jueves, 5 de noviembre de 2015

L,ARTÉRIA INVISIBLE (Pere VIla Barceló, 2015)



L,ARTÉRIA INVISIBLE (Pere Vila Barceló, 2015)




El cine de Pere Vilá es complejo y áspero, exige el esfuerzo de querer llegar a su interior y acomodarse a su ritmo, dejarse envolver por personajes muy poco empáticos, o directamente despreciables. Interesado por ver su evolución tras su “La lapidación de St. Ettiene” y con la presencia siempre sugerente y propiciatoria de buen cine de Lluis Miñarro en los títulos de crédito, la nueva película del director catalán perfecciona la senda iniciada, modera sus excesos, aunque los mantenga (un par de escenas eliminadas mejoraría, probablemente el resultado y no limitaría el alcance de la propuesta), pule sus momentos crípticos solicitando la colaboración del espectador y logra una notable película donde la incomunicación de una pareja, y los efectos de la crisis y de la soledad, amargan a otra.





La arteria del título es aquélla que nos mantiene unidos a algo que creemos lejano o inexistente pese a que hagamos todo lo posible por desconectarnos de personas o lugares. Frente al matrimonio que forman unos estupendos Alex Brendemuhl y Nora Navas como pareja a la que no le falta de nada de lo material pero todo de lo que une en lo personal, sumidos en la frustración permanente de ella obsesionada por ser madre y por las infidelidades del marido, y en la esperanza angustiosa de él por conseguir ser candidato a la alcaldía de su ciudad, se encuentran la pareja de jóvenes formada por Alex Monner y Joana Vilapuig, a quienes les podría sobrar amor pero éste está saltando por la ventana como consecuencia de la falta de dinero. Los cuatro están ligados por una arteria invisible que desconocen, o que han olvidado, y las frustraciones sexuales, maternales y económicas de cada uno de ellos la reactivará.




La frase seca y cortante, las miradas perdidas, el mirar a través del cristal para no ver nada, comer en silencio acompañados por las noticias de la crisis del telediario de turno son rutinas que esconden la realidad del engaño que cometen y se hacen a si mismos el matrimonio adulto. Para los jóvenes la realidad diaria se ha convertido igualmente en un infierno desde que Sonia (Joana Vilapuig) ejerce la prostitución para poder mantenerse ambos, la necesidad hace el hábito, pero no por ello se asume con agrado ni se acepta, más aún cuando personas muy cercanas viven en la auténtica miseria sin venderse. A su pareja, un acogimiento preadoptivo que resultó fallido le sigue marcando y machacando su presente, incapaz de asumir el porqué de aquel rechazo. A los cuatro personajes les sobran razones para su amargura, para su desesperación, y finalmente para reaccionar desde el odio y la rabia para vengarse de quien suponen más fuerte.




Todos ellos se enfrentan la mayoría de ocasiones en solitario a la escena, o se individualizan después de un momento de compartir en trayectorias poco coincidentes, están juntos pero no comparten el momento ni cuando practican sexo, la despersonalización de las situaciones y el individualismo presiden los actos, enclaustrados en puertas o ventanas que, más que aperturas de espacios muestran cárceles interiores, como si el director jugara a mostrarnos el hecho y dejarnos la consecuencia a nuestro juicio. Estamos ante una de esas películas donde no cabe redención ni optimismo, desarrollándose en pocas semanas la trama, es comprensible que los personajes no puedan evolucionar sino hacia peor, cada uno según su rumbo prefijado, directos a la destrucción  de lo poco ético que les queda. Todos ellos actúan de manera cruel, como si sólo renunciando a la moral pudieran sobrevivir, como si su condena a una hipotética muerte fuera conmutable comportándose peor de lo que ya lo han hecho.




Injustamente mal recibida en el festival de Valladolid, y maltratada en los premios que prefirieron opciones más comerciales y con la carrera de taquilla medio hecha, “L,artéria invisible” es una de esas películas que crecen en el recuerdo como el odio que reconcome a los personajes, una lucha de clases de la que nadie va a salir victorioso sino que todos y cada uno usará sus chantajes emocionales para pretender suplantar la falta de amor y de dinero, cine complicado ante la avalancha de cine convencional y bien intencionado, cine despreciado porque sólo queremos finales felices e historias complacientes y esperanzadas con nuestra debilidad y cobardía, cine de muy difícil salida comercial incluso en el país de origen. Si, es cierto, no hay piedad para estos personajes en la película, pero quizás tampoco hayan hecho nada para merecerla, sus arterias invisibles se basan en el engaño y en la venganza, unas arterias a punto de explotar y desangrar a sus poseedores.