sábado, 14 de mayo de 2016

CONSTELACIÓN ALMODÓVAR (El Norte de Castilla, 7 de mayo de 2016)

Mujeres de verdad  y mujeres de ficción

CONSTELACIÓN  ALMODÓVAR

Si basta con ver unas imágenes para reconocer un estilo hay que llegar a la conclusión de que muy pocos directores lo consiguen. Hasta los errores de las películas de Almodóvar, las malas interpretaciones, las situaciones forzadas o grotescas, son tan propias  que, ni se pueden imitar, ni esconden a su creador. Para bien o para mal, existe la marca Almodóvar. También hay que reconocer su resistencia, apenas si quedan en activo directores de su generación que se hayan mantenido fieles al sello de «autor», los que no han abandonado han pasado a otros trabajos, o han decidido que lo mejor era hacer televisión para el cine porque lo importante son las cuentas de resultados y no las artísticas. 20 películas después, Almodóvar sigue en activo, sus mujeres cinematográficas también, pero su evolución tiene más de regresión que de novedad. Los papeles femeninos, 35 años después de contemplar a gente tan libertaria como ‘Pepi, Luci y Bom’, se han ido recluyendo en el estereotipo de la mujer sufriente por culpa del hombre. Las mujeres atrevidas y de rompe y rasga de su primer cine han pasado a convertirse en prototipos de eso que se ha dado en llamar el patriarcado más recalcitrante. Mujeres doloridas y carcomidas por la culpa, mujeres vacías y anhelantes de atención por parte de un hombre. Limitado el espacio de este comentario para explicarlo mejor, las mujeres feministas de Almodóvar han vuelto al pueblo, a las sociedades conservadoras y cerradas que tan bien dice conocer. A Almodóvar cumplir años no le ha vuelto más arriesgado, sino que ha adecuado su discurso a sociedades que han quedado ancladas sin evolucionar, como el propio país. La involución de costumbres renueva el discurso de la mujer sufriente. Aspirando a ser el nuevo rey del melodrama solo ha conseguido quedar estancado en tierra de nadie, buscando un estilo más depurado, menos afectado, su cine se ha vuelto muy conservador. La creación de estereotipos como «reflejo del universo femenino», «las chicas Almodóvar», ha ocultado la absoluta fagocitación de las actrices por parte del director, una vampirización de la que sólo una actriz completa como Carmen Maura ha sabido desintoxicarse.
Victoria Abril y Marisa Paredes pasaron de musas a olvidadas en apenas tres películas, su irrelevancia posterior en el cine español ha sido casi completa, incluso la cinematografía de Almodóvar desde su ruptura con Maura empezó a moverse en una oscilación de dientes de sierra que terminó por producir una caída en picado a la que no veo salida. Almodóvar perdió de vista el mundo que le rodea, dejó de querer cambiar su entorno o de retratar a esa nueva España que perdía el complejo de años de dictadura y represión. Cuando Almodóvar se apartó del retrato social o de la denuncia-expresión de mundos que existían, su cine empezó a decaer en mi interés. Mientras más procuraba Almodóvar crear papeles fuertes e importantes para sus mujeres protagonistas, menos relevantes me parecían y más humanos iban apareciendo sus secundarias. Si Almodóvar se iba alejando del «Madrid era una fiesta» de los 80 para aparentar un director serio y riguroso, sus mujeres iban diluyéndose en estereotipos de culebrón sudamericano y el entorno de sus películas olvidaba la realidad social de su país.
En el cine de Almodóvar se confunde famoso con actor, se confunde inexpresividad con dirección de actores, exageración con intensidad, en el cine de Almodóvar todo es perdonable porque es un triunfador, pero donde no ha perdido interés ni genialidad es en colocar mujeres aparentemente antitéticas a sus protagonistas, que con un par de apariciones, sitúan la realidad por encima del deseo. Si el último cine pasional de Almodóvar ha conseguido elevar a categoría la frase que Chus Lampreave le dirigía a Marisa Paredes, «ay, hija, tan joven y ya como vaca sin cencerro», porque todas sus mujeres parecen perdidas por una culpa que las atormenta sin justificación, y que las impide tomar decisiones autónomas a la espera de una redención ajena, son actrices como Kitty Manver, la propia Chus Lampreave, Lola Dueñas, Pilar Bardem, Eva Cobo, Carmen Elías, Verónica Forqué, Ana Lizarán, Candela Peña, Julieta Serrano o Amparo Soler Leal las que dan la verdadera medida de donde se encuentra la realidad y lo alejadas que se encuentran de la misma los personajes de Penélope Cruz, de Elena Anaya, de Marisa Paredes, de Emma Suárez o de Adriana Ugarte. Frente al histrionismo exagerado, a las pasiones convulsas de mujeres encerradas dentro de un orden tradicional, son las  que se cruzan, o comparten el escenario cercano de la sobredosis de tragedia, las que proporcionar un mínimo contrapunto de credibilidad y mesura a ese cambio de registro del director que no termina de encontrar su sitio. Si ‘Los amantes pasajeros’ fue el ejemplo claro de que el cine de Almodóvar no puede volver a ser lo que ya fue en los 80, ‘Julieta’ demuestra lo que las mujeres de nuestro país no pueden seguir siendo, no pueden ser ni sólo amantes, ni sólo madres, ni sólo dolidas personas llenas de culpa falsa. Una toalla no basta para transformarte en Bergman, leer los libros de Munro no significa que tus películas consigan transportar los sentimientos de la canadiense a la pantalla, las elogiadas elipsis casan mal con un excesivo uso de la voz en off para contarnos aquello que parece ser incapaz de mostrarnos en imágenes. Por eso, cuando pienso en los papeles femeninos de Almodóvar, en esas secundarias de lujo, tengo que recordar uno de los mejores papeles secundarios de su cine, ese Juan Echanove que daba consuelo a Marisa Paredes en ‘La flor de mi secreto’ y pienso que, si algún día el director consigue hacer dar a alguno de sus papeles femeninos la altura y personalidad de éste, es posible que Almodóvar me vuelva a convencer y deje de pensar que la frase «retrata como nadie el universo femenino» no sea más que puro marketing sin sentido.
Publicado en el suplemento "La sombra del ciprés" de El Norte de Castilla el 7 de mayo de 2016.