viernes, 13 de noviembre de 2015

OS CAMINHOS DE JORGE (Miguel Moraes Cabral, 2015)


 
OS CAMINHOS DE JORGE (Miguel Moraes Cabral, 2015)
 
 

Vivir de espaldas a Portugal no es nuevo ni va a dejar de ser frecuente, es la forma de relacionarse con un vecino al que se considera inferior, con esa prepotencia del que no tiene casi nada de qué vanagloriarse y que olvida tantas cosas en común, tanta historia compartida y tanta necesaria comunicación con quien no tiene más salida terrestre de su país que la frontera española. “Os caminhos de Jorge” se centra en las personas, pero retrata un país, un país viejo, un país necesitado, un país pobre y lleno de supersticiones, personas sacadas del campo y entregadas a la ciudad sin llegar a dejar de llevarse por los instintos naturales. Personas sacadas de una novela de Eça de Queiroz y transportadas a un presente en la ciudad de Braga, que engolan la voz y hablan de pasadas glorias mercantiles y coloniales.

 


Tres ancianos completan el entramado de este documental, cada uno con menor participación que el otro,  Jorge el afilador, curandero y reparador de paraguas, el pastor que se mueve con su rebaño y sus muletas por los campos y el intelectual que habla de las pasadas historias de la ciudad. Tres personas envueltas en un manto de soledad casi permanente, y atemorizados por la idea de la muerte, tres personajes en los que el entorno utilizado por el director ayuda a otorgarles un presente entre místico y misterioso, sobre todo al fundamental, ese afilador en ciclomotor, un chamarilero que lo mismo te afila un cuchillo que te arregla el paraguas o te cura las enfermedades con la imposición de manos. Tres personas que pueden detener sus paseos en cualquier momento para rezar una oración y encomendarse a unos santos que tienen demasiado trabajo en un país permanentemente en crisis e inundado de pobreza.
 


Pobreza como la de estos tres seres jubilados, pensionistas que no pueden renunciar a cualquier trabajo que les permita completar esa pensión, rodeados de muerte, de la muerte de los que ya no están y soñando con una muerte dulce, con una muerte en paz, en la propia cama, dormirse y ya no despertar. En medio de las nieblas, la aparición de ese ciclomotor representa la llegada del muerto a su reino, un reino en el que ya no volverá a verse ese sol tan necesario para que luzca la fiesta religiosa, para que la misa venga bien acompañada de una procesión lucida y sentida. Unos personajes que caminan por más voluntad que deseo, en el movimiento mantienen la conciencia de permanecer vivos pero saben que todo llega a su fín, incluso el camino, como ese deambular que termina en un puente cortado porque las obras han quedado a medias como consecuencia de la ruina.
 


Los caminos de Jorge son los caminos del movimiento para ganarse la vida, “mi vida siempre fue viajar para trabajar”, a los cerca de 80 años de edad se desplaza horas y horas por carreteras secundarias buscando plazas, calles, tocando ese pitido agudo que anuncia su llegada y ofreciendo la piedra de afilar para su trabajo. Un afilador sin dinero para cambiar de ciclomotor, un pastor con muletas, un intelectual sin audiencia ni proyecto académico, personas rotas por el paso del tiempo y que reflejan la fractura de un país triste y melancólico. “Parece que está parado el negocio hoy” “¿y qué no está parado en el país?”, conversaciones resignadas en una barra de bar haciendo cálculos para conseguir 1000 € antes de morirse que cubran los gastos de entierro, de sepultura, de tasas, del cura, al menos morirse con la satisfacción de un entierro digno antes de que en la salida de una curva te encuentres cinco velas encendidas que anuncien tu muerte esa misma noche. Las apariciones espectrales entre la niebla pueden proceder de incendios que también traen muerte y destrucción, los brigadistas salen del humo como los personajes a los que seguimos aparecen entre la niebla y permanecen inmóviles, ausentes, olvidando su dirección porque da lo mismo dónde piensen desplazarse. La resignación  de quien sabe que pronto morirá y no quiere porque el mundo es demasiado bonito como para morirse, y por eso Jorge ya se ha reencarnado tres veces, y las que le quedan.