martes, 15 de marzo de 2016

JANE GOT A GUN (Gavin O Connor, 2015)

JANE GOT A GUN (Gavin O,Connor, 2015)



No deja de resultar interesante que coincidan en el tiempo películas de ambientación similar y comprobar el diferente alcance de cada una, cómo lo que parece demasiado manoseado en el género del western, puede tener varias vueltas de tuerca y cómo lo manido y convencional puede seguir reiterándose hasta la saciedad. Lo digo por la más que inevitable comparación entre esta “Jane got a gun” y la excelente “Bone Tomahawk”. Puede no resultar justo comparar películas entre sí porque cada una corresponde a un modelo, a una finalidad, a una concepción diferente. “Jane” tiene todo lo necesario para terminar siendo una buena película, y sin embargo, sean las razones que sean, fundamentalmente un guión plano, más problemas de rodaje, el resultado final es decepcionante. Un reparto con  Natalie Portman, Joel Edgerton, Ewan Mc Gregor y Noah Emmerich ya es una buena señal, pero quizás sea la única del producto, que se mueve en las peligrosas aguas que tratan de agradar a todo el mundo, y termina discurriendo, lenta  y paulatinamente, hacia la nadería del desenlace previsible, el empalago fácil y una muerte providencial para mejorar el futuro de una pareja.








Estamos ante un western de frontera, Nuevo México año 1871, con los coletazos nada aprovechados del final reciente de la guerra civil, (en la banda de los Bishop se intuyen gorras confederadas) y estamos ante una historia de venganza que se quiere contar a modo de flashbacks que vayan informando al espectador sobre lo que ha sucedido antes de 1871 entre Jane y su esposo Bill (Noah Emmerich), entre Jane y Dan (Joel Edgerton) y entre Jane y los Bishop, aunque al final esos flashbacks argumentales tienen poco sentido, porque de la propia narración en el momento presente se podría deducir gran parte de lo que después se nos pretende enseñar por primera vez. Esa venganza, como casi todas, tiene su origen en un pasado que nos obliga a borrar huellas y rastros, desde que se consuma un acto de legítima defensa, la vida de Jane, y la de Bill Hammond , valen lo que consigan permanecer ocultos y en ignorado paradero. Los Bishop son quienes quieren vengarse, aunque su venganza provenga de un acto criminal propio, eso para ellos no será excusa, la sangre sólo se limpia con más sangre.





Si la transformación física de Jane hace presumir un pasado como pistolera, olvidemonos del guiño inmediatamente, su transformación en cowgirl obedece a su necesidad de pedir ayuda y de crear una imagen atractiva para la publicidad de la película, si la mujer no puede defenderse por si sola, tendrá que pedir ayuda al exnovio, un ex no querido, sino abandonado por las circunstancias de la guerra, por la creencia de que estaba muerto al haber dejado de tener noticias suyas durante años. Una presencia que Jane ha mantenido constante en su memoria, un fantasma del pasado que debería atormentar a Bill, el asesino, bandolero con corazón, el rescatador de la princesa que hace frente a su acto de contricción y asume que, en el pasado de esa mujer hay amor perdido, y que en su presente existe, en el mejor de los casos, cariño y respeto. La película podía haber sido oscura, muy oscura, muy retorcida, pero es transparente y esquemática, pasa de puntillas por toda complejidad moral y de sufrimiento, opta por el camino fácil de pistolas, explosiones y rifles. Los personajes no tienen doblez alguna y sus comportamientos cumplen al pie de la letra lo que cualquier moralista determinaría de antemano. No hay perdón para los malvados, no hay castigo para los buenos, queda la muerte dulce para el que se haya arrepentido. La película cabalga inexorablemente a un desenlace premeditado, un asedio y un duelo final, una traca balbuciente para que Natalie se suelte la melena.





No me atrevo a decir que sea mala  película, las interpretaciones, salvo un “pasadísimo” Ewan Mc Gregor, son correctas, en especial este Joel Edgerton a quien hay que seguir con más atención por si asume algún papel de relumbrón (The gift se sostiene solamente por su presencia amenazante, la película tampoco da para mucho más), el tratamiento visual no es espectacular, ni saca partido del siempre gozoso, cinéfilamente hablando, paisaje del Oeste norteamericano, pero se mantiene en esa corrección que no molesta, no se exagera de la banda sonora aunque ciertos ritmos quedan muy mal con escenas de cabalgadas a caballo, no, no es eso, lo que ocurre es que no aporta nada nuevo, y lo que es peor, ni tan siquiera lo ha intentado. Uno puede equivocarse en el riesgo, lo imperdonable es fallar sin arriesgar, ofrecer producto caducado con envoltorio de lujo y cuando abres el paquete comprobar que huele a rancio. Una pena, si, a mí, que el western me apasiona, que me descubro ante esos héroes ajenos a la moralidad unos, y siempre pendientes de la moralidad de sus actos otros, intrépidos pero midiendo la escala del miedo que no puede faltar, el miedo a morir, por eso esta película me resulta totalmente intrascendente. No deja de ser paradójico que austriacos, daneses, neozelandeses, británicos….en los últimos dos años hayan ofrecido absolutos productos redondos copiando el modelo norteamericano y el país de origen se mantenga, inamovible, perpetuando esquemas archisuperados con resultados trasnochados.