martes, 12 de abril de 2016

NUEVO CINE DE TERROR.- DE SITGES 2015


SUSTOS VARIOS. Última promoción de Sitges.

Cuatro películas de suspense, cuatro más o menos vistas muchas veces, con sus logros, fundamentalmente de ambientación, de atmósfera, pero con evidentes fallos de guión y gratuidad en sus prolongadas exposiciones. De mayor a menor agrado, un breve comentario sobre cuatro películas y una mula.

THE GIFT (Joel Edgerton, 2015).- Hay regalos envenenados, presencias olvidadas que reaparecen en la vida y de las que no mantenemos ni un recuerdo, que cuando vuelven tendemos a pensar que todo en el pasado fue fantástico y que, si han reaparecido, será porque guardan un buen recuerdo de nosotros.  Cuando Gordo (Joel Edgerton) reaparece en la vida de Simon (Jason Bateman) como un viejo compañero de colegio, empieza un periodo de reconstrucción del pasado, una sucesión de encuentros y visitas que empiezan a resultar agobiantes por su reiteración, más para la esposa del reencontrado, Robyn (Rebecca Hall). La evolución de la trama conduce de manera teledirigida a considerar a Gordo como un psicópata peligroso, un ser a exterminar, a erradicar de nuestra cotidianeidad porque nos perturba sin saber muy bien porqué, pero la verdadera valía de la película se encuentra en su desenlace, donde la revelación real de todos los personajes termina colocando a cada uno en su sitio. El progresivo deterioro que el personaje reaparecido provoca en la pareja Simon-Robyn oculta un verdadero propósito concienzudamente preparado. El regalo se convierte en venganza, tanto más dulce cuanto más fría sea, y en este caso es tan fría como que se ha mantenido a lo largo de veinte años preparándose y macerándose para intentar dar resultados. En su momento tuve mis reticencias con esta película, ahora creo que es la mejor de las propuestas de thriller-tensión-terror de esta hornada.


THE WITCH (Robert Eggers, 2015).- La larga sombra de las brujas de Salem se proyecta sobre esta familia, un matrimonio iluminado por su integrismo católico que es expulsado de su residencia por su exceso de devoción y fanatismo, que contraría hasta a una comunidad de puritanos. Cuando esta familia se traslada a una propiedad en las inmediaciones de un bosque, los sucesos paranormales comienzan, inicialmente de manera imperceptible, la simple amenaza del viento, el comportamiento de los animales, un conejo de mirada infernal capaz de causar intranquilidad. Lo siguiente serán las personas, los adultos desconfiando de la pubertad de su hija mayor, culpándola de cualquier contratiempo, señalándola con el dedo acusador del pecado. La desaparición del bebé de la familia y la visualización del sacrificio determina quién es la presencia maligna. El director, en vez de recrearse en el fantástico y en la amenaza de la bruja, comienza a introducir el elemento psicológico de sospecha que envenena las relaciones familiares, donde todos sospechan de todos y van cayendo en un estado de posesión diabólica cuyo precedente se encuentra en ese fanatismo religioso que los aísla y, al tiempo, les hace vulnerables. La representación del mal con figuras tan evidentes como ese macho cabrío no oculta la especial fascinación que produce, y que aumenta el clima de tensión, cuando son los más pequeños de la familia los que se convierten en seguidores del diablo. En esa paradójica acusación de brujería que la joven va sintiendo, y que amenaza incluso la vida de la misma, el macho cabrío se transforma en salvación y escape para quien no es creída ni respetada por su familia. El aquelarre que pone fín a la historia deja abierto el conveniente final preparando una eventual continuación que no debería tener lugar. En este caso la bruja se hace, y no nace, y además se hace por la mala influencia de los más apasionados defensores de la fe, una convincente película donde el terror procede, una vez más, del insondable y profundo bosque.



THE INVITATION (Karyn Kusama, 2015). Bien ambientada, bien diseñada, formalmente efectiva dentro de esa mansión lujosa de una familia de clase acomodada, “The invitation” funciona como un cruce de acoso y paranoia donde la directora juega con las cartas marcadas hasta el momento en que decide desvelar quién es el lado perturbado de la fiesta. Una reunión de amigos que no se ve desde hace un par de años porque en la última ocasión un niño murió golpeado por otro, es la excusa que sirve como motor de la reunión. Una cena, una aparente calma, un solo personaje que aparenta no haber superado la desgracia y comportarse como un paranoico que ve mensajes, alucinaciones y peligros en todo aquello que les rodea. La casa como elemento de tensión nos traslada a Buñuel y su ángel exterminador, sin pretender introducir en la intriga elementos de psicología o de crítica social. La progresión se mantiene y te coloca en expectación hasta que la directora prefiere obviar la pregunta que cualquier espectador poco conformista se hará, y lanza la resolución sin resuello, sin reflexión. Amparándose en el efecto de la sangre omite lo básico en la explicación del comportamiento. A mí no me vale la ausencia de razones al porqué de extender el final a todo el grupo si se trata de redimir del sufrimiento, puedo obtener explicaciones alternativas, pero me las tengo que inventar y entonces el castillo construido se desmorona.


10 CLOVERFIELD LANE (Dan Trachtenberg, 2015). Uno puede decidirse a mezclar géneros y resultar efectivo y convincente. Con la debida mesura y cálculo se puede armar un relato espléndido como el de “Bone tomahawk”, con referencias explícitas a muchos otros clásicos y no tan clásicos, pero si optas por tomar parte del argumento de películas como “El viaje de Felicia”, unirlo a “La guerra de los mundos”, introducir a un psicópata amenazante, pero al tiempo paternal, como John Goodman y pretender salir indemne del intento, hay que hilar muy fino, y “10 Cloverfield lane” no lo consigue, o no me convence. Me aburre soberanamente y no me consigue transmitir ese necesario punto de desasosiego, desasosiego que se recupera en un final que aparenta electrizante hasta que se introduce ese elemento fantástico que rompe la armonía del conjunto y le priva de toda credibilidad.


KNOCK, KNOCK (Eli Roth, 2015). Nada que decir, es la mula del comentario, un auténtico despropósito de un director que fue promocionado como la nueva esperanza del cine de terror y se ha ido convirtiendo en mero mercachifle del mal gusto y la realización chapucera, sin importarle interpretaciones, guiones o imagen. Un susto, si es que lo consigue, basta para justificarse, y no es así cuando el subproducto es demencial.