sábado, 30 de abril de 2016

LA VOZ EN OFF (Cristian Jiménez, 2014)


LA VOZ EN OFF (Cristian Jiménez, 2014)
Todo sobre mi padre

La voz en off es un recurso, a veces recurrente, otros barato, en ocasiones genial, mediante el que el director de cine suple con palabras interiores, o de un narrador que participa o no de la acción, aquello que no puede (por incapacidad), no quiere (elemento de riesgo que suele significar talento a la hora de planificar el guión) o no sabe (descalabro absoluto) mostrar en imágenes. En la vida de Sofía (Ingrid Isensee) se echa en falta esa voz en off que guíe sus pasos hacia la madurez, ella echa en falta una voz interior más sabia y más centrada, que diga lo que hacer ante ese desbarajuste prematuro en el que se está convirtiendo su vida. Recién divorciada de un practicante confeso del hinduismo, en medio de la busca del equilibrio para coordinar la educación de dos niños, practicando un vegetarismo ireflexivo, viviendo casi en una comuna familiar, sin trabajo estable, habiendo abandonado Santiago por su Valdivia natal, el paso del tiempo se acelera, pero Sofía no parece darse cuenta, prefiere ocultarse de las miradas de un amante casado, huir a la carrera para alejarse del peligro cuando el peligro es el que corre más que ella. Si la llegada de su hermana, que regresa de Europa para volver a vivir en Chile, pudiera significar un reforzamiento de la unidad familiar, la separación repentina de los padres produce un vuelco inesperado, una revelación que nadie podía suponer, una ruptura que transforma la película en un grupo de mujeres solitarias cuestionándose su pasado y su futuro.
Ese abandono familiar, esa ruptura, no muta el ritmo ligero y mundano de la película, a medio camino entre la comedia urbana y el desequilibrio emocional, van sucediéndose hallazgos y confesiones externas que van modificando la idea que las hijas tenían de su padre. Al tono amable y relajado de la historia se le empiezan a acumular datos, dudas, oscuridades, que hacen densa la evolución de la historia, lo pequeño empieza a transformarse en trascendente. Asumido el carácter reservado del padre, su laconismo, su falta de decisión, sus excusas, sus espantadas, los cambios sorpresivos de domicilio, nadie sospechaba que tras ello existiera un pasado oculto o desconocido, no sólo para las hijas, sino para la propia esposa y madre. El relato pasa del costumbrismo familiar al intento de investigación de esa figura paterna un tanto desvencijada, compatibilizar el respeto a un padre con ahondar en su intimidad, preguntar sin parecer que se está pasando factura, saber sin que se desprenda reproche en ese ansia de conocer. Convivir con una persona que se transforma en una especie de desconocido de la noche a la mañana, advertir que la hermana ausente es capaz de tener mayor grado de complicidad con ese padre que no quiere ser visto en público, luchar contra una madre que somatiza la ruptura una vez que ha luchado por no aceptarla y creer que se trata de una crisis pasajera que terminará con la vuelta del hombre a su casa, trastoca la propia existencia de la protagonista, que ya se encontraba suficientemente convulsa ante la falta de expectativas y de asideros.

Las hermanas asumen el papel realista frente a la obnubilación de la madre (la eficaz actriz de Gloria, Paulina García), un realismo que aplican al resto, pero que no saben utilizar consigo mismas, una creyendo que puede seguir trabajando poniendo voces en publicidad desde la distancia insalvable que la separa de la capital, conformándose con trabajar de camarera, y otra embarcada en un proyecto imposible para editar libros clásicos en mapuche, más empujada por un marido que ha fracasado con la financiación francesa y que embarca a su familia en un viaje al otro extremo del mundo para convencer a los propios de que se trata de una inversión rentable, que por decisión propia. En esa falta de conexión entre hijas y progenitores, surge el contraste de la connivencia y comunicación entre abuelas y nietas, como si la confianza fuera imposible entre generaciones directamente unidas por proceder unos de otros directamente, mientras que la distancia temporal permitiría mejor comprensión entre los más distantes. Al final la vida no ofrece un manual con preguntas y respuestas, cada uno se relaciona con sus problemas de la mejor manera que sus recursos le permiten afrontar, nuestras voces en off no dejan de ser cintas pregrabadas en las que nuestra mente no hace sino rondar y rondar alrededor de la misma idea sin encontrar soluciones, por eso Sofía echa en falta la claridad del narrador omnisciente que, todo lo controla y todo lo resuelve. Preocupada por saber aquello que el padre ocultó, deja por el camino, abandona, la idea necesaria de conocerse a sí misma un poco mejor, de preguntarse los porqués de su situación, de asumir que se encuentra en un momento de estancamiento del que no está haciendo nada real por salir. La misión de saber todo sobre su padre es una excusa para no saber casi nada de si misma, cuando perdona a su padre, el padre le responde la realidad, «no te he pedido perdón», pero Sofia insiste en perdonar, porque si ella no hace ese gesto inútil y egoista, todo su esfuerzo en esos meses habrá sido otro fracaso más en su vida, y eso no lo puede asumir ni aceptar.