sábado, 25 de junio de 2016

TODOS QUEREMOS ALGO (EVERYBODY WANTS SOME, Richard Linklater, 2016)


EVERYBODY WANTS SOME (Todos queremos algo, Richard Linklater, 2016)

Llega un momento en que uno sabe que determinados nombres van a ser siempre juzgados con otros filtros, con otros códigos. Que su forma de contar o de retratar el mundo no se van a cuestionar, que conseguido un status entre crítica y público, es impensable imaginar un mal comentario, un artículo negativo, un simple apunte de indiferencia. Mi opinión, que seguro que no importa, y es plenamente subjetiva, siempre ha sido de indiferencia. Lo he intentado y lo sigo intentando con Linklater, no me emocionaron las supuestas genialidades de guión de la pareja Celine y Jesse a lo largo de 20 años, o los que se tardó en rodar Boyhood, retrato pétreo de un niño hasta su adolescencia a lo largo de 12 años, justo hasta su entrada en la universidad. Si algo puedo destacar del cine de Linklater es su ligereza a la hora de plantear sus historias, como si aparentemente nada ocurriera pero, sin embargo, existen corrientes subterráneas profundas en medio de las cosas cotidianas de la vida, pero en su empeño no me siento identificado, no me agarra, no me pone un nudo en ninguna parte, no me mantiene sin aliento delante de las imágenes.


Con esta «Everybody wants some» me sumo en un letargo empachoso del que solo me despierta su espléndido final. Antes, hay que aguantar cerca de hora y media de jóvenes universitarios a punto de empezar el curso, de diferentes edades y años en la vida deportiva del campus, absolutamente desinteresados de los estudios y que, en este caso, forman el equipo de beisbol de la universidad, siguiéndoles durante los tres días previos al inicio de las clases con un eje central, el personaje de Jake. Nada que sorprenda, nada que estimule, nada que haga grande esa hora y media. Aparentes encefalogramas planos en unmos jóvenes que se comportan como clones, fiestas, drogas, alcohol y mujeres parecen el único objetivo para llenar los días, los minutos se suceden anodinamente sin que ante nuestros ojos se desarrolle ningún hilo narrativo que nos enriquezca. El personaje de Jake podría ser el trasunto del Mason de Boyhood, a éste lo dejamos precisamente en su camino a la universidad, momento en el que arranca  la llegada de Jake al campus. Como si aquellas tres largas horas de crecimiento personal no hubieran sido suficientes, parece que Linklater opta por mostrarnos las primeras experiencias de un recién llegado a un mundo de libertad y novedad. Todo ello en un ambiente de apacible armonía y camaradería bajo el que subyace el germen de la competitividad sin cuartel. Unos pocos de esos jugadores universitarios conseguirán ser captados por las ligas profesionales, pero el director opta por eludir esa realidad, solo la menciona, y coloca a todo el grupo de jóvenes en el deliberado escenario de asumir un buen ambiente de grupo, primero hay que hacer crecer al grupo antes de que se disgregue o empiecen las luchas internas.



Con estética ochentera absoluta, un predominio de la banda sonora como conjunto desequilibrado de canciones de una época de lo más heterogéneo, el universo cerrado de Jake se expande de manera excelente en el tramo final de la película. Ese círculo absorbente de hombres, que cuando juegan al beisbol hablan de mujeres y cuando están con mujeres hablan de beisbol, que limitan implícitamente el desarrollo personal de cada uno para no significarse, para no hacerse notar como diferentes, asumiendo un rol en la manada como uno más, un grupo en el que parece que lo único importante es comportarse sin inteligencia y donde cualquiera puede ser sustituido por otro sin notarse la diferencia, se resquebraja parcialmente cuando Jake conecta con personas con otras inquietudes, con otras sensibilidades. Esos círculos cerrados absorbentes son los que Linklater invita a superar, frente a los bailes discotequeros de los 80 existe un universo punk a descubrir, las fiestas llenas de alcohol y drogas de los campus deportivos tienen su contrapunto en las que organizan los estudiantes de artes escénicas como verdaderas performances, hay mucha vida distinta, ni mejor ni peor, pero en la mezcla surge la excelencia, el chispazo creativo, las ganas de superarse por algo y para algo, o alguien. 



Linklater invita a no encerrarse en lo que uno cree dominar, abrir la mente para querer algo con todas las fuerzas y buscarlo con ahínco. Cuando la película abandona el tono gamberro y presuntamente gracioso del grupo salvaje que se comporta sin responsabilidad y sin orden, cuando adopta un tono íntimo que le acerca a grandes películas norteamericanas de los últimos años que retratan ese tránsito de la adolescencia a la madurez, como las de David Robert Mitchell o James Ponsoldt, es cuando la película notas que empieza a volar alto, que cobra mucho sentido lo que el director te quiere decir aunque haya perdido tanto tiempo previamente. Cuando en la película se habla de algo importante, cuando dos personajes se miran y se respetan, se atraen y dejan de actuar como los demás esperan que hagan y se comportan como ellos realmente son o quieren ser, es cuando la película tiene sentido y lamentas que concluya. Porque es así, la película termina en el mejor momento, tras una larga noche de fiesta en la que Jake y Beverly tienen tiempo para todo, para sentar las bases de un conocimiento prometedor, en definitiva para madurar alejados del estereotipo del atleta y la artista, un amanecer que no marca el fín, como en «Antes del amanecer», sino un momento de inicio al que van a seguir muchas otras jornadas de conocimiento. El problema es que, para ello, hemos soportado una hora y media previa soporífera, extraordinariamente alargada sin necesidad y presuntamente cómica. Te lamentas porque el director no haya optado por ese tono mucho antes, que no haya abandonado su homenaje paródico a las películas gamberras de universitarios hormonados y no se haya centrado en la palabra más que en el gag, que no haya profundizado en la personalidad de una galería de aparentes tarados y haya dejado escapar una oportunidad que estaba ahí, como demuestra su gran final.




Título: Todos queremos algo. Título original: Everybody Wants Some. Dirección:Richard Linklater. País: Estados Unidos. Año: 2016. Duración: 116 min. Reparto: Wyatt Russell, Glen Powell Jr., Zoey Deutch, Ryan Guzman, Tyler Hoechlin, Jonathan Breck, Will Brittain, Sadie Brook, Jason Liebrecht, Kay Epperson, Beau Smith. Distribuidora: Avalon. Productora: Annapurna Pictures. Decoración: Gabriella Villarreal. Dirección de arte: Rodney Becker. Director de fotografía: Shane F. Kelly. Guionista: Richard Linklater.Montador: Sandra Adair. Producción: Ginger Sledge, Megan Ellison, Richard Linklater.