miércoles, 17 de agosto de 2016

3 1/2 MINUTES TEN BULLETS (Marc Silver, 2015)



 
3 1/2 MINUTES, TEN BULLETS (Marc Silver, 2015)
Tiempo y disparos que acabaron con la vida de Jordan Davis, 17 años, afroamericano, en un aparcamiento de una gasolinera en la ciudad de Jacksonville, Florida, tiroteado desde un vehículo tras una discusión verbal con un conductor blanco aparcado a su costado. El tiempo de discutir, vaciar el cargador de una pistola, huir del lugar y activarse los mecanismos de identificación y búsqueda. El cine de juicios puede ser pesado, soporífero, incluso puede ser muy manipulador. Silver parte con la desventaja de que, al tratarse de un documental, el público norteamericano puede conocer el resultado del veredicto y no prestar atención al modo de presentar la historia, ni a lo que subyace en el fondo de lo que ocurrió, algo que en las sociedades europeas no va a ocurrir y añade el componente de tensión que mantiene muy viva la narración. Siendo un documental, puede ser seguida simplemente como un relato judicial hábil, vibrante, dinámico, o como se pretende, como un retrato de una realidad social y racial enferma.


 

Este documental es una crítica a un sistema judicial y legal muy perverso, y en definitiva a un engranaje social que, pese a su desarrollo económico, no ha sido capaz de desprenderse del odio racial. Un sistema en el que el dinero y el manejo de los medios de comunicación influye de manera notable en el ánimo de los jurados, donde los golpes de efecto sentimentales pueden hacer mella en quien no está acostumbrado a manejar situaciones semejantes a diario. Buscar lo emotivo para intentar presentar al acusado como víctima y a la víctima como culpable. Aún así, el sistema es envidiable, que un juicio pueda desarrollarse durante una semana sin un exceso de prueba que lo justifique, sin  el agobio de un incremento de asuntos pendientes de juzgar por dedicar demasiada atención a un solo caso, en instalaciones modélicas, con público modélico y un uso de la dialéctica portentoso, tanto como el importe de las minutas que se suponen giradas al defendido. En la muerte de un joven negro subyace la justificación para atacar una ley perversa del estado de Florida que ha supuesto el aumento de homicidios contra personas de dicha raza bajo la llamada moción “mantén la posición”. Cualquier profano en el derecho ha oído y entiende las situaciones de legítima defensa, el uso dela violencia para contrarrestar ataques contra los propios bienes o persona mediante el ejercicio de respuestas proporcionales, pero la teoría de “mantener la posición” va más allá, ha permitido, en Florida, responder con violencia, incluso letal, la simple percepción de un peligro inminente contra uno mismo sin necesidad de optar por soluciones menos drásticas, es decir, en la tesitura entre una huida posible y matar a una persona, el estado de Florida ha legitimado matar si así aseguras tu vida sin imponerte huir o abandonar tu situación, cualquiera que fuera la situación objetiva de riesgo, bastando la simple percepción personal de un ataque.


Un juicio a la americana es, en sí mismo, una representación espectacular sin parangón en el sistema continental europeo, de ahí los golpes de efecto, el acorralamiento sistemático de los testigos, la obtención de respuestas contradictorias, o, incluso, de respuestas que buscan, solamente, y no es poco, la creación de dudas razonables en los miembros del jurado, buscar la absolución a toda costa. Con un marcado carácter militante, Silver sitúa a la víctima en su entorno, nos presenta a su familia, sus amigos, sus aficiones, el joven es presentado como un chico normal algo “bocazas”, como dice el fiscal en su alegato final, una gran boca dispuesta a faltar al respeto si se consideraba humillado u obligado a hacer lo que no quería, sobre todo si se advertía una predisposición racial. Pero hace lo mismo con el acusado, y con la ciudad, siendo los padres del fallecido el motor de la historia, hay tiempo para presentarnos objetivamente a todos los implicados. Un coche llega a un aparcamiento con cuatro jóvenes de color y la música rap a todo volumen, eso molesta al acusado del juicio, les llama la atención, el conductor baja el volumen, pero Jordan le obliga a volver a subirlo enfadado. A partir de entonces de ventanilla a ventanilla se cruzan frases ofensivas entre los dos, hasta que el acusado saca una pistola de la guantera y mata al joven disparando contra el vehículo, que recibe los impactos a lo largo de todo el lateral, todo con la excusa, que el juicio demuestra incierta, de que Jordan exhibió algo parecido a una escopeta e hizo ademán de bajar del vehículo.


Varias preguntas nos vienen a la mente, la innecesariedad de una jurisprudencia que avala la tesis de “mantén la posición”, el significativo predominio de víctimas negras cuyos ejecutores han resultado absueltos por el uso de esta moción y la práctica inexistencia de equivalente cuando el fallecido es blanco, las protestas de la sociedad civil ante un caso más de uso abusivo de la violencia, el tratamiento escasamente profesional de los medios de comunicación a la hora de presentar el juicio como una especie de partido con  ganadores y perdedores, como si la verdad fuera accesoria y las causas del hecho irrelevantes. La película es militante, no lo oculta, pero no es tendenciosa, y detrás de ella está el movimiento “Black lives matter”, ("Las Vidas Negras Importan"), movimiento político internacional que realiza campañas contra la violencia hacia las personas de raza negra por motivos raciales. BLM organiza regularmente protestas en homicidios cometidos por agentes de la ley, y cuestiones más amplias de perfiles raciales, brutalidad policial, y la desigualdad racial en el sistema de justicia penal de los Estados Unidos. En 2013 empezó a utilizar el hashtag #BlackLivesMatter en las redes sociales, después de la absolución de George Zimmerman por la muerte a balazos del adolescente afroamericano Trayvon Martin, suceso del que hay múltiples referencias en la película.


¿Es por ello una película maniquea? ¿Hay tergiversación de los hechos presentados para que el espectador tome partido? No me lo parece, ni tan siquiera el personaje del homicida es atacado ni retratado con saña, volvía con unas copas de más de la boda de un  hijo, era un amante entregado a su pareja (esas lágrimas de cocodrilo ¿influirán en el jurado realmente?), es una persona que no entiende lo que le está pasando en ningún momento, ni antes ni después del juicio, se considera víctima de un sistema y de una manipulación, y ahí sí que el documental es inteligente, presentando de esta manera al causante de la muerte del joven, introduce las necesarias preguntas que se extienden hacia toda la sociedad, hacia las raíces de una enfermedad latente que asienta sus profundas raíces en la justificación indiscriminada en la violencia y en la posesión de armas, realidades a las que se suma un racismo más que palpable y que termina infectando hasta a las instituciones oficiales. Una sociedad que termina valorando la sanidad del sistema en ganar o perder un juicio tiene un problema de raíz, no es “hacer justicia” lo fundamental, sino qué elementos están al alcance de esa sociedad para impedir situaciones como las que acabaron con Jordan Davis. Las hay múltiples, pero no parecen plantearse. La realidad es que dos familias han sufrido las consecuencias, la del fallecido, y la del que disparó creyéndose amparado y justificado por soluciones legales incomprensibles.

PELÍCULA COMPLETA EN VERSIÓN ORIGINAL