viernes, 18 de diciembre de 2015

MICROBÚS (Alejandro Small, 2014)






MICROBÚS (Alejandro Small, 2014)


Abrir hoy la página de cine de cualquier diario nacional o regional, mirar las carteleras de las ciudades, decidir ir al cine en salas, implica un encontronazo con la más dura realidad, la invasión de lo multinacional es insuperable, el monopolio de exhibición al servicio de la “fuerza que no nos acompaña” es mayúsculo. En una ciudad media como la mía, con 7 espacios de exhibición de películas, 6 cines exhiben la última oferta de mercadotecnia al gusto del fanático de la saga galáctica, y algunos de ellos en varias salas. Pensar hoy en reivindicar una  película del estilo de “Microbús” es un acto de rebeldía, mi acto romántico del día, hoy que todo el mundo saca la espada láser yo sigo hablando del cine pequeño que me interesa, tan pequeño como para retratar en 44 minutos a una generación de jóvenes aparentemente inactivos pero que cuentan muchas cosas en un paseo nocturno, frente a la superproducción reivindico una película peruana.


Conocer algo de la ciudad de Lima ayuda a disfrutar de lo que se ve, no todo el mundo puede tener esa fortuna o esa posibilidad, pero Lima es una ciudad sitiada, dos o tres distritos ricos rodeados de espacios de pobreza absoluta. Miraflores, San Isidro, Barranco son zonas de burguesía acomodada, centros de la zona financiera y turística de la capital, donde viven los adinerados y los que no necesitan de lo más básico para vivir con dignidad, zonas de Lima donde la presencia policial y militar garantiza salir libremente y sin peligro por la calle, barrios en los que te puedes encontrar espacios con decenas de olivos milenarios llevados por los españoles, chalets en mitad de la ciudad ocupando espacios impensables en cualquier capital europea en pleno centro. Estos barrios son por los que pasean durante toda una noche nuestro grupo de jóvenes, estos y no otros porque son los que pertenecen a una clase económica cuyos hijos pueden permitirse vivir en una fiesta continua, ir a la universidad, beber alcohol, salir por la noche sin preocuparse por ser asaltados, el sistema les protege y les mima.



La película se origina en un intento de prueba de una nueva cámara, la intención de reflejar la noche y sus luces y sin guión literario ni fílmico que lo sustente, con las localizaciones elegidas y los muchachos improvisando durante esa noche, una noche en la que la permanente neblina y grisura del cielo de Lima transforma en fantasmal el deambular del grupo de jóvenes. Jóvenes que pueden pasar del afecto al insulto, de la risa al enfrentamiento sin razones aparentes. Una cámara inestable que sigue al grupo, bien junto, en parejas, por sexos, por las calles de Lima, con una iluminación en la que los tonos ocres y anaranjados toman especial relevancia haciendo surgir a los personajes entre un halo de irrealidad nocturna, y las letras de las canciones del grupo “Turbopótamos” que guardan especial relación con las imágenes. La película se concibe desde la ausencia, para el personaje de Isidro la de Gabriela que encabeza el inicio de la película, para Luciana la de Franco, para otros la de Leo, para Daniela la presencia dolorosa del interlocutor telefónico que la insulta.



En ese grupo al que accidentalmente se une Isidro atraído por la presencia de Luciana, el vagar por la ciudad en una noche de miércoles, en la que solamente están ellos y la policía por las calles, es una excusa para alargar los días, para que esa madurez inevitable, para que ese final del verano no termine de llegar y con él el aumento de responsabilidades y el fín de la fiesta. Small utiliza la elipsis y la visión fragmentada para aportar datos y ocultar otros, mezclará tres conversaciones al mismo tiempo presentándonos a todos los personajes pero sin llegar a desvelarnos cómo es quien cada cuál, sabrá colocarnos en una tensa posición no sabiendo si va a surgir una violencia extrema en cualquier momento, si esa noche de verano va a ser la primera de muchas para Isidro, o si es un recuerdo de una noche pensado desde el presente y hacia atrás. “Hoy no me siento igual que ayer” dice una de las canciones mientras comprobamos que el tiempo no es infinito y la rabia contenida de todos ellos se debe a sus respectivas frustraciones amorosas y al miedo por el futuro que se acerca a la carrera. Apenas han tenido tiempo de sufrir otro tipo de contradicciones vitales, así que sus conversaciones sobre sexo, amores, amistades, historias pasadas…vienen teñidas de muchos lugares comunes, como todas nuestras conversaciones cotidianas. Al tiempo, Isidro asiste expectante al desarrollo de esa noche, ya veremos a donde lleva el camino, pero ¿y si Isidro está imaginando lo que le gustaría y son todos los demás fruto de su imaginación?.


No necesitamos que Small nos cuente lo que nos oculta, es más, se agradece ese juego de elipsis, de no saber qué se dicen unos personajes a los otros, del porqué de la sensación de ahogo y desesperanza entre aquellos que, aparentemente, proceden de una clase social burguesa en un país de enormes desigualdades. Lo que vemos es suficiente para retratar a una generación cuyas cabezas se conectan sin necesidad de contarse grandes cosas, cinco cabezas en las que las dudas crecen y cuyo contenido puede ser mínimo, que se juntan en una rueda que mira al cielo, los pensamientos en las nubes, aunque sea la permanente garúa de la capital peruana que impide ver el sol.

 https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=9&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwj_uumwtOXJAhUCJhoKHcIdCtsQtwIIQDAI&url=https%3A%2F%2Fvimeo.com%2F104740256&usg=AFQjCNGuw2iW-U31E2LL5vkC5ozUwX6rGQ&sig2=VSFvSoJ_CrMPmrEguGJ5TQ