domingo, 28 de agosto de 2016

A LIÑA POLÍTICA (La línea política, Santos Díaz Antón, 2016)


A LIÑA POLÍTICA (La línea política, Santos Díaz Antón, 2016)
La línea política no es una línea roja que impide a dos ideologías buscar espacios comunes de entendimiento, ni el listón que estás dispuesto a rebajar para que consientas un pacto, la línea política es esa que, de manera inconsciente, pero insistente, se nos inculca desde pequeños para no hacer aquello que la sociedad tiene por mal visto o inaceptable, para no decir lo que pensamos, para ocultar los sentimientos que puedan incomodar a los demás. La línea política pasa a ser la corrección política que impera nuestros actos aunque reneguemos de ellos, y que cuando la rebasamos nos produce malestar y arrepentimiento porque  nos regimos por las  normas no escritas diseñadas para uniformizarnos. Así, es obligado sentirse mal ante la perspectiva inminente de una muerte familiar, es obligado amar a tu novia y está mal visto mantener una relación paralela, hay que llorar en el duelo y divertirse en las fiestas y sobre todo, hay que luchar contra viento y marea para mantener una relación aunque seas consciente de que hace tiempo que murió y no queda en común nada que construir ni mejorar.
«A liña política» se construye a través de pequeñas escenas, cuadros impresionistas donde el espacio alberga a sus protagonistas. Un espacio neutro en el que ellos se van a sentir cómodos o desasosegados con independencia de lo que el espacio contenga, de su luz, de su mobiliario, del entorno. Espacios donde uno puede hablar y el otro no prestar atención, no participar, mantener un silencio incómodo con una sonrisa idiota que suple la palabra. «Necesito que me escuches, quiero que me hables», retumba en el espectador después de que María se lo diga a Juan, su pareja. María habla y Juan no interacciona, y cuando él no está, María calla y mira con pesadumbre lo que le rodea. Un personaje, Juan, que no escucha ni a su alumna de piano, para el que todo está todo lo bien que su inestable equilibrio le permite mostrar a los demás. Por eso toda la estructura de la película se enreda en la relación melancólica, triste y gris de Juan y María, estén donde estén o con quien estén, la poca distancia física entre ambos se está transformando en kilómetros de desapego. Manteniendo la corrección política juegan a tener algo en común, pero la realidad es que más que algo en común tienen un pasado en común con un presente embarrancado. Esa distancia emocional se agranda con las relaciones paralelas ocasionales, amigos, trabajo, amantes, fiestas, todo les recuerda lo que ya no son, y la palabra no fluye para poder arreglar lo que no se sabe dónde se encuentra.
Si Juan no es consciente, su amante se lo recuerda, vivís en el pasado, ya nada os une porque cuando os juntais sólo hablais de lo que ocurrió y nunca de lo que estais viviendo, la fiesta es el momento en que las cartas se levantan, Juan y María se reflejan en un cristal y su contorno es borroso, indefinido, son ellos sin reconocerse plenamente porque ya el tiempo ha erosionado los perfiles. Tras escuchar «Nadie te quiere ya» los amigos no disimulan, las personas que te rodean no van a ocultar la realidad que perciben, que esa pareja va junta pero la forman dos solitarios que no se hablan, la amante saca a bailar a Juan en presencia de María, el amigo de Juan besa a María consciente del fin de su relación con Juan. Si a María todo el mundo le pregunta «¿cómo estás?» en vez de preguntar cuanta vida le queda a su padre, una pregunta de compromiso, «política», para salir del paso, sin real intención de saber cómo se encuentra realmente la persona a la que se pregunta, a Juan  se da por supuesto que anda decaido y apesadumbrado, sin razones profundas, cansado de lo que asume a diario. Si María ha roto la línea política en la fiesta, Juan la va a romper en la desgarradora escena final, en la playa y mirando al mar. Cuando la pareja mira un horizonte tan lejano como su futuro en común, Juan comienza a hablar, comienza a explicar por qué nunca llora, lo cuenta como quien no da importancia, sonriendo, pero, poco a poco, descubrimos algo que intuíamos, que no habla porque todo aquello que le golpea el cerebro son razones para llorar, y porque si empezara a llorar no podría parar, lloraría por los días que los dos fueron tan felices y ya han terminado, lloraría porque si alguien les contara sus vidas se pegarían un tiro, lloraría por la madre que vive sola y porque no sabe cómo impedir esa soledad, lloraría sin parar hasta quedarse sin lágrimas, pero la línea política impide llorar en público por sentimientos, la línea política nos hunde y nos destroza, como a Juan y a María.


España. 2016. 21 minutos. Director: Santos Díaz. Intérpretes: María Vázquez , Xosé Barato , Sonia Méndez , Alberto Rolán. Productores: Analia G. Alonso, Angel Santos Touza. Fotografía: Lucía C. Pan. Guión: Santos Díaz, Pablo G. Canga. Sonido: Xavier Souto, Montaje: Santos Díaz, Angel Santos. Productoras:Y la nave va.