miércoles, 10 de agosto de 2016

LAS LINDAS (Melisa Liebenthal, 2016)




LAS LINDAS (Melisa Liebenthal, 2016)

Quería ser atractiva para el sexo opuesto. Empecé a medirme constantemente a partir de una mirada masculina engendrada en mi cabeza. El objetivo último de ser linda, era ser deseada y elegida por los hombres, algunos hombres, un hombre. Así, finalmente, podía ser validada. ¿qué hacen los chicos atractivos? Para empezar sonríen. Sonríen porque están felices y eso es lo atractivo. ¿O están felices porque son atractivos? Ser fea no es solamente salir mal en la foto. Para ser linda es necesario seguir ciertas reglas. Siendo pura inseguridad, estas reglas se me hicieron palabra santa y justificaban mi fealdad.
Melisa Liebenthal, Las Lindas (2016)

Si los retratos generacionales en el cine documental tienden a representar el tiempo pasado con un abismo cronológico de por medio, mostrando los inexorables efectos de los años, recordando una vida o unos elementos en común que unían a un grupo (por ejemplo la reciente película chilena La once, o la colombiana Todo empezó por el fín), Liebenthal propone ese retrato generacional partiendo de una premisa irrefutable, todas las protagonistas de la película tienen su futuro por delante, son jóvenes cercanas a los 25 años y el ejercicio trata de ofrecer en imágenes cómo, desde la infancia y la adolescencia, y fundamentalmente a partir de la pubertad, el camino escogido por cada uno tiene mucho de determinismo. Una sociedad enferma por la imagen y que cataloga al individuo por lo que proyecta y no por su forma de comportarse o por su manera de afrontar su vida diaria. Si vistes de una manera, si “pololeas”, si te maquillas, si no lo haces, si te depilas o decides no hacerlo, cualquier ejercicio de elección personal rápidamente se transforma en objetivo de valoración cuando no de crítica.


Los hombres nada tienen que decir ni que mostrar en este documental aunque en el fondo son los que han determinado los comportamientos, las inseguridades, las decepciones personales, y para ello Liebenthal arma su propuesta con una enorme cantidad de filmaciones propias. Desde su infancia, y por mero divertimento, decidió grabar encuentros con sus amigas, idear historias para la cámara, simular actuaciones, fotografiarse en mil y una situaciones. No obstante es Melisa Liebenthal, o así aparenta en la película, la más insegura con su aspecto de las componentes del grupo, disconforme con su cuerpo o con la imagen que se desea que una mujer tenga, la más introvertida, la que menos gusta de mostrarse en público, pero quizás por ello, utiliza la película como exorcismo personal, como un modo de decir en público aquello que se aventura casi imposible de decir en privado salvo a los más allegados. Estamos ante un relato femenino y, por momentos, feminista, son media docena de mujeres que han ido creando su relación a lo largo de encuentros y desencuentros escolares, ampliando  y reduciendo el grupo por encontrar afinidades más cercanas en otras personas, terminando por reencontrarse  a lo largo de los años por azar o por terceras personas comunes que las volvían a reunir. Melisa, Camila, Michelle, Sofía, Victoria y Josefina son las integrantes de este grupo dispar, cuya confluencia infantil no evita la inevitable dispersión de la madurez, y al que la directora enfrenta a las imágenes del pasado para que narren a cámara sus experiencias en ese momento y cómo las valoran ahora.

Crónica de un crecimiento, desde los inocentes juegos de  besar a los compañeros de clase al momento en que ellas se dan cuenta de que esos juegos ya no son asumibles por razones de edad, las frases lapidarias de los padres, incomprensibles a los 10, 11 años, y que dan risa repensadas en la edad adulta producidas en el momento en que el cuerpo cambia y la mente también, “respetá y hacéte respetá”, “los hombres son cazadores” “no tenés que ser poroto de truco (moneda de cambio)”, la película se construye con aparente sencillez y ligereza sin dejar de hablar de temas que demuestran la patriarcalización constante de su vida diaria, una influencia inconsciente en sus hábitos, reconduciéndolas sin prisa, pero sin pausa, a un futuro hogareño, reproductor, estereotipado en el cuidado de una imagen fijada por la sociedad y los medios de comunicación, elaborándose un manifiesto crítico a partir de anécdotas tales como las sonrisas, la depilación, las faldas o los pantalones, los juegos de chicas y los que no son para mujeres, los abusos sexuales institucionalizados, la orientación sexual, el descubrimiento de la propia sexualidad enfrentada a los roles oficiales, la prensa gráfica y la televisión como creadoras de modelos de mujer a seguir……..todo aquello que, sin imponerse abiertamente, termina introduciéndose en mentes infantiles que, al crecer, son cuestionados, quedando clara la orientación política del modelo.


Relato cultural a partir de experiencias personales, Liebenthal se sitúa detrás de la cámara sin dejar de tener un papel muy activo en la película, se reserva el lado menos amable, juega a reírse de sí misma o a que nos riamos de/con ella. Tanto sus reflexiones como las situaciones a las que las acompaña destilan un humor negro ácido y corrosivo, ese humor que surge de revelar relaciones y comportamientos normalizados en la vida occidental, pero absurdos y que pueden destrozar  a quienes, en este caso sólo mujeres, no sean lo suficientemente fuertes en su personalidad como para basar su éxito o fracaso en el cumplimiento de los roles que la sociedad determina de antemano. Mujeres a las que el arquetipo señala el camino de la “felicidad”, sonreír para ser atractivas, deseables, porque no cabe un camino intermedio, si no sonríes es que tienes problemas, si te cortas el pelo muy corto y eres mujer es que no te gustan los hombres, si vistes ropas amplias y que no marcan las formas femeninas es que eres lesbiana. Se trata, por tanto, del retrato de la vida diaria de cualquier joven mujer desde su adolescencia donde su imagen vale tanto como la imaginación de lo que una mujer debe mostrar, un arquetipo creado por los hombres con la colaboración de las propias mujeres y del que, para poder salir del mismo, resulta insuficiente, pero necesaria, la propia rebeldía personal.  Al confundir lo exterior con lo interior se da más importancia a la imagen transmitida que al propio valor personal, Liebenthal es valiente y honesta en el ejercicio de transparencia generacional, cuestión diferente es si a una película tan personal le quedará cine por venir sin la autoreferencia constante. El premio Bright Future de Rotterdam permitirá descubrirlo más adelante.


Las Lindas. Argentina. 2016. 77 minutos. Dirección: Melisa Liebenthal. Guión: Melisa Liebenthal. Producción: Eugenia Campos Guevara. Música: Ángeles Otero. Reparto: Melisa Liebenthal, Victoria D'Amuri, Camila Magliano, Sofia Mele, Josefina Roveta, Michelle Sterzovsky.

TRAILER DE LA PELÍCULA