Francinex. Producción: Angelo Rizzoli

PELÍCULA COMPLETE SUBTITULADA