viernes, 19 de agosto de 2016

EL FUTURO PERFECTO (Nele Wohlatz, 2016)



 EL FUTURO PERFECTO (Nele Wohlatz, 2016)


Leopardo de oro a la mejor ópera prima de la sección Cineasti del presente, esta película argentina, dirigida por una alemana, interpretada por chinos, indios y algún argentino, de manera necesaria ha de abordar la relación entre lenguaje, idioma y cine para, en su apenas hora de duración, mantener un nexo constante entre lenguaje hablado y lenguaje fílmico de tal manera que los tiempos verbales juegan como motores del entramado narrativo, un inicio de incomunicación que, poco a poco, va difuminándose según se mejora el conocimiento del idioma y de las costumbres. 

Xiaobin llega a Argentina sin saber ni una palabra de español, se reúne con sus padres, a quienes ve como a unos desconocidos por el paso del tiempo, conoce a dos nuevos hermanos nacidos en los años que sus padres llevan como emigrantes en el país y a los que nunca había visto. Busca trabajo en un supermercado chino donde le resulta imposible comunicarse con los clientes confundiendo el jamón con la mortadela. Por eso decide aprender español por su cuenta aunque su madre no quiera, quedarse con parte de su sueldo para poder pagarse lo que necesite en vez de entregar toda la cantidad a sus padres para ir devolviendo el coste del vuelo a Buenos Aires. Ni necesita estudiar, ni aprender, según sus padres, porque eso no le va a servir en China cuando vuelva. Es decir, estamos ante una persona cuyo futuro no ha sido diseñado de manera perfecta. 


Si en las clases de español se aprende a mantener una conversación para concertar una cita, ella lo practica con un cliente del supermercado, si se habla de relaciones ella entabla una especie de noviazgo con un indio con el que la comunicación es superficial y frustrante porque el español de Xiaobin, Beatriz para los argentinos, es muy limitado, si se estudia la formación de las construcciones verbales en tiempo pasado ella recuerda parte de su historia precedente, y cuando se estudia el modo condicional ella fantasea con su futuro imaginando las consecuencias de casarse con un chino, con un indio o con la posibilidad de que sus padres se enteren de que mantiene relaciones con un indio sin su aprobación.

¿Tiene el lenguaje el poder de crear las cosas? En este caso el lenguaje construye la película, que no es lo mismo a que el lenguaje cree la realidad, Wohlatz es consciente del poder de la palabra transformado en imágenes, pero no por ello cae en la bisoñez de trasladar la palabra al campo de lo real sino al campo de lo imaginario, y ahí la película sí que se transforma en un acierto porque no deja de ser la mente de Xiaobin la que rellena la historia a base de anécdotas de su día a día (Rohmer, Hong Sang soo, Piñeiro, se perciben como claros referentes) junto con el “y si ……” de toda imaginación que piensa en un futuro perfecto. Si no se conoce el idioma, las clases de español se transforman en un esfuerzo agotador, se asemejan a entrevistas administrativos, a modo de interrogatorio en las que la cámara se cierra sobre el rostro de la protagonista. Conforme el dominio del idioma avanza, el plano se va abriendo, van entrando más personajes, más escenarios. El idioma permite la relación y el conocimiento, por eso, para demostrar a Vijay que no se conocen rechazará su oferta de matrimonio en chino, sabiendo que él no entiende nada demuestra que no se conocen.

De esta manera, la película se transforma desde un relato lineal de escenas absurdas en las que Xiaobin se siente triste y desplazada en un nuevo mundo hostil (el supermercado, el restaurante en el que no puede comer porque no entiende la carta, la película de la que se sale porque no la entiende) a una mezcla de realidad y onirismo en estado de vigilia cuando la joven imagina ese futuro, que puede pasar, en un segundo, de la perfección al drama, de la alegría de una ceremonia en el Taj Mahal a una vida monótona y aburrida viviendo en la trastienda de un supermercado chino de un barrio humilde de Buenos Aires, ocupándose de los hijos, la cocina y de sustituir al marido en la caja.

Escenas cortas, interiores o exteriores, con diálogos o semimudos, con un personaje o con varios, la puesta en escena resulta natural  y compatible con lo que se cuenta, una puesta en escena que avanza conforme lo hace la joven china en su integración a un nuevo país y una nueva sociedad, escenas cuyo engarce, cuyo punto de conexión, se sitúa en esas clases de español donde un grupo de jóvenes de procedencia china aprenden el idioma y donde Xiaobin parece siempre perdida, retrasada respecto a los demás. Con un innegable toque irónico y hasta cómico en la presentación de situaciones enormemente angustiosas y frustrantes para la protagonista, Xiaobin es un ejemplo de mujer dispuesta a romper el esquema predeterminado que su familia ha diseñado para ella, quiere ser como las mujeres argentinas sin  dejar de ser china, por eso en su cabeza su imaginación avanza cualquier tipo de situación ante el miedo de que ese futuro no termine siendo tan perfecto y ella acabe encerrada en una jaula como cuando intenta cazar un gato callejero.



El futuro perfecto. 2016. Argentina. Director: Nele Wohlatz. Intérpretes: Xiaobin Zhang, Saroj Kumar Malik, Nahuel Pérez. Productora: Cecilia Salim. Fotografía: Roman Kasseroller, Agustina San Martín. Sonido: Nahuel Palenque. Montaje: Ana Godoy. Producción: Murillo Cine. 63 minutos.

TRAILER DE LA PELÍCULA