martes, 1 de diciembre de 2015

TAG (Riaru onigokko, Sono Sion, 2015)


 
TAG.- RIARU ONIGOKKO (Sono Sion, 2015)
 
 


Seguir la pista de Sono Sion es complicado, su cine no llega a la cartelera comercial y en plataformas digitales de pago puede verse, y generalmente disfrutarse, una película anual de las suyas, pero cuando estamos ante un director que estrena entre 3 ó 4 películas por temporada últimamente, hay mucho material que se va perdiendo por el camino. Como en el caso de Takashi Miike, con quien le une bastante en su forma de conceptuar la imagen, la historia, el uso de la violencia, reflejando las corrientes subterráneas de una sociedad que impacta en su capa más visible por el respeto y el orden, pero que en la realidad adolece de todos los males de las sociedades modernas y basta con rascar un poquito para encontrarse con otros ambientes y otras evidencias muy poco edificantes, el exceso de creación no siempre puede mantener altas dosis de calidad.
 
 
 


Imagino que al fan de Sion cualquier cosa le vale, sin necesidad de ser un “otaku” ni un cabeza loca, la estética de la violencia, el sangriento carnaval de muerte y destrucción que suele acompañar al cine de este director le satisface, aunque no siempre vaya acompañado de un discurso coherente. “Love exposure” es la obra más redonda y atractiva de su cine que conozco, no empaticé con el Suicide Club y Tokio Tribe y Why don,t you play in hell me parecieron solventes y funcionales, dignos representantes del sello de su autor, pero este Tag no es que me descoloque, que creo que es lo que pretende, sino que me interesa relativamente lo justo cuando admito varias de las posibilidades de que lo que me esté contando pueda ser un cuento surrealista, o una representación del subconsciente de una joven o la negación de alguien que no quiere morir y se enfrenta sucesivamente a una persecución constante para evitar ese desenlace.
 
 
 


“La vida es surrealista, no dejes que te atrape” es el leit motiv de la película, película que cuenta con dos aspectos positivos, el primero su contenida duración, apenas 85 minutos, con lo que el sueño surrealista no tiene tiempo de aburrirnos y abrumarnos, podrá desconectarnos si desistimos de intentar entender y comprender lo que se nos cuenta, eso sí, y el segundo una brutal escena de apertura digna del gore más salvaje y funcionalmente resuelta por unos efectos especiales al servicio de ese golpe de efecto, dos autobuses escolares seccionados por la mitad con la totalidad del pasaje, salvo la protagonista, por algo que no llegamos a saber, ¿el viento, un ente inmaterial, la propia psique de la protagonista? Una escena que coloca al espectador ante la perspectiva de un holocausto de tamaño desproporcionado del que Mitsuko intenta escapar y buscar refugio.
 
 
 
 


Como un bucle infinito, Mitsuko, en su huida, termina en el punto de partida, en el colegio femenino del que han salido los autobuses. Allí encuentra a todas sus compañeras de colegio vivas, ajenas a lo que acaba de vivir. ¿Era un sueño, ha perdido la memoria? En el ínterin desde ese arranque brutal hasta la siguiente carnicería, habrá un momento de paz, de tranquilidad bucólica punteado por síntomas inquietantes, dos mujeres observando, materialización de situaciones imaginadas, y una constante que se repite, “haz algo inesperado que cambie tu vida”. Posteriormente Mitsuko volverá a vivir otra matanza, y huyendo llegará a otro lugar y otro ambiente en el que volverá a encontrarse con sus conocidas, y eso aunque su cara y su nombre han cambiado pero ella sabe que sigue siendo Mitsuko, y volverá a pasar, y volverá a pasar…….
 
 
 


En el desbarre de imaginación y situaciones irreverentes y provocadoras, Sion no puede dejar de lanzar una crítica a su sociedad, y no hay mejor crítica que, por un lado, colocar en situaciones extremas ejemplos de la realidad (las consabidas teenagers japonesas con minifaldas imposibles que en todas sus películas terminan lanzando patadas para enseñar sus bragas, o la boda por rito católico que termina convertida en un aquelarre) y por otro hacer una película solamente con mujeres, y desde luego no por misoginia, sino porque en la ausencia del hombre se encierra la consideración negativa del machismo dominante en la sociedad japonesa. Dirigidas a un futuro programado, las mujeres son víctimas constantes en esta película, a manos de mujeres es cierto, pero el final reserva la crítica absoluta al género masculino con algún apunte previo en la ceremonia nupcial. Sion puede parecer sexista en sus composiciones visuales de la mujer, pero no duda en criticar, película tras película, el papel que el cine reserva a la mujer japonesa como traslado de una constante del país, es cierto que en muchas ocasiones la iconografía que rodea a sus protagonistas va envuelta en un reclamo sexual que juega al equívoco, pero por un lado, o por otro, terminará saliendo la reivindicación igualitaria, aun a fuerza de patadas.
 
 


“TAG” no engaña, ya avisa superado el shock inicial, que estamos ante una historia surrealista, es un guiño, una invitación, una exigencia a que superemos los miedos y hagamos con nuestra vida lo que nos apetezca para no morir antes de tiempo. La muerte de estos personajes es la muerte programada de quien no puede hacer nada que se salga del guión, estudia, cásate, trabaja, ten hijos, hipotécate, jubílate tarde y mal, es una vida que no es nuestra sino de ellos, de los que diseñan el videojuego, pero si decides estrangular al amante forzoso, el programa informático puede quebrar y tu vida convertirse en un lienzo en blanco que tu tienes que rellenar. Y de morir, morir porque uno quiere y después de haber puesto todo patas arriba, que lo demás es muy aburrido. Así es Sono Sion, y así nos pide que reaccionemos. Podemos empezar dando patadas en las urnas, es un modo de despertar de la muerte civil a la que nos han dirigido tantos políticos preparados y expertos.