martes, 29 de diciembre de 2015

VALLEY OF LOVE (Guillaume Nicloux, 2015)


 
VALLEY OF LOVE (Guillaume Nicloux, 2015)
 

¿Qué harías si recibieras una carta de tu hijo diciéndote que, a esas alturas, ya se habrá suicidado y que te emplaza para que, durante una semana, sigas un trazado programado en el Valle de la Muerte norteamericano, cumpliendo escrupulosamente un horario y unos lugares bajo la promesa de que de esa manera volverás a verlo? Esta es la premisa de la película, ésta y la relación rota entre la madre y el padre que acceden  a esa última voluntad porque, en el fondo, están arrasados por la culpa y el remordimiento. Para ella, Isabelle Huppert, porque siendo su hijo un niño, abandonó casa, marido e hijo y no volvió a saber de él, para él, Gerard Depardieu, porque a los 10 años internó al niño en un colegio para no tener que preocuparse a diario. Ambos han tenido después otras relaciones, otros matrimonios, otros hijos, pero nunca más han vuelto a comportarse con ellos como hicieron con el ausente, pero tan presente, Michel, quien a los 16 decidió no volver a saber nada de sus padres.
 
 
 

No es Nicloux un cineasta que me levante pasiones, tampoco la idea del más allá, de las relaciones con los muertos me atraen, más bien siento cierto rechazo ante la presencia de un inevitable olor a misticismo y trascendencia que no comparto, todo ello unido a ese santurrón deseo de ser perdonados, como si los errores se borraran con el perdón. No obstante la película presenta ciertos aspectos positivos y otros negativos que descompensan el resultado final, a veces brillante, otros mediocre, algunos innecesarios. Nicloux tiene el don de conseguir hacer largo y reiterativo todo lo que toca, es un don entrecomillado claro está, hasta esta su última película consigue hacerse larga pese a durar hora y media, pero quizás esto tendría que decirlo en el apartado de puntos negativos. Eso sí, ahora que en el mundo civilizado se exhibe su película de 2015, en España, tan chulos nosotros, se estrena y permanece en algunas carteleras su película de 2013. Sobran comentarios.
 
 

LO POSITIVO.- La pareja protagonista, Huppert y Depardieu sostienen la totalidad de la propuesta con un rigor interpretativo, conocido en Huppert y que se echaba en falta en las últimas películas vistas en España de Depardieu, que solventa muchas de las lagunas e innecesarias apuestas del director. Rostros y cuerpos cansados, fatigados, resignados a un futuro de soledad y, por qué no, de muerte próxima, ansiando un perdón que ya nadie puede concederles salvo que ese ente retorne de un mundo inaprensible. El exmatrimonio de ficción solventa con confianza extrema retos que el director plantea sin necesidad, como el acercamiento amoroso de una pareja rota hace muchísimos años o la aparición de una pareja norteamericana que nada aporta y para nada sirve en el relato.  Muy destacable es la fotografía, el delicado uso de la luz, especialmente en las escenas nocturnas cuando el director escoge iluminar a los personajes manteniendo la penumbra en un segundo plano,  o la aplastante luminosidad del desierto en las escenas de salida de la pareja siguiendo la ruta prefijada por el hijo muerto, y el uso perfecto de la banda sonora, utilizando con precisión música clásica de Charles Ives, que ajusta perfectamente el tono y el sentido de la imagen, aportando ese halo sobrenatural que rodea a la historia y que desquicia a los personajes.
 
 
 

LO NEGATIVO.- Una sensación de “déjà vu”  rodea la historia y no sabría decir muy bien porqué, como si estas relaciones con los muertos que no terminan de dejarnos o a los que no dejamos marchar ya las hubiera visto muchas veces, como si a Huppert y Depardieu se les hiciera cuesta arriba creerse la realidad de lo que están haciendo, sometidos a la condición ficticia de ser viejas glorias del cine en la propia película. Tampoco ayuda a la credibilidad y calidad de la propuesta la progresiva deriva hacia lo sobrenatural que el relato adopta, sobrenatural con efectos físicos que, si es que no lo pretendía el director, nos impide pensar en la somatización de un sentimiento y de un deseo por parte de los padres del muerto, entendiendo que el director opta por querernos hacer creer esa materialización de un espíritu nada vengativo. Tampoco es acertada la progresiva influencia de la muerte en el relato, no de palabra, sino con acciones, o con apariciones espectrales que nos recuerdan, como a los emperadores romanos, que somos mortales. Ese espíritu trascendente impide que la película eleve su nivel y alcance un tono que no sea el monocorde recuerdo de un hijo, tras cuya pérdida, se evidencian más las carencias de unos padres sobre los que el director deja escapar una gran historia personal de los vivos más que de los muertos. La película deriva más hacia el “creer o no creer” en el más allá y en las almas, que en la narración de lo importante, en el porqué de las causas y los efectos, convirtiéndose en una reivindicación de lo místico sobre lo mundano, de lo religioso sobre lo laico, de la vida sobre la muerte.
 
 

Nicloux no ha conseguido cambiar mi criterio sobre su cine, pero en esta su última película tiene momentos especialmente notables que me hacen pensar que no he perdido totalmente el tiempo, los planos-secuencia siguiendo la espalda de Huppert a su llegada a ese hotel donde permanecerán esos días o los paseos nocturnos de Depardieu en bañador o ropa interior con toda su humanidad despojada de artificios bien valen la contemplación. Es más que probable que a otros directores franceses del momento, como Bonello, Ferran, Assayas, Desplechin……..la apuesta les hubiera sugerido más riesgo, pero claro, es Nicloux, no todos pueden ser sobresalientes.