miércoles, 8 de junio de 2016

LA PRINCESA DE FRANCIA (Matías Piñeiro, 2015)



 LA PRINCESA DE FRANCIA (Matías Piñeiro, 2015)


Toda película es susceptible de ser entendida o interpretada de múltiples maneras, seguramente para muchos, estas “hijas de Francia” sean redichas, cursis, artificiales, y los príncipes unos pusilánimes aborrecibles. Más que probable que no encontremos jóvenes con tal capacidad de razonamiento, sí de equivocarse, y de reincidir en el error, pero difícilmente con las capacidades de mantener un diálogo con palabras de Shakespeare en pleno 2014 bonaerense sin que se note la afectación, la artificiosidad de la pronunciación, la antigüedad del lenguaje. Doble mérito, el del director exponiendo su historia poliédrica de amores y traiciones, con evasivos giros de la acción, repeticiones con variaciones hasta dar con la fórmula que más se adecúe al personaje que quiere cambiar la realidad, y el de los actores y actrices, un nutrido grupo de jóvenes desenvueltos y de abrumadora naturalidad ante la cámara. Una cámara que se acerca a ellos y enmarca sus rostros para no despistarnos de sus reacciones y sus cavilaciones intemporales, que no huyan y desaparezcan sin que hayamos asumido sus expectativas mediante la mirada.


El prólogo, dedicado a esa Lorena que se encuentra en un segundo plano, una desconocida que entraría en la acción como observadora un tanto imparcial al no verse directamente implicada en ninguna de las historias amorosas del pasado, ni del presente, que marcan las relaciones del grupo, nos introduce en el espectáculo, una alocución en italiano que precede la emisión radiofónica de la sinfonía nº 1 de Schumann, un plano en negro que se abre sobre tejados y patios de la ciudad mientras la Lorena argentina se dispone a jugar un partido de futbol sala en el que los integrantes de la competencia van progresivamente asumiendo la equipación contraria, hasta que Lorena termina sola frente a todos. La individualidad, el significarse, el no seguir el comportamiento del grupo puede terminar aislándote y convirtiéndote en objetivo de la masa, una huida en último término que da pie a un rescate improvisado, y que funciona como aligerada manera de introducirnos en la representación, del fútbol al teatro, de la masa embrutecida al discurso inteligente, de lo físico a lo intelectual. La transición es bárbara, y el desarrollo posterior breve e intenso, sin terminar de discernir entre lo teatral y lo real, escenas, personajes, localizaciones juegan al enredo entre la obra de Shakespeare y los cuadros de Bouguereau, en un ambiente deliberadamente postromántico.


A modo de obra teatral, el nombre de los personajes va apareciendo en pantalla con su rol, “el actor”, la “novia”, la “exnovia”, “la amante”, “el amigo”, “la amiga”, “la desconocida”, “el amigo infiel”. La estructura breve y rápida dificulta saber quién es quién de cada una de las chicas, pero ellas si saben quiénes son, qué quieren con el retorno de Víctor, el factótum de la historia, el actor teatral que pretende reunir al viejo grupo de amigos/amantes para recrear radiofónicamente obras de Shakespeare, empezando por esta Princesa de Francia interpretada por un hombre cuyos pretendientes serán las mujeres, un cambio de rol que entronca con los cambios sucesivos en las mismas escenas hasta dar con el ajuste, con el tiempo de la narración. El título original de la obra teatral, o la traducción española, “Trabajos de amor perdidos”, se ajusta a la perfección a las idas y venidas de unos personajes que quieren trabajar pero también quieren a Víctor, que están con Guillermo pero aman a Víctor, que salen con Víctor pero quieren estar con Guillermo, que olvidaron a Víctor pero ahora quieren volver con él. Sin dramatismos, sin sufrimientos, trabajos de amor juvenil amparados en la inmadurez y la falta de experiencia, pero ¿es la edad el justificante de este actuar? No creo, simplemente puede ser la edad la que provoque en mayor medida la experimentación  y el deseo de conocer, algo que Piñeiro consigue perfectamente con su propuesta de aparente sencillez pero que se antoja de muy difícil armazón para no construir un producto irregular y deslavazado.


Entre un momento que pasó, y el breve espacio de tiempo en el que se desarrolla la acción, ha transcurrido un año. Lo que debió ser el apogeo amoroso del grupo se ha transformado en expectativa. ¿Qué Víctor ha regresado a Buenos Aires? ¿el que “correteaba” a todas las chicas o el amante fiel y sosegado de una?. No tengo tiempo para “corretear” tengo mucho trabajo, los ardores pasados no son el objeto de Víctor, el único para el que el tiempo ha pasado realmente dando lugar a otra realidad muy diferente a la que dejó. La escena en el museo de Bellas Artes, rodeado el trío de intérpretes de los cuadros del pintor francés Bouguereau, puesto como ejemplo de lo decadente, de lo burgués sin impulso, es uno de tantos momentos especialmente bien armados y estructurados, donde nunca deja de estar presente lo irónico y lo mordaz de los amores logrados, los perdidos, los vigentes, los deseados, los traicionados. Una postal de un cuadro de Bouguereau revela una mentira y al tiempo la importancia del erotismo en las relaciones personales, una repetición hasta la extenuación de una frase de un guión, una  venganza, un final amargo, el desquite por la traición, aunque íntimamente deseáramos otro final pacífico y reconciliador. Todo suma, nada resta, y el conjunto mantiene las expectativas del inicio, introduciéndonos en un mundo muy reconocible donde el lenguaje juega con nosotros y nos hace cambiar de época y de estilo sin sonar falso. No va a costar dejarnos seducir por estas hijas de Francia, que no son sino hijas de nuestro mundo, llenas de frescura y sin complejos, listas para amar, ser amadas, traicionar y ser traicionadas. Un Shakespeare del siglo XXI en el que no nos sobrevuela la tragedia, sino la comedia de la vida misma.

Guión y Dirección: Matías Piñeiro Imagen: Fernando Lockett Intérpretes: Julian Larquier Tellarini, Agustina Muñoz, Pablo Sigal, Gabriela Saidón, Romina Paula, María Villar, Elisa Carricajo, Laura Paredes, Julián Tello Año: 2014 Duración: 66 min País de origen: Argentina

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