domingo, 27 de marzo de 2016

JAMES WHITE (Josh Mond, 2015)


JAMES WHITE (Josh Mond, 2015)

Cuando estamos acostumbrados a ser rescatados siempre, a que en el último momento aparezca un cabo que nos evite el naufragio definitivo, cuando intentamos dar una patada en el fondo para salir a flote pero ese fondo ha desaparecido, el miedo, el terror, la angustia sobreviene sin consuelo. Algo así le ocurre a James cuando, una vez que su madre ha sido dada de alta y parece que ha superado un proceso cancerígeno, recae y carece de toda expectativa de curación. Hasta entonces esa madre era el respaldo, el consuelo, el apoyo, la excusa para no independizarse durante el largo proceso curativo anterior, la justificación perfecta para no trabajar, no independizarse, no relacionarse, en definitiva, para eso que llamamos “madurar”, “asumir responsabilidades”. James en un falso adolescente, un treintañero sin responsabilidades a quien la vida le ha sido regalada pero que se considera injustamente maltratado, un personaje maravillosamente definido por el guión y por la interpretación de Christopher Abbott.


James es un ser enrabietado, sin rumbo, sin expectativas ni proyectos, dirigido a la autodestrucción sin sentido. Anclado en la bahía apacible que supone vivir con su madre, ese último refugio de tranquilidad salta por los aires al tiempo que el estado de salud de ella se resquebraja y desaparece. Cuando la película empieza asistimos a una larga noche solitaria en una discoteca neoyorkina, beber, drogarse, perder la razón y la consciencia hasta el amanecer, todo ello como preámbulo para coger un  taxi y dirigirse al domicilio materno, en el que están reunidos los familiares como consecuencia de la muerte del padre, un padre divorciado de su madre y nuevamente casado, un padre con el que James sólo guarda el rencor del abandono y el presumible daño a su madre. Esa escena inicial refleja la personalidad de James, rehuir los problemas, no afrontar las responsabilidades, huir, en definitiva, en los momentos en que la vida te exige un paso adelante y comportarte de manera adulta. No estar cuando se te espera, no ayudar cuando estás.



Nadie te va a resolver las dudas de la vida de manera permanente, James es una compañía ideal para ir de fiesta, para vivir un romance, para no tener horarios ni trabajo, aunque siempre con ese punto autodestructivo que define su pose de malditismo. Cuando en su escapada mexicana recibe la llamada de su madre pidiendo ayuda, el mundo se colapsa para James, aquello que empezaba a encajar (aún con la inconsciencia de seducir a una menor de edad), a recuperar cierta alegría de vivir, a poder pensar en planes tan descabellados como un matrimonio con alguien a quien se acaba de conocer, se desmorona. La vuelta a Nueva York dinamita las escasas defensas de James, asume la responsabilidad de cuidar a la madre enferma, pero siempre con la puerta abierta, con la innegable disposición a salir corriendo, a abandonar la tarea a medio camino, a huir de lo que no se quiere afrontar ni ver.


Es “James White” el retrato solvente de una persona asustada y  enfrentada a uno de los trances más complicados en la vida, la muerte anunciada de los padres, el momento en que pierdes los referentes que te preceden, un trance del que James sale prometiendo haber aprendido la lección, aunque el plano final quizás nos enseñe la verdadera naturaleza de sus propósitos. James huye física y emocionalmente, encerrándose en sí mismo y provocando estallidos de violencia ante la frustración de que las cosas no salgan como desearía, es una persona que ha pasado de la superprotección al abandono. En el camino queda todavía algún amigo fiel, de los que saben perdonar las flaquezas, o que no tienen en cuenta las miserias humanas porque todos las tenemos. Se trata de una película que jugará con la etiqueta de cine independiente, pero en la que el uso de la cámara es perfecto para reflejar la deriva de un personaje retratado primorosamente, esa cámara nerviosa, sobre el rostro de James es el reflejo de su angustia, de su falta de dirección, de su orfandad absoluta y falta de respuesta a los problemas. De eso, sólo de eso y nada más que eso, trata la película. Y no es poca cosa conseguir definir tan bien un personaje durante la película, mérito del director en su primera obraa, productor, entre otras, de otra revelación, en este caso de 2012, “Martha Mercy May Marlene”. Ganadora de premios en Locarno y en Deauville, conviene seguir de cerca posteriores obras del director, su primera película es prometedora en el retrato de un ser en ruinas que no tiene razones objetivas para encontrarse así, porque como dice el personaje de la madre, los White saben disfrutar mucho de los momentos altos de la vida y sufrir como nadie en los momentos más bajos, pero lo que no saben es vivir en el medio, en todo ese largo tiempo que transcurre entre lo mejor y lo peor. James dice que lo ha aprendido, a costa de quedarse sin asidero, es posible que sea consciente de ello pero que no sepa superar el tedio de la vida sin emociones extremas.


Título original: James White; Año: 2015; Duración: 85 min; País: Estados Unidos; Director y guión: Josh Mond; Fotografía: Mátyás Erdély; Reparto: Christopher Abbott, Cynthia Nixon, Scott Mescudi, Mackenzie Leigh, David Call, Ron Livingston; Productora: BorderLine Films / Relic Pictures