martes, 19 de enero de 2016

GREECE WORKS IN PROGRESS (Grecia reinventarse para sobrevivir, Elena Zervapoulou, 2014)


 
GREECE WORK IN PROGRESS (Grecia, reinventarse para sobrevivir, Elena Zervapoulou, 2014)

“Se parece a meter a un animal en una olla para cocerlo. Si el agua hierve, el animal chillará e intentará escapar. Si lo metes en agua fría y vas subiendo la temperatura, es posible que se cocine sin darse cuenta” Elena Zervapoulou
 

El título de este documental resume el sentido y sensibilidad del mismo. Grecia, probablemente el país más humillado, más despreciado, más aniquilado por las entidades financieras desde que se reconoció la existencia de una crisis económica sistémica que fue provocada por la desregulación de prácticas bancarias e inversoras que han esquilmado los fondos públicos y privados de millones y millones de personas, es el protagonista del documental. Pero no el país, sino el país a través de tres historias de sus personas, tres griegos que, desde diferentes sensibilidades, edades y formación deciden que no pueden rendirse todavía. Personas a las que les queda la suficiente fuerza de voluntad como para seguir intentando lo que parece imposible, sobrevivir y hacer sobrevivir a los demás.
 
 

En el documental español “L,esma del temps” podemos contemplar cómo ciudadanos sin experiencia de gobierno de ningún tipo acceden al poder  de un pequeño ayuntamiento del macizo del Montseny barcelonés, y tras dos mandatos consiguen, al tercero, la mayoría absoluta. Ese mandato absoluto marca el punto de inflexión para las rencillas internas, las diferentes maneras de encarar la política y el inicio del fín de una era. Nuestros griegos, disciplinados y resistentes como hoplitas, orgullosos del pasado lejano de su país, que les demostró cómo con poco conseguir mucho, ponen, cada uno a su manera, en marcha diversos proyectos de restauración personal y social, sabiendo que reactivando a la sociedad civil se puede influir en la clase política, porque al revés es una apuesta perdida.
 
 

Desde el obrero sin formación que decide volver al campo y cultivar los terrenos que estaban semiabandonados por la familia, pasando por el parado mayor que se derrumba ante la perspectiva de resultar imposible plantearse un nuevo trabajo si no es él mismo el que inicia la aventura por su cuenta tras ayudar a personas que se quedaron en la calle como él, hasta el líder en ciernes, el sujeto que toda comunidad necesita para reactivarse, para creerse que es posible cambiar a los que mandan y sustituirlos por personas, iniciar proyectos que reaviven el sentido de colectividad y que hacer creer a la comunidad que nadie puede sobrevivir sin la ayuda de los otros. De personas sin esperanza a conseguir transmitir un “si se puede” personal hay un largo trayecto de dos años en el que en muchas ocasiones se duda de las propias fuerzas. Lo que empieza siendo una utopía, eliminar intermediarios para abaratar productos de primera necesidad que la población ya no se puede permitir, culmina en una macrocooperativa donde se compran toneladas de patatas, y posteriormente otros productos agrícolas, que se venden sin sobrecoste. Los agricultores obtienen un mejor precio que en el mercado, se daña a las estructuras de las multinacionales de la alimentación y el consumidor se ahorra una gran parte de los costes ficticios de producción que sólo alimentan a la especulación. De visionario a noticia de televisión.
 

¿Cuánto puede aguantar la sociedad civil luchando contra todo? ¿Hasta dónde puede llegar esa misma sociedad sin conseguir articularse en movimientos ciudadanos eficaces? ¿Cuánto tardará esa misma gente en revolverse hacia sus líderes achacando cualquier rencor cierto o inventado? Hasta allí no llega el documental. El documental intenta ofrecer un mínimo de esperanza a aquellas personas que, de un día a otro, perdieron todo lo que consideraban sólido, que dejaron de poder pagar medicinas viendo cómo empeoraba su calidad de vida, que redujeron su alimentación por no poder comprarla, que dejaron de calentarse en invierno por culpa de gobernantes insensibles y despiadados, más pendientes de agradar al plutócrata que enfrentarse a los poderes económicos para defender a su pueblo.
 

Se pueden hacer cosas, el documental lo demuestra. Se pueden hacer consultorios médicos reutilizando instalaciones públicas abandonadas. Hay que empezar inculcando generosidad en tus vecinos, estar dispuesto a ofrecer tu tiempo y tus recursos para compartirlos y crecer juntos. Admirarse de lo que la fuerza de la gente es capaz de conseguir sin violencia, sin ilegalidades, solamente usando el poder que otorga el número de las mayorías, las que siempre suelen ser silenciadas, aquellas que nunca ocupan tribunas ni lanzan discursos llenos de palabras vacías y mensajes inocuos por banales. Grecia se revolvió contra el sistema y probablemente no consiga llegar hasta donde pretendió, asaltar los cielos es una misión utópica e imposible, pero si uno no piensa utópicamente ni tan siquiera conseguirá realidades mejoradas. Los griegos no se resignaron, Georgios, Ilias y Gregoris lo demuestran. Acostumbrado el poder a pisar y asfixiar sin respuesta, que desde un pequeño país de escaso peso económico mundial se hayan levantado voces y votos contra lo que “convenía” es una señal de esperanza. Esperanza limitada, es verdad, pero esperanza en que el ejemplo cunda en otras sociedades tradicionalmente resignadas y cobardes, sociedades donde se ha inculcado el individualismo como materia prima difícilmente extirpable. Tan malo puede ser creerse que los cielos se asaltan como que hay que seguir por la senda de la recuperación y las reformas, pero al menos de la primera puede surgir algo beneficioso para la mayoría, mientras de la segunda ya sabemos que aumenta la desigualdad, disminuye la redistribución de la riqueza y aumenta la pobreza, de los de siempre y de muchos millones más. Documental necesario, puede que fílmicamente de interés limitado, pero conviene recoger los ejemplos a seguir y mostrarlos como lo están haciendo salas alternativas durante este mes con esta película, ejemplo de que este cine molesta y tampoco interesa a muchos de los que podrían sentirse más solidarios y menos egoístas. Un papel que más que al cine, correspondería a los medios de comunicación, pero de eso quizás convenga hablar con ocasión de alguna otra película en ciernes.