jueves, 28 de abril de 2016

INFORME GENERAL II EL NUEVO RAPTO DE EUROPA (Pere Portabella, 2015)





INFORME GENERAL II.- EL NUEVO RAPTO DE EUROPA (Pere Portabella, 2015)



Cine político esencial, las obras de Pere Portabella resultan importantes para conocer el momento en que se rodaron, ya para hablar del arte o de la situación social de España, y ese pulso propio no se pierde en este segundo informe general donde nos coloca, frente a frente, con la tesitura de admitir si vivimos en una democracia, si aquella transición dejó muchos lodos en los cauces de la política, si ahora hemos declinado la rebelión y hemos asumido y admitido el poder omnímodo de las corporaciones. En un movimiento pendular entre Madrid y Barcelona, entre el Museo de arte Reina Sofía y el CCCB, Portabella rueda una película conversada. La pantalla se transforma en el ágora pública del que están excluidos los ciudadanos en los medios convencionales, y la conversación fluye, naturalmente adulterada por el montaje y la selección de los momentos, pero formando una radiografía de un país lleno de personas con formación sobresaliente, a las que nadie hace caso a la hora de tomar las decisiones importantes.

El discurso de la película es notoriamente anticapitalista, pero militando en ese anticapitalismo que actúa en defensa de los ciudadanos por encima de los intereses de clase privilegiada, de esas élites rimbombantes que adornan sus discursos con la nada más absoluta. En este proyecto, Portabella hurta deliberadamente la voz a los que mandan y se la entrega a aquellos que desde 2010 han decidido que la calle es el verdadero lugar donde se juega el futuro y el cambio de modelo. No hay marca España que reivindicar en un país como éste, pero si hay muchos españoles y españolas que con su trabajo, su pensamiento, su comportamiento diario intentan, y a veces, consiguen, modificar derivas absolutistas, cambiar interpretaciones, atemorizar al poderoso en ese abuso sistemático de su posición ventajosa para que admita reducir sus beneficios o aprovecharse menos de la situación asfixiante que padece la mayoría. Para esto se necesitan líderes, no sólo gente que haga fuerza y presión, sino cabezas visibles alrededor de las que se articulen nuevos proyectos, pero cualquiera de las personas que hablan ante la cámara podrían ser líderes con mejor discurso y contenido que los que se arrogan el papel de dirigentes.


La película, manteniendo conexiones entre unos y otros, se crea a partir de bloques temáticos, el arte, la cultura, el papel de los llamados “contenedores culturales”, la invasión de lo público, la reacción ciudadana, las marchas de la dignidad, el 15M, el proceso independentista en Cataluña, la ecología, el modelo nada sostenible de la economía mundial, el abandono de la ciencia, la corrupción, Podemos…….un amplio catálogo de realidades en las que Portabella hace la película activista por excelencia, sin necesidad de tomar partido por ninguna de las opciones, pero si dejando claro que la ciudadanía quiere modificar las cosas, aunque no olvida que otra parte no menos importante, prefiere seguir bajo el manto protector del corrupto conocido. Portabella usa todo tipo de imágenes, propias y ajenas, elaborando con las rodadas, movimientos de cámara envolventes que nos sitúan dentro de la conversación. Habiéndolos, el director no se acomoda al plano-contraplano entre los interlocutores, sino que la cámara deambula a su alrededor para aportar la necesaria connivencia, introducirnos en el diálogo para interactuar con él, en ese sentido la conversación entre los científicos de la delegación del CSIC en Cataluña es un ejemplo envidiable, no sólo por el contenido, sino por la forma, como lo es la forma de rodar la conversación entre seis miembros de la dirección política de Podemos, con esos planos circulares que, al tiempo que reivindican la idea del círculo, encierran a sus integrantes en el dogma sin fisuras.



Aquellas interrogantes que en 1976 se abrían en relación con el futuro político y social del país se mantienen, y en muchos de los casos, inamovibles y agravadas. El asalto, la ocupación sistemática de las instituciones públicas, por el poder económico, se ha traducido en una merma de la calidad democrática de un país que se encuentra indefenso para proteger sus derechos cuando quienes por su cargo lo deberían hacer, han decidido no ejercer sus funciones. En esos diálogos a dos o hasta a seis, Portabella permite que sean cuestionadas instituciones culturales, políticas, económicas, judiciales. Para ello parte de un ente que ahora se pone en cuestión. ¿Para qué sirven los museos en la actualidad? ¿Qué visión prima en la conservación de un patrimonio? ¿No será la realidad de un museo un muestrario de la acumulación de propiedad, una transmisión de los modelos capitalistas de especulación al mundo del arte? Las proporciones de los museos saltan por los aires cuando ya no se puede competir en el mercado del arte al ser más poderoso el poder privado que el público, el museo se transforma en un canon para acabar con la libertad creativa, sirve para determinar lo que es elogiable y lo que no, lo que, en definitiva es rentable, es decir, el triunfo del capital sobre la propia institución, partiendo de un museo se retrata el modelo económico imperante en todos los ámbitos de actuación.



El modelo museístico sirve para cualquier otra realidad pública, en la conversación sabrosa entre el director del Reina Sofía y un estudioso italiano nada es superfluo ni impostado, y sin embargo, una imagen que precede a esa conversación resume a la perfección en lo que se han transformado nuestras instituciones. Una cámara aborda pasillos y salas vacíos del museo, sus tripas institucionales, hasta llegar a la sala donde se reúne el patronato. La cámara pasa por encima de la mesa y a izquierda y derecha va dejando sillas vacías sobre las que se rotula el nombre de quien las tiene que ocupar. Más allá de la preparación académica de cada persona, si la tiene, tan solo dos personas son expertos en el mundo del arte, son mayoría los directores generales y presidentes del IBEX 35, los cargos políticos designados a dedo, las personas que han de figurar por ornato, la institución ha quedado, por la vía de una fundación, en manos del mundo financiero con un simple plano magistral donde la imagen y el subtexto completan el mensaje. Otro momento cumbre de la película se concentra al final de la misma, asistimos al proceso de creación de una urna, una mecanización absoluta del instrumento que representa la participación ciudadana por excelencia. Una mecanización que se ha trasladado al momento de votar, consagrando la idea de una fiesta de la democracia, el sistema ha inculcado en la ciudadanía que sólo se le va a preguntar una vez cada cuatro años, y a partir de entonces se funciona como en un consejo de administración donde los accionistas siempre están en minoría por mucho que protesten. Esas urnas apiladas en una nave se parecen a una multipantalla, se superponen sin problemas sobre la fachada principal del CCCB, las urnas y las personas son lo importante, las primeras para conseguir el cambio del sistema y las segundas para perder el miedo a equivocarse.

 


No esconde Portabella tampoco los aspectos polémicos de este país, el más inamovible parece el secesionismo catalán, y lo muestra desde el punto de vista del origen masivo de la desafección y su evolución posterior. Ese estatuto de autonomía recurrido ad hoc para una comunidad y vigente en otras con el mismo articulado, es la mecha de un problema latente. Que se muestre el pensamiento de una opción no ha de significar que se comparta, identificar un nuevo país a crear con una reforma del modelo cuando las estructuras que lo sustentan son las mismas, resulta, como poco, ingenuo, pero en el fondo subyace la misma idea de que la ciudadanía ha llegado al punto en que se siente vencida, y sólo mediante un cambio de modelo podrá aspirar a imaginar un futuro mejor, sea siguiendo nuevas banderas o nuevos políticos, pero el pensamiento uniforme de quienes nos hablan es el de que el sistema se ha agotado por abuso, por actuar contra los intereses del común y por amparar sistemáticamente al poderoso, o por dejar a éste regular en su beneficio mediante los lobbies o las colocaciones estratégicas de personas que entran y salen del mundo político al empresarial sin rubor ni conciencia de comportarse de manera inmoral.
 


Dinero más política es el fin del sistema, es el rapto moderno de Europa, secuestrada y sepultada bajo la palabrería del mercader. La transición dejó sentadas las bases perversas que iban a permitir el florecimiento de la corrupción política, la película en el tramo en el que se habla de corrupción y de la dejación judicial en su persecución, se muestra en blanco y negro para, por un lado remontarnos al origen y, por otro, lo que oscurece el presente. La corrupción tiñe el espacio público y compromete nuestra supervivencia como sociedad armónica, cuanta mayor sea la desigualdad mayor será la corrupción, porque al aumento de poder le va a seguir la impunidad. Cuando el sistema habla de Podemos como una amenaza consigue que el ciudadano crea en ese slogan, olvidando que la amenaza es el sistema actual, es el poder actual el que se convierte en amenaza para sus ciudadanos, ausentes y alejados de la participación política. Los engarces de temas de Portabella no son aleatorios, capital, arte, instituciones asaltadas, corrupción, justicia, desigualdad, nuevo modelo, falta de democracia, ciencia y urnas crean un camino, desilusionante por la realidad pero con esperanzas porque mediante la recuperación de la calle cabe una remota posibilidad de pensar en una verdadera regeneración. Desde que la película se terminó han pasado muchas más cosas, se han incrementado las sensaciones de corrupción e impotencia de la política para resolver los problemas por sus condicionantes externos, los nuevos partidos opuestos a mantener el sistema actual han podido erosionarse sin llegar a conseguir influir en la vida diaria, pero sea cual sea la deriva del país en los próximos años, el retrato generacional de la película es espléndido, en 1976 se documentó un mundo que salía de 40 años de represión y fascismo y parecía optimista, y 40 años después refleja ese mismo mundo y sus nuevos problemas, junto con los antiguos agravados, para los que la perspectiva es desazonante. No habrá una tercera en 2055, ni muchos lo veremos, pero no se puede ser optimista con la evolución de este país y su historia.