viernes, 1 de enero de 2016

AFERIM! (Radu Jude, 2015)


 
AFERIM! (Radu Jude, 2015)
 

Las generalizaciones no son buena cosa, pero como concepto general a veces sirven para definir con un brochazo, que no pincelada, impresionista, una serie de percepciones basadas en muchos años de comprobación. Existen cuatro grandes festivales de cine en el mundo, aunque realmente sólo me interesa lo que se cuece en uno. Año tras año estoy pendiente  de esos cuatro, fundamentalmente de Cannes, en segundo lugar Berlín y algo más perdidos Venecia y San Sebastián. De hecho existen festivales como Sevilla, Gijón, Toronto, Locarno, BAFICI, por no hablar de experiencias on line como Atlántida o Márgenes…….cuyos resultados me interesan mucho más que el de esos dos grandes. Por innegable cuestión estética me siento más cercano a lo que se ensalza o se valora positivamente en Cannes que en el resto, y concretando, lo premiado en Berlín me suele dejar un poso de indiferencia, no puedo decir que sea mal cine, incluso creo que puede ser hasta bueno, pero echo en falta la excelencia necesaria para que su cine forme parte de una selección de incuestionables.
 
 
 

Es lo que me pasa con esta brutal Aferim!, nueva película del director rumano Radu Jude (“La chica más feliz del mundo”), uno de los exponentes de una generación envidiable de directores pero en un escalón inferior a sus contemporáneos Puiu, Poromboiou…..y ese escalón se nota también en el resultado final de la película, que funciona plenamente y cuenta a la perfección lo que se propone, pero en cuyo balance final me faltan sensaciones, me faltan emociones. Notable si, pero no alcanzo a vislumbrar el carácter sobresaliente necesario para llevarse un premio tan relevante como el de mejor director del pasado festival de Berlín, máxime si la opción estética del blanco y negro no tiene sentido, aparenta falsa y forzada y resta profundidad a la imagen, el uso del blanco y negro no nos aleja en el tiempo ni nos presenta un mundo olvidado, y al mismo tiempo la imagen final se resiente. (Acotación ya repetida, apenas queda un mes para la nueva edición y en España sigue virgen la proyección comercial de la película, película que ya está editada en dvd en los mismos países de siempre.)
 
 

AFERIM! nos coloca en un mundo que nos es desconocido, que nos pilla muy lejos pero que apenas son 2500 kilómetros de distancia los que nos separan, cuando Rumanía no era tal y cuando existía el imperio austrohúngaro, estamos en una región que acaba de salir de una guerra con los turcos en la década de los años 20 del siglo XIX, la acción transcurre en apenas un par de días en 1835 en la región de Valaquia. El antiguo régimen, reyes y emperadores, Metternich, las tropas austriacas con apoyo británico, los rusos por otro lado expulsando al invasor francés, han acabado con el periodo reformista revolucionario que amenazaba con acabar con los privilegios de clase y nobleza en un mundo que, de manera mayoritaria, seguía regido por el sistema de señores y vasallos, cuando no esclavos. Porque “Aferim” habla de la esclavitud, ese fenómeno que identificamos con los estados del sur de Estados Unidos pero que se practicaba con alegría y desenvoltura en la vieja Europa de manera simultánea, de hecho fuimos los civilizados europeos quienes con mayor predilección perfeccionamos un sistema de captura y venta. Es en este reflejo histórico donde la película brilla especialmente.
 
 

Regiones de resonancias perdidas como Valaquia, Moldavia, términos como boyardo, haiduk, fronteras permeables, violencia fuera de campo pero permanentemente presente. En tono de comedia negra Jude opta por trasladar el western a la Centroeuropa de la primera mitad del siglo XIX, cowboys, fugitivos, cazarecompensas, poblados, miseria, muerte, violencia. El boyardo de la región, noble eslavo de poder omnímodo sobre sus vasallos y esclavos, encarga a sus alguaciles (Costadin y su hijo, los trabajos son hereditarios y este viaje juega el papel de despedida entre un padre que ve la muerte muy cerca y un hijo que comprueba que su futuro está en el ejército y no en una policía sometida al capricho del jerarca y no a la ley) la captura de un esclavo gitano que se le ha escapado habiéndole robado. No es cierta esta afirmación, la realidad que desvelará el camino es que la razón de la fuga del gitano Carfin ha sido que se acostaba con la sultana, la mujer del boyardo. En ese camino a la búsqueda del fugitivo, padre e hijo hablarán, hablarán, hablarán, y escucharán, sostendrán conversaciones en el campo y en las tabernas, dejarán a moribundos en el camino que han sido asaltados y robados, sobornarán a los alguaciles de otros condados para capturar al fugitivo, venderán esclavos, pagarán a prostitutas……... Hay una deuda de honor que saldar, la palabra dada por el alguacil prometiendo traer de vuelta a Carfim para que sea castigado. En la segunda parte, tras la captura, surge el choque moral entre cumplir con una orden o cumplir con la ética, ambos alguaciles son conscientes de que cometen una injusticia legal, que ese gitano no es culpable de nada, salvo, en todo caso, de faltar al honor de su dueño, saben que el castigo puede ser hasta la muerte del esclavo cuando sea entregado, por eso los minutos finales de la película revelan la brutalidad de un sistema donde, desde el boyardo hasta los esclavos compañeros del fugitivo demuestran su inhumanidad ante la pasiva presencia de los alguaciles.
 
 
 

En el camino hay una constante presencia del racismo, de la discriminación religiosa, del odio al diferente. Se usa el humor o el tono cómico como se pudo usar en las aventuras medievales de Simplicius Simplicissimus o en las aventuras bélicas y militares del soldado Schweick, pero tras el tono ligero de lo que pasa, uno entiende muchas de las barbaries cometidas en la Centroeuropa no tan lejana, incluso en la presente, el humor juega un papel desestresante, nadie duda de la comprometida situación del capturado en un mundo donde la vida es un bien preciado y respetado para muy pocos, mientras la inmensa mayoría ha de luchar a diario por preservarla. La soflama del cura ortodoxo que ilustra a los dos alguaciles sobre la naturaleza humana, pero inferior, del gitano por proceder de un hijo de Noé, negro, lo que le sitúa debajo del blanco y digno de ser esclavizado, frente a la naturaleza infrahumana y perversa del judío no difiere mucho de discursos xenófobos de un siglo después o de los de hoy en día, el desprecio hacia el turco y hacia el resto de nacionalidades del imperio denota ese afán ultranacionalista por considerar lo propio como lo mejor y lo exclusivo, aunque te comas tu propia miseria o estés gobernado por seres sin escrúpulos. Nobleza e iglesia son retratados como poderes absolutos e inhumanos, la propia iglesia no duda en tener sus propios esclavos, castigarlos, pegarlos o ajusticiarlos. Un mundo en ruina carente de humanidad por el que nuestros alguaciles circulan sin plantearse más problemas que los de trabajar para comer sin  ofender al poderoso.
 
 
 
 

Personas que no han salido de una decena de kilómetros alrededor y que añoran ciudades como Leipzig, como Viena, y sobre todo París ( es como cuatro Vienas), personas que cuando hablan los sabios abren las orejas, personas que “vivimos como podemos, no como queremos”, una nueva generación que se plantea el por qué de castigar a quien no es culpable solamente porque un rico lo diga, un mundo en el que la diferencia la marca comer o no comer y donde diferenciar a un rico de un pobre es fácil porque el rico se mira en el espejo y el pobre en el plato, una región, un país, un imperio en el que si “el pueblo es pequeño, la pobreza es grande”, un buen país con un mal gobierno del que nadie hablará 100 años después, salvo para maldecirlo, un país en el que no puedes dar de comer al lobo y pretender salvar a todas tus ovejas. Un mundo donde nadie se cuestiona la existencia de la esclavitud, donde un niño encontrado en el campo de raza gitana es un buen modo de sacar un dinero en el mercado más cercano. Hoy la esclavitud vuelve a nuestras confortables sociedades modernas en forma de leyes laborales o en los mercados negros controlados por las mafias, los boyardos nunca se fueron, los malos gobiernos tampoco, ¿conseguiremos legalizar la esclavitud? ¿qué dirán de este país dentro de 100 años?