viernes, 15 de abril de 2016

FREEDOM TO KILL THE OTHER,S CHILDREN- ON NATION and other dogmas





FREEDOM TO KILL THE OTHER,S CHILDREN (David Varela, 2016)- ON NATION (and other dogmas) (Zavan, 2016)

CINE POLÍTICO EN ESPAÑA.


Esto ya lo he dicho muchas veces, pero no por repetirlo va a cambiar ni yo voy a dejar de pensarlo. Quien crea que el cine español es lo que está en los cines, se equivoca. El cine español no es la comedia romántica, la promoción de actores televisivos o el cementerio de elefantes de directores que vivieron glorias en el pasado por las que siguen exprimiendo su talento agotado. No, el cine español más novedoso, más comprometido, más radical, está en las plataformas on line y en los festivales, es un cine que no aspira a arrastrar grandes masas tras de sí, ni a ser reivindicado como paradigma de nada. Existe como necesidad lógica de las esperanzas artísticas de multitud de creadores dispuestos a empeñar su propio dinero en sacar adelante proyectos, más o menos acertados, ante la tradicional abulia cultural del país. Desde la transición ha habido mucho cine político y reivindicativo en este país (Portabella y Jordá a la cabeza). Mayoritariamente desconocido, pero eso no nos puede extrañar, la gente vive de espaldas y considera ya normal que la desfachatez y la mentira se instalen en nuestros salones a diario, ahora bien, esta dejadez termina por insensibilizarnos ante el crimen, y no hay peor ejemplo que el crimen instalado en el poder con la ayuda de una ciudadanía enmudecida por la indiferencia. Que el 15M sirvió de revulsivo para que se multiplicara exponencialmente el servirse de la imagen para transmitir ideas no es cuestionable, pero el envite no ha quedado ahí, ha progresado y hoy escribo de dos mediometrajes que funcionan como una sucesión de puñetazos en el estómago sin necesidad de recrearse en lo sangriento o en lo morboso el primero y extrayendo pedazos de la realidad el segundo. La demagogia es inherente a nuestra vida diaria, y su uso tampoco es malo per se, puede ser ruín si se utiliza para desviar la atención, para sacar conclusiones equivocadas partiendo de elementos incomparables. Colocar dos imágenes y modificar la banda sonora sólo significa que no hay tanta diferencia entre unas sociedades y otras, entre unas épocas y las actuales.


FREEDOM TO KILL THE OTHER,S CHILDREN.


David Varela, cineasta comprometido, programador de DOCMA, documentalista experimentado y experto en este tipo de lenguaje cinematográfico, realiza una exposición, a la par convincente e inteligente, sobre el conflicto (eufemismo para calmar conciencias) entre Israel y Palestina. Un conflicto desigual donde muere gente de ambos lados en proporciones desequilibradas. No seré yo quien niegue el derecho de Israel a defenderse, sólo que si las formas utilizadas por Israel hubieran sido utilizadas por Palestina, hace tiempo que éste embrión de país hubiera desaparecido del mapa.  Varela utiliza el viaje personal para justificar el germen de la película. Coincidiendo con un viaje vía Egipto a Jerusalén, llega  a Ramala. Intrigado por la coincidencia de unas negociaciones para dejar en libertad a un soldado israelí que lleva secuestrado por milicias palestinas 5 años, Varela explora, sin dar juicios personales, las reacciones a uno y otro lado de la frontera. El soldado va a significar la liberación de 1000 presos palestinos a cambio, los palestinos celebran la liberación pero lamentan los miles de presos que permanecerán recluidos. Varela entra en Israel y se dirige al pueblo del que es originario el soldado, se prepara su recepción, banderas, gente, expectación, las mismas sensaciones que en Palestina, la misma imposibilidad de pensar en cómo arreglar el problema si es que, a estas alturas, cabe solución diplomática alguna. La sociedad del espectáculo funciona a toda máquina, el despliegue de medios israelí para trasladas al soldado, la utilización política del evento, el retorno del héroe no se diferencia del retorno de los palestinos, el uso de las banderas tampoco, de imágenes religiosas, de imágenes del soldado o de los liberados, de los muertos, de los líderes. A uno y otro lado se celebra lo que no deja de ser un ejemplo más del fracaso de la humanidad en forma de consecuencias de la guerra. 


No hay diferencias, podemos oír proclamas y reivindicaciones en árabe mientras un grupo de ortodoxos judíos reza y se balancea rítmicamente en un cementerio, la banda sonora no nos sorprende porque cabe superponerla con las imágenes sin que el conjunto resulte incompatible. El director nos reserva sus momentos más conseguidos en el tercer y cuarto segmento de la película, sobre las voces del soldado liberado, la noticia informativa, el uso periodístico sin análisis, las imágenes se tornan mensajeras de la barbarie. Una cámara fija nos demuestra cómo Israel reacciona a las provocaciones volando una casa, pero no estamos ante una casa abandonada y evacuada, es una casa en mitad de una población, una casa alcanzada sucesivamente por tres misiles que ocultan, en una nube de polvo y destrucción, lo que ha ocurrido. Como si la voz del secuestrado despejara esa nube que nos impide ver, empezamos a comprobar las consecuencias de la barbarie, del delito de lesa humanidad, del bombardeo de población civil sin remordimiento alguno. Varela usará imágenes de archivo para mostrar ese resultado infame, el de la muerte de inocentes, el de la destrucción completa de un hogar seleccionado. El control de la información en una sociedad democrática es más criticable que en un régimen autoritario y censor, de éste no se puede esperar otra cosa, del primero no se puede esperar que ocurra, pero si al israelí se le oculta lo que hace su ejército y su gobierno, la manipulación del conocimiento se consigue con facilidad. Una pantalla dividida en cuatro pone punto y final al experimento, cuatro imágenes cuyo sonido se mezcla, se distorsiona, se hace ininteligible como el diálogo entre uno y otro gobierno, entre Israel y Hamás, entre víctimas heridas y llenas de odio, siempre es más fácil matar a los hijos de los otros que pensar que los nuestros pueden ser los siguientes si no nos entendemos. La filosofía y los principios sólo sirven, ahora, para que un bebé juegue con ellos.


ENLACE A LA PELÍCULA COMPLETA



ON NATION and other dogmas.



Zaván, persona, o personas, que siguen manteniendo su anonimato tras su creación audiovisual, no necesita crear imágenes propias para denunciar el abuso del poder. Su anterior película, “Del poder”, centrada en las revueltas y represión de la cumbre del G8 en Génova ya lo demostró, ahora en “On nation” se apunta más alto, se dirige la crítica a todo aquello que parece intocable, no criticable, inamovible en nuestras sociedades donde el dogmatismo se mantiene. Una sociedad dogmática puede, en cualquier momento, trasladar e imponer alguno de esos dogmas y excluir o eliminar al disidente. Zaván usa imágenes de archivo, antiguas y modernas, manifestaciones de júbilo pasadas y presentes, y todas ellas con un propósito definido, que en el comportamiento humano la manipulación de la masa mediante las banderas, la represión, la religión, la guerra, ha sido continua. Nada hay más ridículo que una masa enfervorizada celebrando, a golpe de bandera, el maravilloso país en el que se vive porque unos deportistas han ganado una competición, como si el éxito fuera de todos y eso representara a alguien. Confundiendo país, bandera y deporte, las exaltaciones se parecen mucho a las de la muchedumbre que recibe a un papa o a la que recibe en Nuremberg a Hitler. ¿Esto es demagogia? Por supuesto, pero los comportamientos se repiten, y se repiten desde el dogma, desde el no cuestionamiento de ninguna posición firme y asentada, desde el seguidismo de la masa a lo que hay que hacer para no destacarse del grupo.



El grado de inhumanidad que produce la guerra es consustancial a la misma esencia del conflicto, lo que ya resulta monstruoso es reírse de la víctima, Zaván usa imágenes reales de la guerra de Vietnam, de un bombardeo con napalm en el que el piloto celebra el resultado, el achicharramiento de la población, combatiente o no, y cómo es más fácil ametrallarlos cuando huyen del fuego, y para demostrar que nada ha cambiado le siguen imágenes de la guerra de Irak, de esa guerra moderna en la que desde una sala de mando, y con drones, se ametralla a un grupo de personas, se las remata, se espera que alguien venga a evacuarlos y se ametralla y bombardea a los que acuden en su ayuda, el operador se ríe cuando un tanque pasa por encima de un cuerpo, y cuando llega la infantería se le prohíbe evacuar a los niños heridos. La guerra produce consecuencias, y para eso nada mejor que ilustrarnos con viejas películas de la primera guerra mundial, los rostros deformes de soldados franceses como consecuencia de aquello. El culmen de la guerra es mostrar un campo de exterminio, las imágenes de Resnais con la banda sonora de los anuncios de las empresas que, ahora son multinacionales, pero que no dudaron en usar mano de obra esclava, AEG, BMW, BASF, SIEMENS, THYSSEN, AUDI, BAYER…….y como colofón un anuncio israelí de un coche alemán, para que no haya dudas de que el pasado, mediante dinero, se olvida rápidamente.


El respeto y obediencia exigido por un ejército no es muy diferente al respeto y obediencia que proclama la curia vaticana, qué diferencia hay entre un ejército que saluda brazo extendido o puño en alto, qué diferencia hay entre el rostro encendido y alegre de quien saluda al papa o quien saluda a Hitler. El dogma carcome la capacidad de raciocinio del individuo, le asemeja a una masa informe sin espíritu crítico, y, además, el espíritu crítico del individuo no puede oponerse a la masa irracional. Son imágenes verdaderas, imágenes de películas clásicas y documentales de la época, imágenes sacadas de los propios servicios propagandísticos y militares de los estados más o menos libres que las han filmado, pero el resultado conjunto es el de una denuncia necesaria, aunque seguramente inútil, como la de todos los esfuerzos que conducen a la melancolía. Son muchos siglos, todos, comportándonos de la misma manera.

 https://vimeo.com/159232928