martes, 10 de mayo de 2016

TRUMBO (Jay Roach, 2015)

TRUMBO (Jay Roach, 2015)


Viendo la solvente "Trumbo" uno siente, en ocasiones, la tentación de renegar de ella. Todo funciona perfectamente, el desarrollo de la historia del mito americano del hombre hecho a si mismo luchando contra la adversidad, el toque cómico que sirve de contrapunto al horror de ser perseguido solamente por tus ideas, la fortaleza de una familia dispuesta a apoyar hasta el final a quien les conduce a permanecer en el alambre durante largos años.........pero, ¿tanta buena sensación no estará ocultando lo que realmente sucedió? ¿no se corre el riesgo de limitar la propuesta mediante el engaño de presentar un lado amable de la historia? Quien no conociera de nada a Dalton Trumbo y los Diez de Hollywood ¿no sacará una visión distorsionada de la realidad? ¿no pensará que sólo fue una mala racha con estrecheces y no una auténtica cacería?. Quizás por ello los títulos de crédito finales intenten solventar esa dicotomía que genera el buen cine que choca con una realidad dulcificada. "Trumbo" es un producto destinado a gustar a la mayoría, de ahí que el toque dramático quede entrevelado por los momentos de relajación y de comedia, que terminan siendo mayoría y conducen al espectador por la senda de mantener una mueca de sonrisa permanente. Pero, ¿seguro que los diez de Hollywood y los miles de represaliados vivieron una vida tan "armónica" dentro de la persecución?. Trumbo era de los más famosos y reconocidos, sino el que más, que se opusieron a declarar ante el congreso de los EEUU en una comisión destinada a depurar a los elementos sospechosos dentro del sistema cultural norteamericano. Bajo la etiqueta de comunista, el país se dedicó durante casi 15 años a desmantelar todo aquello que se tildaba de "antiamericano" y escondía, simplemente, algo tan fascista como perseguir y prohibir lo diferente.


Trumbo y su esposa Cleo (Bryan Cranston y Diane Lane, espléndidos ambos) dan cuerpo a la resistencia innata de quien se cree con la razón y que el tiempo conseguirá recuperarla. Para eso pasarán tres lustros de penurias, de una economía de subsistencia en la que la película colabora en crear la imagen de un juego, una apuesta entre la inteligencia paquidérmica de un sistema anquilosado y que sólo puede perseguir lo notorio, y la mente brillante de uno de los mejores guionistas de la historia del cine. Para Trumbo lo importante es trabajar, no que su nombre aparezca en los títulos de crédito correspondientes. Por eso, y aún con la amargura del anonimato, cada triunfo de sus guiones se vive como una fiesta real, aunque en la intimidad de la familia. La resistencia y el triunfo del resistente se encuentra en conseguir trabajar y conseguir trabajo para sus compañeros de viaje, que antepusieron la dignidad a la mansedumbre del hombre vencido y humillado. Roach utiliza los clichés, el hombre bueno y fajador como Trumbo, la esposa abnegada, el resistente amargado y dispuesto a romper con todo en el papel del guionista Arlen Hird (Louis C.K.), el director odioso y repugnante encarnado por Sam Wood, la reportera venenosa Hedda Hooper (una sobreactuada Helen Mirren), el delator arrepentido y avergonzado en la figura de Edward G. Robinson, los valientes dispuestos a apostar su dinero con el mejor guionista y a romper la lista negra creada por los estudios de Hollywood encarnados por Otto Preminger y Kirk Douglas.........


Resiste y vencerás parece decir el subtexto de la película, pero en el camino muchos no pudieron resistir, ni tenían el talento ni el reconocimiento de Trumbo, por eso la película debe subsanar esa omisión al final, recordando, mínimamente, lo que supuso ciertamente la caza de brujas y el clima de paranoia instalado en el país, algo que parece no extirparse de ninguna de nuestras sociedades modernas. El tono de comedia aligera el drama, por eso el resultado final puede no hacer justicia a la realidad, una realidad que se resiente cuando en pantalla aparecen personajes mucho más conocidos y a los que no podemos asimilar los rostros que aparecen, la credibilidad y química del matrimonio Trumbo decae cuando es enfrentada a personajes como John Wayne, Kirk Douglas o el propio Preminger. La película funciona y es agradecida, su toque ligero no impide conocer la crudeza de una época que, aún hoy, advertimos en muchos aspectos de nuestras vidas contra el que se sale de la norma o del sentir de la mayoría. Es verdad que esa levedad deliberada puede producir que, tan rápido se vea, tan rápido se olvide, como esos dos años de prisión sufridos en los que la película también decide dar un respiro al protagonista bajo la protección de un preso que ha optado por parecer analfabeto para pasar desapercibido. Pocas cosas ponen más nervioso al poder que la inteligencia y la cultura, pocas veces se desnuda más a un político que enfrentándole a su ignorancia. Una mente brillante como la de Dalton Trumbo se consideraba un peligro por el hecho de pensar. Menos mal que no todos claudican, menos mal que hay resistentes dispuestos a decir lo que piensan y a actuar en consecuencia, a escribir obras grandiosas como Espartaco, Vacaciones en Roma o Jhonny cogió su fusil.