sábado, 9 de abril de 2016

NOC WALPURGI (Walpurgis night, Marcin Bortkiewicz, 2015)

 NOC WALPURGI (Walpurgis Nigth, La noche de Walpurgis, Marcin Bortkiewicz, 2015)



El 21 de septiembre de 1939, Heydrich ordenó crear ghettos y zonas “judenrats” en Polonia, creándose el de Lodz el 30 de abril de 1940, que llegó a albergar a cerca de 240.000 personas, un ghetto que entre el 5 y el 12 de septiembre de 1942 fue objeto de una de tantas buscas y secuestros, en este caso de todos los menores de 10 años y los ancianos, en otra de tantas acciones de genocidio que se sucedieron durante el dominio del nazismo en Europa. Como consecuencia de esa acción 15.681 menores terminaron en los campos de Chelmno –Nerem, sólo unos pocos, aquellos cuyos rostros parecían arios, se salvaron, sus madres judías nunca los recuperaron. Este es el contexto histórico en el que la película se desarrolla en abril de 1969, una noche del 30 de abril donde todo es posible, donde a la luz de las velas nadie sabe quién es quién o todo el mundo puede llegar a saber quién es.




En un convincente blanco y negro y en una ambientación retro conseguida, un joven que oculta una medalla con una inicial “R” en su pecho, acude a un edificio mitad teatro de ópera, mitad edificio de pisos, para hacer una entrevista a una diva en cuyo antebrazo aparece tatuado el número 80216. Habiendo sido una judía en el campo de concentración de Auschwitz, este periodista de nombre Robert tiene como objetivo conocer las verdaderas razones por las que una diva ya antes del exterminio, consiguió evitar las cámaras de gas y continuar con su vida tras la guerra. El tono irónico y pretendidamente hasta cómico de su inicio, va transmutándose en un relato de horror cotidiano durante la ocupación nazi y sus consecuencias. A lo largo de esa noche, Robert y la soprano Nora Sedler irán estableciendo un juego de representación en la que el falso periodista, aceptará la representación que le ofrece la cantante para recrear lo que fue ese tiempo, esos días de supervivencia. Entre vivencias de conciertos, compositores preferidos, directores más o menos tiránicos, Nora va convenciendo al joven para que adopte la posición y el papel del oficial nazi Thomas Henkel, un  SS-Hauptsturmführer,  capitán para entendernos, con el que mantuvo un juego desigual, de amor-odio, sumisión-deseo, víctima-verdugo, que la permitió sobrevivir, pero que no impidió que su hijo fuera deportado recién nacido.





Conforme la noche avanza, la psicología de los personajes va enloqueciendo, el testimonio que el joven busca pierde interés y los papeles se trastocan, del ansia de saber cómo se libró del holocausto físico, que no del emocional, se pasa al sentimiento de culpa por colocar a la víctima en la tesitura de confesarse con engaños, pero al tiempo, la cantante, de un inicial rechazo, no exento de autoprotección, a relatar lo sucedido, pasa a la necesidad de contar para purificarse, para expulsar los demonios de su interior y revelar aquello que ha ocultado porque es consciente de haber pertenecido a un grupo de judíos privilegiados, en este caso gracias a  su belleza y sus dotes musicales evitó su muerte, aun a expensas de ser denigrada como cualquier otro perseguido, convertida en doble esclava, sexual y operística, evitó la muerte pero no el sufrimiento ni el dolor. Los juegos de esa noche, las recreaciones de las situaciones vividas durante la opresión nazi en el seno de ese apartamento lleno de sombras, situaciones y tratamiento que remontan al más sórdido Polanski, al Polanski más “polaco”, no concluyen sino hasta la mañana siguiente, cuando las luces del día eliminan los restos de esa noche walpurgiana y revelan toda la intensidad del drama y del horror en un golpe de efecto, quizás excesivo y demasiado horrendo, pero que culmina con los títulos de crédito que inician este comentario. Breve relato que hurga en el pasado de un país siempre golpeado entre vecinos poderosos y en cuyo interior han persistido durante siglos la desconfianza hacia el judío y el predominio de un catolicismo invasor y demasiado influyente en la moral cotidiana. Nora va a morir en vida más que cuando sufrió la barbarie nazi a partir de esa noche, de debutar en la Scala pasó a ser la más joven y bella soprano del ghetto de Lodz, rescatada por la lascivia de ese Thomas que reclutaba judías hermosas y cultivadas, mientras Robert pasará a ser, desde esa noche, doble víctima de unos hechos ocurridos casi treinta años antes y de los que hasta entonces, había sentido indirectamente sus efectos, para pasarlos a sufrir en primera persona.