miércoles, 6 de julio de 2016

A BLAST (Syllas Tzoumerkas, 2014)





A BLAST (Syllas Tzoumerkas, 2014)


Hay pocas posibilidades de ver cine griego, incluso buscando a propósito resulta complicado, pero cada vez que se consigue alguna de sus películas recientes, todas y cada una aportan una visión propia, especial, con mayor o menor éxito pero siempre desde el riesgo, en la que no se oculta la dura realidad por la que está pasando el país desde hace una década. Syllas Tzoumerkas no abandona esta realidad social y la traslada a una familia, casi en concreto a un gran personaje femenino, que fluctúa entre la locura y la desesperación, magistralmente encarnado por Angeliki Papoulia (habitual del cine de Lanthimos). En un admirable círculo cerrado sin soluciones, porque no las debe haber cuando los males son de tal naturaleza, Tzoumerkas recrea en un microcosmos de media docena de personas toda una serie de evidencias que conocemos, sabemos, incluso compartimos con los griegos, pero que, en nuestro país no han tenido eco en un «blast» como el del título, un estallido necesario para provocar una catarsis. Aunque pare algunos ese estallido pueda interpretarse como una huída, un abandono de un país que no tiene solución y por el que no merece la pena sacrificarse.



En la película la catarsis será personal, la de una mujer, María, cansada de soportar el peso de un padre inactivo, una madre imposibilitada en silla de ruedas, una hermana débil mental, un cuñado que no tiene donde caerse muerto pero que comulga con Amanecer Dorado porque «somos fascistas porque somos los nuevos pobres», dos niños criados sin ayuda, un marido marino que pasa más tiempo fuera que dentro de casa. Por eso las relaciones son agresivas, a voces, marcadamente gestuales, teatrales, hasta absurdas entre esas hermanas que se hablan insultándose o pegándose. Una mujer que agrede como juego, pero que termina agrediendo como respuesta a todo aquello que la pisotea, que la impide avanzar. Una losa inamovible que solo puede evitarse si se rompe con todo, familia, marido, hijos, una huida no se sabe muy bien hacia donde, pero en el personaje de María cabe una representación de Grecia, ahogada por las deudas de quienes han dispuesto del país como de una finca en la que pagaban los demás, con una contabilidad falseada y tolerada por quienes ahora se erigen en defensores del dinero europeo frente al derrochador griego, una vez que los bancos alemanes y franceses han exprimido hasta la última gota del zumo que se podía aprovechar antes de abandonar el país a su suerte. Un país que además de la deuda, tiene que soportar mantener a sus hijos viendo cómo la corrupción se presenta como el remedio, cada uno de estos males sociales se puede evidenciar en los personajes principales de la historia.



La película se plantea como una sucesión de flash backs del pasado feliz al final elocuente, de dónde vinimos y hasta dónde llegamos. De cómo la fiesta pasó de un lado al otro y todo se perdió, participando primero en todo lo alegre (las escenas de sexo son representativas de ese país a la deriva, y ese matrimonio que se va separando y haciéndose infiel, uno de manera expresa y otra sustituyendo el sexo con el porno por internet) para quedarse al final solo con lo malo, lo que nadie quiere compartir, por el camino María va perdiendo todo aquello que le parecía sólido y a su alrededor todo salta por los aires sin que nadie reciba una bocanada de aire que evite la asfixia. El mar, y los barcos, son los elementos naturales de un país que siempre ha pensado hacia fuera más que hacia dentro, por eso las imágenes del barco en el que navega Yannis son las del país sin rumbo y a punto de naufragar, un barco del que María quiere saltar para, por lo menos, ahogarse en soledad. De ahí que, ante lo que esos planos iniciales de un coche por un camino de tierra entre pinos y las imágenes del incendio del monte aparentan ser una película de cine negro, poco a poco va transformándose en una película social donde aparecen los miserables políticos que vendieron el país, el fascismo incipiente que se ceba con los inmigrantes como culpables de todos los males, las corporaciones que maniobran en la sombra contra la legislación que les perjudica encontrando siempre vías de escape.



El rostro de María mira fijamente a la carretera, kilómetros, kilómetros, huir y abandonar a su suerte todo lo que te hunde y humilla, pero no sin antes cobrar unas deudas pendientes, podrá parecernos que el personaje se deshumaniza, que se convierte en un representante del egoísmo más encarnizado, pero el estallido necesario, la ruptura para progresar implica soltar todo el lastre que te mantiene anclada a un punto muerto. Si eso exige humillar a un padre, agredir a un cuñado, abandonar a un marido y despreciar a una madre, puede que muy pocos lo hicieran, pero, desde luego, a este personaje no le faltarían las razones para hacerlo, ni contamos con argumentos sólidos para juzgarlo. Personas que no han querido mirar a su alrededor durante años y han confiado de manera irresponsable en quienes robaban y decían que todo iba de maravilla, personas que se lo han llevado sin escrúpulos mientras sus administrados pasaban necesidad, maridos que han engañado a las primeras de cambio seguros de que, o serían perdonados, o nadie se enteraría, si se les analiza desde este punto de vista personal, no tendrían que generarnos empatía y deberíamos entender a María. En esas renuncias siempre habrá víctimas inocentes, pero más inocente es perder una vida esperando algo que no va a ocurrir, siempre hay tiempo de dejar de vivir una vida absurda siguiendo los dictados de lo que hay que hacer. Tzoumerkas consigue una obra atractiva, sugerente, hábil, mezclando lo que no deja de ser una historia familiar en medio de un torbellino social de un país maltratado como Grecia, arriesgada, no tanto por el mecanismo falaz del recuerdo del pasado intercalado con el presente demoledor, como por la sobredosis de exageración que rodea a los personajes. Claro que casi nadie en sus plenos cabales explota, y esta película es eso, una explosión que necesita exageración.




Título original: A Blast. Año: 2014. Duración: 83 min. País: Grecia. Director: Syllas Tzoumerkas. Guión: Youla Boudali, Syllas Tzoumerkas. Música: Drogatek. Fotografía: Pantelis Mantzanas. Reparto: Angeliki Papoulia, Vassileios Doganis, Maria Filini, Yorgos Biniaris, Themis Bazaka, Makis Papadimitriou. Productora: Homemade Films / unafilm / PRPL