jueves, 28 de julio de 2016

LES PREMIERS LES DERNIERS (Bouli Lanners, 2015)

LES PREMIERS, LES DERNIERS (Bouli Lanners, 2015)


La puesta en escena lo es todo, una historia muy simple, incluso que cojee, puede trascender mediante la planificación minuciosa de situaciones, de encuadres, de imágenes. ¿hay que crear decorados artificiales para convencer al espectador de que nos encontramos ante un inmimente fin del mundo? ¿Se necesitan cientos de millones en efectos digitales para representar el apocalipsis o basta el retrato de seres humanos desplazados, sus rostros desanimados y solitarios. para convencernos de la dura realidad? Moteles semiabandonados, supermercados arrasados, gasolineras desiertas, naves industriales dejadas enmohecer, estructuras de comunicación llenas de maleza otorgan sentido a una historia de desesperación en la que lo importante es vivir para mantener una esperanza. No contamos con referencias geográficas, vastas llanuras en el desangelado invierno del norte de Francia quizás, o las extensiones de una Bélgica fronteriza, lo importante es demostrar cómo el espacio marca el carácter, cómo la soledad no la proporciona la ausencia sino el aislamiento, cómo el miedo se adentra entre nosotros y nos vuelve violentos por supervivencia innata. Un ciervo que nos mira, imponente, desde el andén de una estación abandonada para, instantes después, aparecer abatido por mera diversión. Del apogeo al fín sin solución de continuidad, el rey del bosque eliminado por la escoria de la tierra, el fin del mundo se acerca.




Bouli Lanners, actor y director de esta película, y rostro reconocible dentro del cine europeo, es consciente de que la apuesta pasa por presentar la historia sustentada por enormes actores que suplan, con su presencia magnética, algunos excesos de guión o lagunas interesadas del mismo. Así, a la pareja de cazarecompensas que Lanners forma con un sobrio y convincente Albert Dupontel, Gilou y Cochise, que semejan un Obelix y Asterix llenos de humanidad pero también de peligro, se les une una pareja de inadaptados, medio vagabundos medio discapacitados, Willy y Esther, que portan un objeto que buscan los dos sicarios y que, por una mala fortuna, han ido a encontrar quienes se han convertido en fugitivos con causa. En esa huida y búsqueda, otra pareja termina por reunir las piezas y dar un sentido a las vidas aparentemente predeterminadas y muy huecas de los otros cuatro, y esas dos personas no son sino Michael Lonsdale y Max von Sydow, la encarnación de la sabiduría vital, la reflexión de que la vida es tal mientras no se ha muerto y ésta exige hacer algo más que levantarse todas las mañanas para dar sentido a cada etapa de nuestro discurrir, conscientes de las limitaciones pero con la ventaja de la experiencia.






Configurada como un western, con buenos, malos, muy malos y personajes ambivalentes, las resonancias bíblicas, el halo mesiánico del discurso no deriva en filosofía religiosa barata, no hay afán moralizador en los comportamientos y en las reacciones, sino toma de partido de unos personajes conscientes de que, cumplir el encargo recibido supone condenar a muerte a dos inocentes, y, quizás, a más gente inmersa en la aventura, incluso ellos mismos. A ritmo de caza y captura, con recompensa incluída, el permanente tono gris del paisaje, el abandono de las instalaciones, la soledad insuperable en la que las personas que van apareciendo afrontan con mejor o peor resignación esa duda acerca del fin del mundo que se acerca, proporciona a la historia un acertado tono melancólico en el que la muerte, cuya cotidianeidad y cercanía es constante, se transforma en un personaje más, cuya presencia sobrevuela las acciones de todos para retrasar su llegada. Que aparezca un Jesús cuyos nuevos estigmas son producidos por disparos de bala, que su guía parezca tener como objetivo conducir sanos y salvos a una nueva María y un nuevo José, en este caso a la búsqueda de una hija que no ha de nacer sino que existe desde hace años pero que ha sido recogida por los servicios sociales, que el camino revele a los perseguidores que la razón de la persecución es inmoral, criminal e inaceptable y que la pareja de ancianos ponga el contrapunto reflexivo al comportamiento irracional de quien no se para a pensar en todo lo que nos rodea, no es pueril ni arbitrario, los personajes se mueven porque en ese camino van a encontrar la razón del cambio necesario para sentirse mejores, o, al menos, útiles. Los primeros serán los últimos no oculta la referencia cristiana, los cielos tormentosos, las huidas aterrorizadas, una asfixia vital en la que los personajes se empequeñecen en la inmensidad del plano rotundo y enorme utilizado para remarcar nuestra insignificancia, sin que las evidentes concesiones al espectador hagan perder intensidad a la imagen, verdadero motor del film, sustento básico junto con los actores de una parábola moderna sobre el reino de los justos, sobre el triunfo de la bondad sobre la villanía. Un mundo donde la ley ha dejado de servir, para ser sustituida por el poder del más fuerte, y siempre encontrarás a alguien más fuerte que tu aunque te creas invencible, solo la inteligencia puede vencer a la fuerza, al menos durante el tiempo suficiente para engañar y escapar.

Título original: Les Premiers, les Derniers. Dirección: Bouli Lanners. Intérpretes: Albert Dupontel, Bouli Lanners, Suzanne Clément, Michael Lonsdale, David Murgia, Max von Sydow. Nacionalidad: Francia-Bélgica. 2015. Duración: 98. 

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