domingo, 21 de febrero de 2016

EN OTRO PAÍS (Another country, Hong Sang-soo, 2012)



EN OTRO PAIS (HONG SANG SOO)

 
 



En este caso el número 13 no es sinónimo de malas noticias, la decimotercera obra del director surcoreano fue la primera que llega a nuestras pantallas, no a las de plasma, tan de moda y tan reivindicadas últimamente por si alguien había olvidado cómo se dirigía el poder a sus ciudadanos en la novela de Orwell. Es probable que este estreno, en todos los sentidos, sea otro sinónimo más de nuestra riqueza cultural en materia cinematográfica, el escaso riesgo que se asume y la escasa respuesta del espectador hacia la novedad y la aventura cinematográfica. Que una semana después del estreno, proyectada en una única sala de Madrid, en conveniente v.o.s., tan sólo hubiera una docena de espectadores a primera hora de la tarde de un sábado, no aventura nada bueno, ahondando así en esa brecha cada vez más creciente entre las salas de cine y sus espectadores potenciales. Cuando se tarda más de un año en exhibir una película premiada en Cannes de 2012, se corre el riesgo de que el espectador interesado busque otros caminos para conseguir la película, obviamente si sabe idiomas la búsqueda será más fácil y con mejores resultados. Es el peaje necesario para seguir degustando el placer de las pequeñas cosas que destila el cine de Hong Sang-soo, del que disponemos de una caja de dvd,s con cinco de sus anteriores películas, entre las que mi predilección personal es “La mujer es el futuro del hombre”.




 

Retratista de una sociedad occidentalizada, como la surcoreana, el choque se manifiesta en las contradicciones de una sociedad tradicional con una cultura milenaria, en permanente ósmosis con China y Japón, con los cambios que impone una vida nada reposada y donde los roles hombre y mujer han cambiado de manera notable, pero donde el machismo de la sociedad coreana queda retratado con facilidad sin grandes discursos, simplemente con los comportamientos cotidianos, y donde los hombres suelen quedar ridiculizados a menudo, pero con cariño, como diciéndonos, “no os molesteis, es que somos así”. Si en Francia se estrenaron tres películas en 2002 de este director, y aquí se estrena la primera en 2013, al mismo tiempo que en Cannes se proyectaba la siguiente, y desde entonces no se ha vuelto a tener noticias en la cartelera española del director surcoreano, el modelo a envidiar y a seguir está claro.

 
 
 



La película comienza con una conversación entre una madre y una hija golpeadas en la confianza por avalar a un familiar incumplidor, deudas que van a provocar la ejecución del aval y la pérdida del domicilio y hotel que regentan (qué cosas, también en Corea el sistema se ocupa de cobrar de quien sea, y de exigir fiadores para conceder créditos de dudoso recobro), pero ese arranque narrativo es mera excusa, en esa crisis la hija, para no desesperarse ante la situación más o menos inminente, decide escribir guiones para hipotéticas historias a rodar, iniciándose una serie de variaciones sobre una idea central, manteniendo referentes visuales en las tres historias que se cuentan, de tal manera que el espectador reconozca que puede tratarse de las diferentes versiones posibles para la futura historia a rodar, un esquema o bosquejo de cuál podría ser la historia definitiva, o tres historias a rodar con diferentes actores, o tres momentos distintos de las mismas personas, quien sabe, los actores se repiten aunque cada vez tienen un papel diferente.




 

Se mantiene el escenario, ese hotel como casa madre en la que comienza la acción y esa tienda de campaña del socorrista donde se produce el desenlace, esa playa donde se produce el encuentro relajante, divertido y prometedor con el socorrista, esa sombrilla que aparece y desaparece, la botella, la pluma…. Todo es parecido, pero no siempre es lo mismo, Isabelle Huppert hace de actriz trabajando en Corea, es tratada de seducir por el director y por el socorrista, hace de mujer infiel que se reúne con su amante en el hotel de esta pequeña localidad costera, amante que es director de cine, o mujer engañada que acude a descansar al hotel y conoce a un director de cine que quiere pasar la noche con ella, mientras el socorrista quien lo consigue sin proponérselo… y todo ello alrededor de botellas de soju, como anestésico de las emociones o como ayuda necesaria para que éstas se desarrollen. Los objetos son los únicos que permanecen en las historias y aparecen en sitios y lugares que no deberían estar, ni ser conocidos si no fuera porque han sido dejados allí anteriormente, como la botella vacía de la playa que aparece en la primera historia y es dejada en la tercera o la sombrilla que se esconde en la segunda y se recupera en la tercera, guiños, interferencias o simplemente un juego del director con el espectador, “no te relajes y piensa qué te cuento, porque puede que todo este interrelacionado aunque no lo parezca”.

 




Llamar comedia a esta película tiene el riesgo de hacer pensar al lector que se puede reír con ella, con esas situaciones absurdas de la vida diaria, de la incomunicación que provoca no conocer un idioma común en el que entenderse con otro y que produce la risa conocida del que ha vivido situaciones parecidas, pero sea o no comedia, se ve con una mueca de placer constante, no hay grandes dramas ni tragedias, aunque los personajes vivan en continua zozobra emocional o, como Isabelle Huppert, mantenga un “lost in traslation” particular, el aspecto trágico viene puntuado siempre con la coda final de la ironía o la relatividad de la importancia dada a lo que nos sucede. No hay grandes encuadres, ni se cuida el marco de la imagen, es un retrato de personajes y de vida, diálogos entre lo absurdo y lo trascendente, lo cotidiano y lo excepcional a la vuelta de la esquina, todos podemos encontrar ese faro en cualquier punto y decirnos “c,est beau, c,est beau”.