viernes, 27 de mayo de 2016

MI HIJA MI HERMANA (Les cowboys, Thomas Bidegain, 2015)

  MI HIJA, MI HERMANA (Les cowboys, Thomas Bidegain, 2015)

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Década de los 90, fiesta vaquera en alguna localidad indeterminada del norte de Francia, un matrimonio con sus dos hijos, chico y chica, ésta en la barrera de la mayoría de edad, se divierten, participan de los bailes, escuchan al padre cantar «country»......acaba la fiesta, y la chica no aparece. En las miradas de ella durante el festejo se advierte su incomodidad, como si no quisiera estar allí, como si todo aquello le fuera ya extraño y lejano, una obligación más que una celebración. Comienza la pesquisa familiar extrañados de la ausencia, y más aún alarmados cuando la desaparición se prolonga horas, días, semanas, meses. El punto de partida de Bidegain es atractivo, pero para llegar a saber qué o porqué ha pasado lo que el preámbulo expone su desarrollo es más bien decepcionante, lleno de vaguedades, ausencias, omisiones interesadas que, deduzco, no se saben solventar para que el andamiaje no se venga abajo estrepitosamente. El transcurso de los minutos me incomoda, detecto una nada sutil forma de dirigir al espectador hacia el discurso del odio y el miedo al diferente. Si no se pretendía, el resultado es malicioso, si se buscaba de propósito, es cobarde y torticero.



La primera película como director del guionista habitual de Jacques Audiard puede no tener peros que plantear en cuanto a su realización, a su estructura, su contenido visual, para dar imágenes a esa inacabable búsqueda de la joven mujer a lo largo de unos 15 años, ahora bien, el guionista de «Un profeta» o «De óxido y huesos» fracasa precisamente en lo que debería haberle sido más fácil, el guión, la historia. Adornada como western contemporáneo, la búsqueda coloca a buenos y malos de manera maniquea. Unos, guiados por el afán de encontrar y saber de la hija y hermana a la que se refiere el título, un invento fallido del distribuidor español que conduce más a la idea de una película sentimental que a un sucedáneo de cine negro, son perdonados de manera ininterrumpida y reiterada durante la historia por el único hecho de salir a la caza de los presuntos secuestradores, son los «vaqueros» de nuestra infancia. Los otros, los malos, los perseguidos, los peligrosos, los chantajistas, ventajistas, violentos, asesinos, son los musulmanes, los nuevos «indios». Da lo mismo en qué país, o en qué situación, cualquier musulmán que mantenga cierta ortodoxia en la vestimenta y costumbres, pasa a ser sospechoso, pasa a ser retratado como un ser peligroso, que sólo busca nuestra destrucción. Da lo mismo Francia, que Dinamarca, que Bélgica o Afganistán, nadie se salva. Si el espectador tiene dudas, el director-guionista ayudará a conducir su desviada mente, si se olvida de dónde está el mal del mundo, generalizando en toda una colectividad al completo los males de occidente, basta con ir recordando imágenes televisivas del 11S, del 11M, de los atentados de Londres......no salen los de París o Bélgica porque la temporalidad de la historia no lo permite, eso sí, los errores del lado de los «buenos» se silencian uno tras otro, no sea que seamos capaces de encontrar la trampa de la historia.

 El director decide y apuesta por ofrecernos su ideología, «no estábamos preparados, es una guerra», da lo mismo si el padre y el hijo pagan sobornos, se saltan la ley, portan armas, las disparan, matan o no. El director legitima su conducta al tiempo que mantiene en el punto de mira de manera permanente a la religión musulmana. No seré yo quien defenderá religión alguna, y menos seré tan ingenuo como para creer en la alianza de civilizaciones. Nuestra historia demuestra que si hay algo más incompatible entre sí son las ideas religiosas. Pero hay una enorme diferencia entre criticar religiones e identificar a toda una religión con los autores de las masacres en el mundo occidental. ¿Sentiríamos lo mismo viendo a un padre e hijo musulmán buscando a su hija, es un decir, usando cualquier medio, hasta las cárceles secretas de la CIA en medio mundo para rescatar al familiar perdido, y en el camino ver retratada de manera tan simple y unívoca nuestro modo de vida? ¿Qué nos parecería una pelicula iraquí (y las hay, como las hay norteamericanas o israelíes) en la que sufriéramos en nuestra mirada el efecto de los bombardeos indiscriminados de la «gran coalición»?. Planteada como película de aventuras se basa en un gran globo que se puede desinflar en cualquier momento, planteada como cine político la película es repulsiva. Hay una búsqueda sin fin culpando a los demás, pero sin autocrítica de ningún tipo. ¿Qué razones llevan a una europea caucásica a convertirse al islam y fugarse con un francés hijo de argelinos que, se supone, se radicaliza y pasa a formar parte del entramado yihadista? ¿qué oculta el pasado de ese padre en sus viajes, qué han hecho esos padres para conseguir ese resultado? ¿por qué ese padre no acepta la decisión de una hija y asume una situación forzada que nunca se llega a acreditar? ¿por qué ese hijo mantiene el empeño y reacciona impulsivamente cada vez que ve un atentado en televisión, qué le lleva a cooperar con ONG,s en el lugar a embarcarse con peligrosas compañías sin preparación alguna?


Demasiadas interrogantes en una película que, siguiendo la estela de los westerns, divide en buenos y malos de manera caprichosa, no admite grises de ningún tipo, identifica el mal y nuestros peligros modernos de manera ruín y zafia, juega a meter miedo al espectador con el «a ti también te puede pasar», no ofrece una visión normal de un musulmán como persona salvo que adopte las costumbres y modo de vida occidentales, que para mantener un ritmo inquebrantable precisa mantener un silencio forzado entre dos hermanos cuya separación es imposible una vez llegan a reencontrarse. Bidegain vende el discurso final de que las religiones son más poderosas que el amor familiar, que no hay nada capaz de romper la barrera entre personas de diferentes creencias. Bidegain quiere hacer una película sobre la fuerza y el tesón de una búsqueda y consigue hacer del padre un personaje racista y poco empático, pero lo que es peor, consigue que su película tenga un mensaje racista implícito, cuando no, en varias ocasiones, manifiesto.


Título original: Les cowboys Nacionalidad: Francia Duración: 114 minutos Director: Thomas Bidegain Guión: Thomas Bidegain y Laurent Abitbol Intérpretes: François Damiens, Finnegan Oldfield, Agathe Dronne, J,C. Reilly Productor: Alain Attal; Música:Moritz Reitz Fotografía: Arnaud Potier Primer pase: Quincena de los Realizadores de Cannes 2015