sábado, 31 de octubre de 2015

SEMINCI 2015 ULTIMO PASE. FUSI, Dagur Kari


SEMINCI 2015.- ÚLTIMO PASE
 

El balance final de la sección a concurso puede calificarse de correcto, entendiendo por tal un conjunto muy numeroso de películas destinadas a un consumo placentero o cómodo, de difusión limitada pero que no va a molestar al espectador, ni a hacerlo pensar. Cine en muchas ocasiones muy bien intencionado, muy predestinado a lanzar una idea sea cuál sea la credibilidad final del producto, un cine lanzado contando con red protectora, un cine del que o va a surgir ningún Atom Egoyan, ningún Kitano, ningún Moretti, Loach, Davies……ni tantos otros descubiertos hace muchos años por este festival que ha perdido esa iniciativa y ese valor. Como me suelo colocar en ese espectro de espectadores calificados como “raros”, este festival me vuelve a dejar insatisfecho. Soy incapaz de identificarme con esas historias que tanto se aplauden, con esas comedias trágicas de buen final, de buen sentimiento, con ese cine lineal y digerido que no implica esfuerzo alguno. Debe ser la estética del perdedor,  ésa que me hace sentirme más cómodo viendo las dos únicas películas pateadas durante el festival que la inmensa mayoría del resto, las dos únicas películas que asumían riesgo y diferencia y obligaban al espectador a intentar conectar hilos invisibles en los que la trama se iba escondiendo y revelando, L,artéria invisible y Tikkun. Repito lo que dije al principio del festival, un público cuya media de edad supera con creces los 40 años conduce a un festival mortecino por falta de renovación, una ciudad sin una sede digna para exhibir cine en condiciones ha de replantearse sus necesidades de espacios culturales públicos ante la vergonzosa experiencia que para el visitante ha de suponer asistir a proyecciones en un espacio tan indigno por su estado como la subsede del festival, un festival que da la espalda a sus ciclos sin conseguir programar secciones paralelas potentes y novedosas pierde repercusión y un festival de cine que no arriesga pierde parte de su esencia, el cine arriesgado no tiene porqué ser aburrido ni incomprensible, ni echar al espectador, lo que no puede ser un festival es un mero adelanto de lo que se va a estrenar en las salas en los meses próximos porque abandona así, parte de su sentido, y un festival cuya única repercusión en la ciudad tiene lugar durante la semana que dura el mismo tampoco está haciendo su trabajo, un festival como Seminci exige un catálogo de actividades anual que mantenga viva en el espectador la llama del cine de autor, de la versión original.
 
 

LO MÁS ARRIESGADO. La propuesta más arriesgada del festival ha procedido de Israel, “Tikkun”, de Avishai Sivan, dos horas de ritmo muy lento y opresivo contándonos, en dos partes muy diferenciadas, la vida de un ultraortodoxo judío centrado en el estudio de la religión hasta que un accidente doméstico digno de una comedia gamberra le sitúa durante cuarenta minutos en el umbral de la muerte. La persistencia del padre, prosiguiendo el masaje cardiaco después de que los servicios de urgencia desistan, devuelve al joven a la vida, y con ello, surge el caos. Al interferir en el designio divino, la vida del joven estudioso se resquebraja, se replantea si la vida es lo único que ve en su domicilio, en el cenáculo de hombres taciturnos, tristes e inflexibles con los que se rodea, si ser creyente ha de suponer una vida gris en todas las facetas, e intenta explorar aquello que hace de la vida algo más ligero. En su obsesión por descubrir a las mujeres, por saber qué es una mujer, se convertirá en un personaje aún más ridículo que el de su simple presencia y contemplación divina ya supone. Su miedo y su temor al sexo le coloca en situaciones límite, y el director no escatima imágenes ni explicitudes, recrear “El origen del mundo” de Courbet durante un plano sostenido de varios minutos no es para cobardes. Sivan utiliza el blanco y negro para retratar este mundo, introduce el onirismo, las profecías a modo de sueños y pesadillas que anticipan ese final que reconforta a los hombres con su dios vengativo y justiciero. “Tikkun” arriesga mucho y es posible que el resultado final no sea redondo, pero juega al todo o nada con una idea muy precisa y personal, es el cine que no dará dinero ni se estrenará comercialmente, pero es la labor de un festival revelarlo. 63/100.
 

LO CONVENCIONAL.- En el polo opuesto se encuentran dos de las producciones más aplaudidas, por un lado el drama histórico “Elser” de Oliver Hirschbiegel, el de la película “El hundimiento”, que relata con corrección y minuciosidad, el intento de atentado en octubre de 1939 en la cervecería de Munich que quiso acabar con Hitler a manos de un relojero, el Georg Elser del título. La película se forma a través de numerosos y largos “flashbacks” que tratan de darnos la información de porqué este relojero y músico alemán llega al convencimiento de que sólo si se acaba con Hitler el mundo podrá ser algo más seguro y decente. Estaríamos ante el visionario decidido, sacrificado, el que viendo el origen del mal sin haberlo sufrido en primera persona asume que hay acciones malas necesarias para evitar un mal mayor. Y sin embargo este didactismo del director me resulta insuficiente, no se llega a capturar esa esencia decisiva perdida entre una historia de amor con una mujer casada y las afinidades comunistas del protagonista, todo ello entremezclado con los interrogatorios de la Kripo y la Gestapo, que se niegan a asumir que una sola persona fuera capaz de haber acabado con el Führer sin ayuda de más colaboradores. La peor sensación es la de introducir una cierta empatía entre el preso y el jefe de la Policía Criminal, Arthur Nebe (el jefe del detective Gúnther de las novelas de Philipp Kerr). 50/100.


 Otro tanto de anodino dentro de lo correcto puede decirse de la producción francoturca, “Mustang” de Demi Ganze, la historia de cinco jóvenes hermanas huérfanas que viven en plena libertad de acciones, hasta que los murmullos en el pueblo en el que viven hacen reaccionar a la familia para producirse un progresivo encierro, limitando poco a poco su juventud y sus deseos, privándolas del estudio, obligándolas a abandonar sus vaqueros, a dejar de jugar con los chicos, a someterse a la dictadura de una familia y una religión que esclaviza a todas las mujeres, y eso  en un país, Turquía, donde aún la mujer puede encontrar espacios para vivir en igualdad de condiciones, igualdad cada vez más amenazada. Por eso Estambul es el objetivo, el deseo, el sinónimo de libertad al que dirigirse todas ellas. Los ecos de “Las vírgenes suicidas” de Sofía Coppola, y retazos de otras historias de cine iraní como “Off side” de Jafar Panahi están muy presentes. La película juega al tono amable de comedia en la que va aumentando el drama y sabe conectar con el gran público, cuenta con cinco jóvenes actrices que llenan la pantalla con espontaneidad pero no me convence ni la forma ni la resolución facilona y simplista, ajena a cualquier verosimilitud posible en un mundo cerrado y claustrofóbico. 45/100



EL OUTSIDER.- FÚSI, también titulada en inglés “Virgin Mountain”, película islandesa de Dagur Kari ha sido una de las propuestas más redondas del festival. Si “Rams” venía con mayor aureola de vencedora, también islandesa, me ha convencido mucho más la historia de este bonachón personaje, encerrado en su mundo y sin ningún interés en entablar relaciones que pueden herirle. Asfixiado por una madre castradora, entretenido con sus maquetas de recreaciones de batallas históricas y con un amigo con el que compartir alguna tarde en confianza, Fusi es el prototipo del perdedor que no puede ser nunca el héroe. Empujado a hacer lo que todos tienen que hacer, y sin pretenderlo, es capaz de conectar con alguna persona tan solitaria y quebradiza como él. Fusi acepta los reveses y las malas experiencias con un estoicismo digno de un par de bofetadas para que reaccione, agitarle por los hombros para que se tome un gintonic en vez de un  vaso de leche. Si se atreve a cambiar de domicilio, una eventualidad le volverá a colocar en la casilla de salida, si se interesa por una niña que pasa sola todas las tardes la sospecha de la pederastia le sobrevolará, si intenta tener novia su madre le reprochará que piensa dejarla sola. Fusi es el prototipo de una buena persona, de un hombre bueno que, finalmente, decide empezar a hacer lo que le apetece, aunque sea en soledad y poniendo buena cara. EL soberbio trabajo del actor principal basta para llenar la historia con su sola presencia, la fría noche islandesa y el frío ambiente ayudan a comprender el enclaustramiento de este personaje que no quiere bailar, y menos ese ridículo baile yanqui con sombrero vaquero. Próximo su estreno es una recomendación para cualquier tipo de público. 73/100


 

jueves, 29 de octubre de 2015

SEMINCI 2015 TERCERA SESIÓN, L,ARTERIA INVISIBLE, Pere Vilá


 
SEMINCI.- (Tercera sesión)
 

A la espera de los pases finales de la sección oficial en los que se apuntan algunas buenas intenciones y propuestas y deseando encontrar todavía la “gran película”, la parte central del festival ha entrado en una zona llana de interés muy limitado, con películas que no molestan pero tampoco enganchan. De hecho, salvo el relato contundente y sostenido hacia la demolición de 45 years, ninguna de las películas a concurso vistas hasta ahora me ha conseguido agarrar a la butaca.
 

LO MEJOR.- L,arteria invisible, de Pere Vilá, la apuesta más arriesgada de este festival hasta la fecha y, por lo tanto, la peor acogida por el público, poco dado al ritmo lento en el que suelen ocurrir las cosas de la vida cotidiana y lo profundo que llega a ser el agujero que provoca la carcoma de la decepción. El matrimonio formado por Alex Brandemuhl y Nora Navas se encuentra en un punto muerto destinado a la extinción. Los planos en los que los personajes se encuentran distancian a todos ellos, o no se miran cara a cara o quedan arrinconados por puertas y pasillos. L,arteria invisible es la que nos une a aquello que no podemos conseguir, al hijo que quería haber tenido un padre, a la mujer que querría ser madre, al hombre que quería ser alcalde y no quiere ser padre ni hermano. Dos parejas relacionadas por hechos poco confesables, cuatro personajes dispuestos a inmolarse haciendo daño a los demás. Nuestra crisis, todavía presente por mucho tiempo, como telón de fondo que ayuda a destrozar a las personas. Hay profundidad y riesgo en la propuesta del director catalán, como la había previamente en su anterior La lapidación de Saint Etiénne, el riesgo es de agradecer en un festival de cine, acostumbrados a asumir historias lineales y masticables sin esfuerzo. Un poco de aspereza y contención a la hora de plantear los temas y las soluciones se agradece, aunque sea con aspereza, con frialdad, con daño, con figuras paternas absolutamente despreciables o poco recomendables, ejemplos que se trasladan a hijos que tampoco serán capaces de asumir sus decepciones, un poco menos extensa en su narración hubiera mejorado la percepción final (70/100).
 
 

INEXPLICABLE.- La fidelidad del festival con la directora india Deepa Mehta me resulta inexplicable. Sus historias de amores, de misoginia en la India, me han interesado muy poco y me desenganchan muy pronto. Ahora ha optado por pasarse al “noir” con toques de Bollywood. La realización es fea, la interpretación mediocre, las situaciones “basadas en hechos reales” inverosímiles. Trata de trasladar a las calles de Vancouver las guerras mafiosas entre dos clanes indio-canadienses. Uno puede querer parecerse a Scorsese y Tarantino mezclados con Johnny To pero puede quedarse en un simple pastiche de colorido hindú sin sustancia y sin atractivo, eso es lo que me pasa con los gangsters de “Beeba Boys”, un subproducto más televisivo que otra cosa (25/100).
 

Otro tanto puede decirse de la israelí “Boda de papel” de Nitzan Giladi, y teniendo en cuenta esos encajes que hacen los festivales para que haya películas de muchos continentes, de todas las religiones, que se mantenga una cuota femenina, que haya alguna comedia, no sería descabellado pensar que esta película quería cumplir con la cuota de presentar una historia de discapacidad a concurso, pero el producto fílmico no debería responder a criterios predeterminados para su selección porque se corre el riesgo de presentar una película mala o muy mala, como esta historia de discapacitada (muy guapa, para hacer atractiva su presencia en imágenes) obsesionada con casarse, con ser independiente y que hace diseños de vestido de novia. No merece muchos más comentarios (32/100).
 

CORRECTAS.- Las historias de corrupción rumana de “De ce eu?” de Tudor Giurgiu, uno de los directores rumanos de menor empaque en comparación con los Mungiu, los Puiu, los Poromboiu, Serban…….la continua obsesión de la Seminci por traer cine del este de Europa pero no de los directores de campanillas, una historia de corrupción en el sistema judicial y político de un país que accedió a la Unión Europea sin exigencia de depuración alguna, como ocurre con la formalmente correcta pero sin mayor trascendencia que la producción hispano-lituana “La adopción” de Daniela Fejerman, películas en el fondo correctas pero que no suponen ningún riesgo, ninguna aventura formal, ninguna posibilidad de sorpresa, cine de “no autor”, cine convencional, películas que contienen momentos de interés y muchos altibajos en su desarrollo (50/100).
 

LO MEDIOCRE.- En la Seminci solemos acoger a los Kaurismaki, la parte mala de la noticia es que quien suele venir es Mika y no Aki. Esta “The girl King”, una revisión del personaje histórico de la reina Cristina resulta tan insustancial y tan plana que uno sale de la proyección con ganas de volver a ver a Greta Garbo vestida de negro y con pantalones. El pretendido preciosismo de las imágenes, el diseño de vestuario y la iluminación para que te fijes en ello se rodea del más absoluto vacío. Intentando presentar a la reina como un personaje complejo, llena de frases inteligentes e ideas brillantes, termina pareciendo poseer con la complejidad mental de una almeja y hace de Descartes una especie de mercachifle vendedor de elixiris milagrosos. Muy mala elección para homenajear al país invitado este año en la Seminci, Finlandia. (37/100)

 
 
 

martes, 27 de octubre de 2015

SEMINCI 2015 SEGUNDA SESIÓN. HRUTAR, UNE HISTOIRE DU FOU, AURORA, UN MUNDO ABANDONADO, NAHID


SEMINCI 2015 (segunda sesión)
 


De tanto leer “un certain regard” al comienzo de muchas de las proyecciones de la sección oficial uno siente la tentación de creerse en la Costa Azul y en el mes de mayo, pero no, el espejismo es pasajero, el vino de la Ribera puede ser mejor que el de Provenza-Côte d,Azur, pero ni la temperatura se parece a la del mayo francés ni el festival puede competir. Si fuera organizador del festival me produciría pavor la edad media del público, más que nada pensando en el futuro. Cómo conseguir renovación de público puede ser una pregunta diabólica sin solución cuando los jóvenes son capaces de ver películas en las pantallas de sus móviles y son incapaces de permanecer hora y media o dos horas sin consultar las pantallas mientras continua la proyección. Indudablemente los precios pueden influir, hay sesiones con precios más altos que los de las salas comerciales, no me parece una manera lógica de atraer nuevos espectadores hacia un cine diferente. Mediado el festival no hay sorpresas, lo que traía buen cartel confirma las expectativas y lo que era desconocido o daba malos presentimientos confirma su carácter lineal o poco atractivo. Hasta ahora sigo pensando que lo mejor del festival han sido “45 years” y “An”, a las que hay que unir, quizás un poco por debajo de estas dos, la islandesa “Hrutar”.
 


“Une histoire de fou”, de Robert Guediguian es una decepción, entre comillas, porque Guediguian alterna películas aceptables con auténticos bodrios. El genocidio armenio le viene grande al director francés, uno de los “adoptados” de la Seminci que continúa fiel al festival. Un preámbulo muy largo y de dudosa moralidad pretende situar el origen de los acontecimientos posteriores. El origen de un terrorismo armenio en los años 70 contra intereses turcos, y la progresiva extensión de las acciones por Occidente para situar la realidad del pueblo armenio, coloca a la película en una diversidad de opciones, de historias, de versiones de lo que se puede hacer con la violencia que termina por hacer, de la película, un batiburrillo moral sin decantarse por ninguna de todas ellas, forzando lo impostado, lo decorativo, lo inane. Lo forzado del planteamiento hará las delicias de la línea oficial del partido gobernante por la que los terroristas han de pedir perdón a las víctimas, pero deja la película es un sucedáneo casposo de “Cuéntame” a cuyos personajes, el paso de los años, no les afecta, ni física ni psicológicamente, porque los niños se mantienen niños 10 años después. (27/100)
 


“Aurora”, película chilena de Rodrigo Sepúlveda retoma el tema de la maternidad desde el punto de vista más morboso y enfermizo. Película aburrida y mortecina, reiterativa y obsesiva como su protagonista, a Sofía la maternidad le es esquiva, es un personaje en quien advertimos muchos traumas de su pasado, pero que el director no nos quiere contar para quebrar la resistencia del espectador, que se va a quedar en la superficie sin ganas, ni interés, en ahondar en lo que se le quiere hacer permanecer en la sombra. En pleno proceso de adopción, Sofía lee la noticia de un bebé arrojado muerto en un vertedero, el bebé se convertirá en la Aurora del título. La obsesión de Sofía a partir de entonces será la de conseguir enterrar a ese bebé que las autoridades van a quemar. El sinsentido, pese a que se recalca que la historia se basa en hechos reales, surgirá cuando ante la imposibilidad de hacerse cargo de un cuerpo que no es de su familia, Sofía comience los trámites de adopción del cadáver. Es la historia de una obsesión, de un mundo y una mente claustrofóbica, ambientado por la luz apagada del hemisferio austral a punto de comenzar el invierno. Un frío externo que hace tiempo  se adueñó de Sofía, justo desde que fue violada siendo una niña, y abortó, “Aurora pudo ser esa niña” es la revelación más franca que Sofía contará de su pasado y de su presente. 41/100
 
 


“Nahid” de Ida Panahandeh es la contribución iraní a este festival, alejada de la sensibilidad y poética de Kiarostami o de la radicalidad combativa de Panahi y los Makmalbaf, la película vuelve a otorgar el protagonismo a una mujer por la que resulta complicado empatizar a la vista de su comportamiento. Nahid está divorciada de su marido, pero con condiciones, para mantener la custodia de un hijo problemático tiene prohibido casarse. Esta limitación, en un país como Irán, donde el hecho de ser divorciada ya es un hándicap, coloca a Nahid en la clandestinidad para poder rehacer su vida. Nahid fluctúa entre el personaje amparable y retrato de lo poco que vale ser mujer en un régimen islámico y el personaje que se vuelve odioso en el ejercicio de su egoísmo y del engaño para ir trampeando su vida diaria. Si la situación le ha hecho así o si ya lo era antes de los desengaños no lo sabremos. La película se convierte en un círculo infinito sin solución, terminaremos en la playa del principio y en la casilla de salida. Sin saber si realmente está enamorada del hombre con quien mantiene un matrimonio temporal para burlar la prohibición de casarse o si lo que busca es alguien que pague sus deudas y viva con un alto nivel de vida. La familia y la religión como trabas a la libertad de la mujer. Aceptable película con una intérprete que destaca en esa desesperación, Sareh Bayat. 43/100
 


“Die abhandene welt”, un mundo abandonado el de la última película de Margaretthe von Trotta, la directora alemana se aleja del cine de lucha, del cine reivindicativo, y se adentra en el melodrama con toques de suspense. Notable película cuyo mayor déficit, amén de situaciones de cara a la galería para justificar (mal) que la acción avance, es que una vez revelada la duda, el origen de la incógnita, queda por delante más de media hora donde el relato se vuelve mucho más convencional. La hija que recibe el encargo de su padre para que se desplace a Nueva York y sepa quién es realmente esa cantante de ópera que parece un clon de la esposa ya muerta. A la Seminci le encantan los dramas familiares y la familia como fuente de conflicto. La Sophie que recibe el encargo irá obteniendo información al mismo tiempo que nosotros, desconocedora, al principio, de que todas las personas con las que se cruza tienen datos ocultos que no ha  querido revelar, incluso ese padre que se hace el sorprendido es la clave de la trama. Destacables las dos actrices, Bárbara Sukowa y Katja Riemann. 57/100
 


“Degradé” de los hermanos Nasser, de nacionalidad palestina, no merece más comentario.
 


“Hrutar” de Grimur Häkornarson (para España será El valle de los carneros”) se incorpora a mi lista de películas favoritas. La historia de dos hermanos enfrentados desde hace más de 40 años en un valle que vive de la crianza de ovejas, unos nuevos Caín y Abel sin llegar a saber quien es quien de los dos, ya que ambos tiene un poco de cada uno, un valle al que ha llegado una enfermedad que ataca al cerebro y la médula del ganado y que obliga a sacrificar todas las cabezas sumiendo a los habitantes en la desesperación, el abandono de las explotaciones o el alcoholismo. Con notables tonos de humor negro, (la enfermedad procede de ganado británico, como los planes de pensiones e inversiones que motivaron la quiebra del país, un ejemplo de cómo superar una crisis económica sin cebarse en los de siempre, un país mantenido en pleno silencio informativo por la prensa amiga no sea que se fuera a extender el ejemplo) con un adecuado uso del paisaje para destacar la inmensidad del entorno y lo duro de las condiciones de vida, en práctica soledad y con nula posibilidad de diversión, la película deja ver claramente que, finalmente, se producirá el deshielo y esos hermanos estarán  obligados a reencontrarse. Durante años se han comportado como carneros y no han faltado los choques de cabeza, al final, volver al útero materno en forma de iglú improvisado puede ser la única manera de recuperar el tiempo perdido y empezar de nuevo como hermanos. 75/100

 
 
 
 

domingo, 25 de octubre de 2015

SEMINCI 2015 PRIMERA ENTREGA, DHEEPAN, AN, 45 YEARS


 
SEMINCI 2015 (PRIMERA SESIÓN)
 
 

¿Hacia dónde se dirige este festival?, ¿Cuál es su sentido y su perspectiva de futuro?, ¿Puede sostenerse de espaldas al público?, ¿Puede sobrevivir con la simple exhibición de lo ya comprado por las distribuidoras pequeñas españolas?. El festival lleva una década intentando encontrar su sitio y no lo consigue, por izquierda y derecha, festivales antaño menos importantes o inexistentes le han superado, Sitges, Gijón, Sevilla, de entrada. resultan más atractivos para el público pese a colgarse etiquetas de cine de autor igualmente, Sitges y San Sebastián protagonizan colas kilométricas y llenos de más de mil espectadores por sesión, algo que desapareció hace mucho en Valladoli. ¿Cuál es la diferencia? ¿Haberse creído mejor que San Sebastián un par de ediciones adocenó a la organización?. La Seminci ha renunciado a descubrir y opta por lo seguro. Al menos este año es de agradecer que se hayan escogido nombres como Audiard, Kawase, películas como Rams, Tikkun, 45 years, Elser…….pero estas películas no atraen al público y la prensa de los grandes medios ya las ha visto en los festivales internacionales. Al festival, los medios nacionales siguen haciéndole luz de gas, sin mandar a sus primeros cronistas y críticos, la 60ª edición no ha revertido la tendencia, pases de prensa medio vacíos invitan a un cambio de dirección en el rumbo del festival. Llevamos así una docena de años, pensando que el festival se muere poco a poco, que se mantiene para consumo local y que en ese espectro los responsables se consideran satisfechos, mala cosa para el futuro.
 


 Los pases de la sección oficial del primer y segundo día no dejan de ser prometedores acerca del nivel medio de lo que se va a exhibir. Si las 16 películas restantes se mueven en esta órbita resultaría evidente que esta edición rozaría el calificativo de sobresaliente en la selección de películas. A mí me vuelve a resultar sospechoso que muchas tengan  ya distribución en España, como si a los programadores del festival se acercaran los distribuidores con su catálogo para que escogieran. Hace años las distribuidoras se acercaban a Valladolid para comprar, no para vender lo ya comprado, pero ahí está la evolución del propio festival.
 
 


La inauguración de la Seminci ha correspondido a “Dheepan”, la última película de Jacques Audiard, ganadora en Cannes. Una metáfora de cómo la violencia se puede encontrar en tu país de origen y a 8000 kilómetros de distancia, que huir de un país en guerra y con crímenes de estado no te garantiza seguridad ni bienestar cuando procedes de la marginalidad, de los desterrados de este mundo. Audiard presenta su película como si el resultado justificara todo, quiere llegar a una explicación y por el camino puede perder credibilidad y la paciencia del espectador. Algo similar le pasó en “De óxido y huesos”, donde el poderoso relato se carcomía en un final para todos los públicos, así sucede con el retrato de un tigre dormido, un elefante asiático dispuesto a abandonar la violencia para huir de Sri Lanka pero que se da de bruces con ella en los suburbios de París. Al final Audiard parecería renegar de su país y señalar el Reino Unido y a la familia como bálsamos de los problemas. Potente historia pero irregular tratamiento cinematográfico, con tres o cuatro escenas de lirismo embriagador que juegan a retratar la personalidad del protagonista (64/100).
 


Poderosa construcción de los últimos años de un matrimonio “45 years” de Andrew Haigh  sitúa su acción en menos de una semana, la previa a que los personajes soberbiamente encarnados por Charlotte Rampling y Tom Courtenay celebren su 45º aniversario de matrimonio. Un detonante se incrusta en la pareja como la carcoma que no se ve pero todo lo destruye. 50 años atrás Geoff estaba de excursión por los Alpes suizos con su novia de entonces, un accidente acabó con la vida de ella y su cuerpo no fue recuperado. Pasados todos esos años las autoridades suizas comunican a Geoff que el cuerpo de la joven es visible en el interior de un glaciar. Ese episodio, la reacción del anciano, la sospecha creciente de Kate sobre cuál fue la realidad de aquella relación del pasado y cuál ha sido realmente su valor para Geoff va horadando lo que parecía una sólida relación acomodada a la costumbre. Una historia en la que la información va llegando poco a poco complicando la cotidianeidad, las revelaciones van  haciendo un progresivo e irreversible daño a Kate hasta el desenlace arrasador a ritmo de un baile de aniversario cuando tomamos conocimiento de la letra de la canción que suena (83/100).
 


“An” (ojo a la traducción en España en su inminente estreno, “Una pastelería de Tokyo”, el “an” es el relleno de un postre típico japonés, el dorayaki) es la última película de Naomi Kawase. Personalmente creo que no alcanza la altura de “El bosque del luto” o “Aguas profundas”, pero eso no indica que deje de ser una notable película en la que encontramos las referencias habituales en el cine de la directora japonesa. La vida, la muerte, las generaciones incompatibles, los espacios cerrados que se abren a una naturaleza fecunda y amistosa, y que en esta ocasión presenta a tres personajes faltos de libertad, no por la restricción de movimiento sino por las cadenas que impiden su libre desarrollo. Un hombre maduro, una anciana y una joven misteriosa que conecta inmediatamente con ambos. En la película abunda la sonrisa de la vida diaria, pero también la emoción contenida que se desborda en dos o tres ocasiones y la amenaza latente de un pasado terrible en el pastelero y su eficiente anciana ayudante cocinera. Veremos los bosques, los árboles, las hojas susurrantes, las aguas que circulan puras, las flores, y también el daño irreversible que unos nos podemos hacer a los otros. Kawase vuelve a demostrar que está sobrada de sensibilidad, es capaz de hacernos ver durante 15 minutos el proceso de creación de la famosa crema de alubias como un ejemplo de relato cinematográfico en el que Sentaro y la anciana se complementan y se necesitan como las tortitas de los dorayaki necesitan un relleno de “anko” a su altura. (73/100).
 


La otrora imprescindible sección Tiempo de historia ha ido quedando relegada, los grandes nombres han ido desapareciendo y son sustituidos por muchos reportajes de actualidad que parecen documentales para televisión. A la par, el propio festival se hace competencia con la segunda temporada en la que se proyecta la sección “DOC España”, de tal manera que el documental se desdobla y al espectador le crea enormes problemas para compatibilizar sesiones. Kent Jones con su “Hitchcock-Truffaut” rememora, y homenajea, a dos colosos del cine mundial (si, ya se que la figura de Truffaut es discutida, pero para mí, quien ha hecho “Les 400 coups” no merece discusión alguna sobre el alcance de su obra) y recuerda la famosa entrevista-diálogo de ambos directores que cualquier cinéfilo tiene en su casa. Para el cinéfilo es puro deleite, pero poco, o nada, le resultará nuevo o asombroso, eso no quita calidad ni mérito a la propuesta, siempre es agradable saber qué pensaba Hitchcock de sus “rubias”, qué pensaba de sus actores, qué le hubiera recomendado el británico cambiar a Truffaut en los 400 golpes……..ver en pantalla a Scorsese, Assayas, Anderson, Fincher, Kiyoshi Kurosawa, Gray, Schrader……..hablar de ambos, sobre todo de Hitchcock, y analizar algún detalle, alguna escena, un lujo. Pero quizás le falte algo, algo de originalidad para escapar del relato lineal que acaba a los 80 minutos como podía haber durado 120.
 


Una novedad de este año, en el que la SEMINCI se ha olvidado por completo del cine clásico (hace tiempo que no hay una retrospectiva de alguno de los grandes bajo la excusa de que el DVD y internet han hecho innecesarias esas experiencias de antaño) es el ciclo “Inéditos, talentos del siglo XXI”, en el que reconocidos autores de ahora verán exhibidas sus primeras películas no estrenadas en España, desfilarán Weerashetakul, Ceylan, Petzold, Mungiu, Sorrentino, Donzelli, Vinterberg………..siempre resulta interesante descubrir cómo eran antes de que la crítica empezara a hablar bien, o muy bien, de ellos.
 
 

viernes, 23 de octubre de 2015

BEAST OF NO NATION (Cary Joji Fukunaga, 2015) Calificación: 70/100


 
BEAST OF NO NATION (Caty Joji Fukunaga, 2015)
 


“Cuando la guerra acabe, no volveré a jugar como un niño”
 


En un país cualquiera de África, un país con mar y con selva, con heridas abiertas que los soldados nigerianos de la ONU recuerdan con su presencia, un país que no sabemos cuál es pero que podría ser todos y ninguno de la África negra, la vida sigue, pero la amenaza es constante. En tierra de nadie hasta que alguno de los bandos en permanente conflicto decide que hasta aquí hemos llegado y toca recuperar parte del territorio que ahora controla la ONU. En este caso parece que son las tropas del gobierno las que deciden eliminar esa barrera más teórica que práctica y lanzarse a la caza del rebelde. Para ello, la población en la que reside Agu (un espectacular chaval que interpreta a un niño por edad y a un adulto por las circunstancias en la misma película,  Abraham Ata) se transforma, de la noche a la mañana, de un lugar tranquilo y divertido a un verdadero infierno de venganzas.
 


En esa primera media hora el director nos muestra la vida normal de un niño, sus travesuras, sus risas, sus bromas, su familia, su televisión imaginaria, su día a día hasta que todo queda patas arriba con la llegada de la guerra. En un día Agu será separado de su madre, única que puede huir con el hermano pequeño, perderá a su padre y su hermano mayor, asesinados en una actuación dirigida a crear el terror en las aldeas bajo dominio rebelde y vagará perdido y sin rumbo por la selva. Desorientado, hambriento y sediento, incapaz de comprender lo que ha sucedido, porqué su familia ha sido diezmada y porqué él tiene que desplazarse sólo y sin ayuda. Agu se dará de bruces con la cruel realidad de la guerra en los países pobres, será capturado y acogido por un grupo de rebeldes que son dirigidos por un líder carismático, el “Comandante” (Idris Elba), uno de esos caudillos que recuerda al Kurtz de “Apocalypse Now”, uno de los dueños del horror. Un sanguinario líder en el que se confunden la figura del padre y la del tirano, un líder drogado y corrupto pero también capaz de sacar lo mejor de sus hombres haciéndoles creer inmortales.
 


Son los momentos de aprendizaje los que marcan la verdadera calidad de la película, Agu va sobreviviendo a la formación como “soldado”, va superando pruebas y va asumiendo que ese periodo de instrucción y de campamento va a concluir antes o después, que al campamento seguirán los combates, sólo falta la llamada del Comandante Supremo, del burócrata que maneja los hilos de la revolución y que decidirá dónde y cuándo ha de atacar el grupo de jóvenes y niños dirigidos por un imponente Idris Elba. Lo militar, lo tribal, lo esotérico, la brujería se mezclan con una progresiva bestialización del chico, un personaje que nos habla desde el presente recordando esos días, los días en que su infancia desapareció de golpe sin posibilidad de recuperación, unos ojos que pierden la alegría según pasan los minutos de película y que apenas pueden volver a sonreir. Agu asume que tiene que sobrevivir para poder volver a ver a su madre, sólo que en ese camino va a dejar de ser el Agu que su madre dejó en el poblado. Ritos de iniciación ancestrales unidos a drogas alucinógenas capaces de anular la voluntad y transformar a estos niños en asesinos implacables y voluntarios, ritos en los que los que no los superan son eliminados sin piedad y ofrecidos a los dioses. El poder del guía le permite eso y más, un ser amparado por la divinidad  y que nunca es herido gracias a esa protección se convierte en un mesías para su grupo, sobre todo porque no conocen otra realidad ni otro ejército combatiente, es someterse o morir.
 
 


A sangre y fuego, sin piedad, Agu irá superando cada prueba, con una leve resistencia inicial pero con la inteligencia suficiente como para saber que, de no hacerlo, la víctima será él. El director huye del efectismo y de regodearse en imágenes que podrían haber sido de violencia gratuitamente expresa, sólo en la escena de la primera muerte causada por Agu asistimos al resultado de su acción, que rápidamente queda situado fuera de plano. La conversión del niño risueño en un asesino da paso a dos niños jugando bajo un camión refugiados de la lluvia. Han perdido la inocencia pero no la totalidad de sus instintos, cuando no piensan pueden llegar a no ser conscientes de lo que acaban de hacer. En la contención de la imagen, en la credibilidad de diálogos y reflexiones, en la conversión de la fotografía en elemento identificador del horror, el papel del director, guionista, productor y director de fotografía Cary Fukunaga ( True detective) es esencial, da imagen exacta de la figura del creador, basta una alusión para saber que el comandante abusa de sus pequeños soldados creando una cohorte de favoritos sin necesidad de recrearse en la miseria ni en el morbo, anunciando el horror para que cada uno lo interiorice como pueda acompañando a Agu.
 
 
 


El mundo salvaje de la riñas tribales y de la descolonización mal resuelta sigue asolando un continente en el que cada barbaridad da paso a la siguiente, Fukunaga nos enfrenta a la realidad de los niños soldado, es cierto, sin ninguna embajadora de la ONU para la infancia, sin ninguna estrella de Hollywood salvando a un país entero de la guerra en el último segundo. Lo cierto es que no hay más salvación que la que cada uno pueda procurarse, posiblemente a costa de varias vidas, y entonces es cuando en la mirada perdida de un ser concentrado cuya edad no se corresponde con ese rostro ausente y duro comprobamos los resultados de una guerra cuyo final no es factible, donde cada caudillo se comporta como un general indisciplinado y con tendencia al enriquecimiento personal. Igual que la cocaína nubla la visión aplicada directamente sobre una herida sangrante y permite lanzarse al asalto sin pensar en tu propia vida, el futuro de Agu rememorará los meses de guerrilla sangrienta aunque su cuerpo juegue en la playa. Sólo no recordando podrá admitirse como ser humano, recordar lo que hizo y lo que vió no le va a aliviar, en los 10 años de Agu hay mucha más edad que en los 40 de la psicóloga que trata de recuperarle, Agu ha aprendido a sobrevivir sacrificando, no hay mente que permanezca incólume a ese terremoto.
 
 

miércoles, 21 de octubre de 2015

ECO DE LA MONTAÑA, Nicolás Echevarría, 2014, 68/100 IXCANUL, Jayro Bustamante, 2015, 71/100


REIVINDICACIÓN DEL INDÍGENA.

ECO DE LA MONTAÑA, Nicolás Echevarría, 2014. 68/100
 

IXCANUL (EL VOLCÁN), Jayro Bustamante, 2015. 71/100
 


Desde dos puntos de vista diferentes, la del documental antropológico y la de la ficción más descarnada con raíces en la naturaleza, estas películas, mejicana la primera, guatemalteca la segunda, proponiéndoselo o no, retratan las enormes dificultades de ser un extraño en tu propia tierra, cómo ser uno de los iniciales pobladores de tu país ni te comporta ventajas ni salidas, sino todo lo contrario, te margina y te condena a los peores trabajos, a las peores condiciones de vida, al ostracismo de ocultar lo que molesta o no se quiere ver, mucho peor todavía si eres mujer.

ECOS DE LA MONTAÑA comienza con imágenes de archivo, un telediario mejicano habla de la colocación de un mural de procedencia nacional en la estación de Louvre de París. A la inauguración asisten el presidente de Francia, Chirac, y el de Méjico, Zedillo, el gran ausente de la ceremonia es el artista, si, como lo leen, una inauguración sin  el autor de la obra, que, para más inri, se colocó mal al no preguntar cuál era el orden de las piezas y su sentido. ¿Para qué? dirían, si es arte indígena, lleno de dioses, animales y hombres, la gente se va a fijar en el colorido y poco más, es un lugar de paso, el turista quiere entrar en el museo y no va a perder el tiempo en manifestaciones culturales localistas.  Ese prólogo no deja de ser una radiografía de la situación, la absoluta desidia del poder hacia las manifestaciones artísticas de los pueblos originarios. Cuando el gobierno hizo el encargo, el propio artista, Santos de la Torre cuenta cómo vieron sobrevolar un helicóptero sobre la población y pensando que llegaban los federales, toda la población salió huyendo temiendo un ejercicio de terror de estado.
 
 

A partir de ese momento, el documental refleja el trabajo diario del artista para elaborar un nuevo mural encargado por un museo que ha de recoger y fomentar la cultura huichol, anclada al territorio de Viricuta, su lugar sagrado al que peregrinan una vez al año. Las bases del respeto a la naturaleza, los sacrificios animales, los vestidos llamativos, la lengua propia, su etnocentrismo, su difícil relación con el poder que los ignora, su lucha por mantener tradiciones milenarias incluso entre las generaciones más jóvenes, impregna el sentido de las imágenes, una reivindicación de lo propio para mantenerlo alejado de posibles infecciones externas, preservar lo tradicional no porque se considere mejor sino porque es la única manera de que una cultura, una raza, una forma de vida subsista, unas imágenes a las que las palabras y el rostro curtido y endurecido de Santos proporcionan calidez y sabiduría.
 
 

No deja de haber un mensaje poco tranquilizador en la película, esa disociación entre pobladores de un mismo país que parecen no mantener ningún punto de contacto entre sí, culturas impermeables en las que el predominio de lo occidental y del vecino del norte puede acabar con la esencia de los pueblos aztecas que se siguen resistiendo a rendirse, esta vez sin usar armas, simplemente manifestando y exponiendo su arte. Estamos por tanto ante una película que reivindica el arte de la resistencia, que coloca al artista en el primer plano de importancia ante el olvido y la ignorancia de sus gobernantes y sus compatriotas. Santos de la Torre habla por sí mismo y evidencia una sabiduría ajena al oropel del éxito, una sabiduría más antigua de la que colonizó el continente, una sabiduría plasmada en murales que contienen un trabajo y un diseño espectacular. El arte resistente se transforma, así, en declaración política, en reivindicación y grito silencioso para hacerse sentir.
 
 
 

IXCANUL opta, por su parte, por la ficción, ficción en la que se entremezcla el realismo mágico de las leyendas mayas de los indígenas guatemaltecos y que, de tan cercana, termina pareciendo cine documental por su inserción en el lugar, en los cafetales donde se mezcla el absoluto determinismo de los pobladores, en el volcán silente cuya presencia magnetiza a los habitantes, unos habitantes condenados al cafetal y perseguidos por las serpientes, soñando con atravesar un par de países para llegar a EEUU, emborrachándose hasta perder el sentido con líquidos de sabe dios qué composición.
 
 
 

Reivindicando la lengua propia, dialecto del maya, esa propia lengua termina marcando el destino de la joven  María y todos sus vecinos, la lengua les marca y les margina porque no pueden comunicarse con el Estado, y quedando en manos de intérpretes siempre quedan en disposición de ser engañados. En un relato circular que comienza con una petición de mano y termina con los preparativos de otra, y en cuyo transcurso se muestra el drama del abuso de poder en forma de connivencia entre policía, hospitales y jerarcas para secuestrar niños recién nacidos aprovechando el analfabetismo de los indígenas y las maneras de amenazar a la víctima en vez de perseguir la corrupción.
 
 
 

Los puntos de conexión entre ambas películas son más que evidentes, pero hay menos orgullo en los indígenas guatemaltecos que en los mejicanos, están más resignados a su suerte, a depender de los ciclos del café o a que el dueño de la plantación te acepte como trabajador. Saben que vivirán de por vida en las condiciones miserables que han sufrido generación tras generación, y ojalá, no les pase como al protagonista de “Los ausentes” de Nicolás Pereda, y puedan morir bajo techo, aunque éste sea miserable y de prestado. En “Ixcanul” el maltrato se centra sobre las mujeres, el maltrato institucional de quien se olvida de ellas y el maltrato de una sociedad eminentemente machista que concierta matrimonios sin contar con la propia afectada. Un estilo naturalístico donde mujer y elementos naturales funcionan en simbiosis, ejemplo de fecundidad aunque esté amenazada, en ambos casos, por los hombres y que exige de la solidaridad femenina para poder seguir adelante.