domingo, 29 de noviembre de 2015

LA INMENSA NIEVE (Carlos Rivero, 2015)


 
LA INMENSA NIEVE (Carlos Rivero, 2015)
 
 


Algo importante tiene esta película cuando en apenas media hora es capaz de abrir muchas posibilidades y dejarlas todas resueltas, o que el espectador pueda plantearse varias alternativas en la historia y todas ellas queden perfectamente explicadas. Puede que todo se deba a una malformación de quien escribe pensando que las cosas son más complejas de lo que parecen y que lo que se cuenta es más literal y lineal de lo que me parece, pero todo me indica que no, que hay un abanico de situaciones que conducen a un replanteamiento de lo sucedido al protagonista, perdido en un inmenso mar blanco, en la blancura que provoca la imposibilidad de superar una pérdida, la blancura como sinónimo de vacío y de frustración, sensaciones y situaciones muy agradecidas para recogerlas en imágenes.
 
 


Un paisaje en plano fijo, un bosque nevado, un hombre haciendo un equipaje, unas personas mayores alegres ante lo que puede representar un reencuentro con alguien querido, una parada en el viaje, una mirada desafiante y apagada ante la inminencia de entrar en un lugar que trae recuerdos no necesariamente buenos, o, ¿simplemente estamos ante el inicio de una relación? ¿es el recuerdo de lo perdido o el momento inicial de lo que no se sabe cómo va a transcurrir? ¿Está el protagonista recordando ese primer día y noche con alguien muy importante o realmente estamos ante ese primer encuentro que no se sabe cómo va a proseguir y que sirve de excusa para no terminar un viaje que no apetece hacer?.
 
 


La gélida superficie que rodea la película se suaviza con la perfección del plano, los momentos de silencio se llenan con la profundidad de las miradas, la sensación de la derrota con la perspectiva optimista de presenciar el inicio de una relación más que el epílogo de lo que fue. La nieve y los espacios vacíos que rememoran los encuentros y momentos de ilusión, una película pequeña perfectamente fotografiada y que permite hacer volar la imaginación sobre la historia. La metáfora del encuentro casual, del azar en la vida, un camarero que decide por el cliente y los únicos comensales en un restaurante permiten construir todo un imaginario de una relación, porque ¿realmente va a haber o hubo relación o todo es una ensoñación en la mente de un protagonista que no quiere volver donde se le espera?. Un ejemplo adecuado de buen cine y un director a seguir.