martes, 8 de marzo de 2016

ANNA (Jacques Toulemonde, 2015)


ANNA (Jacques Toulemonde Vidal, 2015)



Hay ocasiones en las que sólo desde la distancia, uno puede mirarse de cerca y reconocerse. Una distancia insalvable como la que desdobla un cerebro para provocar la existencia de dos personas en una. La distancia entre Paris y Bogotá es mucho menor que la que media entre el cerebro ordenado de Anna y el psicótico de Anna, que siendo un solo cuerpo, se transforma en dos personas que no se mezclan, que mantienen un duelo psicológico en el que la manipulación, el dolor, la angustia, se incrementan cuanto más consigue el cerebro enfermo imponerse al sano. Una distancia que se hace enorme cuando te encuentras fuera de tu país, cuando lo que te rodea es extraño y tu vida se ha ido a pique dejando por el camino un ex y un hijo al que un juez ha determinado que la madre es una presencia peligrosa.




Las distancias se asemejan a los circuitos cerebrales de Anna, obligada a hablar en francés y en español de manera simultánea y hasta continua, con un hijo francoparlante y un amante francés, la huida a Colombia para encontrar el paraíso se transforma en una road movie de final más que evidente, pero no por ello, arrasador. La búsqueda de ese espacio de absoluta libertad en el que moverse sin ataduras, sin las presiones del día a día que bloquean y cortocircuitan el débil equilibrio de Anna, no deja de ser una mentira autoinventada, un remedio casero contra las adversidades de un organismo que no funciona como debería, pero que tiene posibilidades de autocontrolarse.





La personalidad de Anna le hace ir de la expresividad y la alegría desaforada a la reacción violenta de la frustración, del optimismo inerte de quien sospecha que todo es pasajero, a la desesperación involuntaria del bloqueo mental una vez pasados, y abandonados, los efectos de la necesaria medicación. A lo largo del camino las reacciones de Anna, acompañada y siempre socorrida por un fiel Bruno y un entregado hijo, conducen hacia la constatación y el convencimiento de que no hay mejor medicina que la de la renuncia, la de hacerse cargo de su imposibilidad de asumir el papel de madre responsable. El tiempo del juego y la camaradería ha pasado, la aventura se ha convertido en odisea, y la imposibilidad no da paso a la desesperanza sino a la aceptación definitiva de la enfermedad.




La película tiene su ritmo interno justo y preciso, quizás la historia sea bastante evidente, el tema muy manido, pero al menos, ni se cae en el exceso ni resulta todo ello imposible por exageración. La pareja protagonista, Juana Acosta y Bruno Clairefond, soporta con sencillez y credibilidad una historia de personas y de sueños difícilmente alcanzables, ni se cae en el melodrama fácil, que hubiera sido terminal para la calidad de la película, ni se excede en los momentos de tensión de unos fugitivos que sospechan que son perseguidos, pero que, seguramente, sólo lo son en la mente enferma de una madre que no acepta la pérdida de una patria potestad que la película demuestra que estaba bien fundamentada. En ese largo viaje, a Nathan se le despejan las dudas, ese amor maternal sigue incólume, y su devoción por la madre, pero en el trayecto ha tenido el tiempo suficiente para convencerse de que el amor no basta, que el descontrol puede ser tan peligroso e imprevisible que medio minuto son suficientes para generar un riesgo cuyo resultado puede ser irreversible.




No hay heterodoxia en el relato, no hay cine divergente en la propuesta de esta ópera prima del cine colombiano con dinero francés, pero hay honestidad suficiente como para que su visión no resulte excesivamente autocomplaciente ni nos encontremos ante un producto dirigido a enternecer sobremanera el ánimo de un espectador que busque melodrama. El drama lo lleva consigo misma Anna, un palíndromo que, yendo de principio a fin termina siendo diferente que leído del final al principio porque, en el medio, hay varios circuitos que se desconectan y muestran dos caras de una misma persona, una mujer angustiada por ser incapaz de soportar la dureza de la vida sin ayuda externa, sin resortes para oponerse  a ese daño cerebral que desquicia su vida y la de los que la rodean.


Director: Jacques Toulemonde; Guion: Jacques Toulemonde; Duración: 97; Reparto: Juana Acosta, Kolia Abiteboul, Bruno Clairefond, Agustin Legrand, Fernando Toulemondde, Audrey Bastien, Claudia Vallejo; Fotografía: Paulo Andrés Pérez; Montaje: Mauricio Lleras; Dirección arte: Philipe Legler; País: Colombia, Francia, Año: 2015