viernes, 20 de noviembre de 2015

INNISFREE (José Luis Guerín, 1990)


 
INNISFREE (Jose Luis Guerín, 1990)
 
 


"Al llegar allí y sentarme en el mismo pub que es el centro de la vida social de El hombre tranquilo, y admirar la capacidad increíble de los irlandeses para la interpretación, se me empezó a ocurrir el hacer una película sobre el pueblo y sus gentes. Luego, mientras recorría Innisfree y los condados vecinos, fue naciendo la idea de comparar esos paisajes, que yo conocía por una película rodada 37 años antes, con los que mis ojos iban contemplando" José Luis Guerín a M.Torreiro en noviembre de 1990 para el diario El País.
 
 
 
 


Del lugar de la memoria, en los recovecos de lo idealizado, unas vías y una estación maltrecha te llenarán de nostalgia teñida de alegría recordando el bienestar de unos diálogos, de una apuesta, de unos viajeros abandonados, de unos maquinistas bebedores, de un conductor de carruajes llevado de un lugar a otro por su caballo y no al revés. Un plano de un andén, una marquesina y unas vías hace tiempo abandonadas por las que circulaba una máquina de vapor recorriendo Irlanda, trayendo y llevando gente, canciones y también al IRA. Un camino hecho para andar y para vivir la naturaleza por más esquiva y hostil que ésta pudiera ponerse con el caminante. Un espacio en el que los fantasmas se mueven repitiendo una y otra vez las escenas de “The quiet man”, hasta el punto de no saber si Innisfree existía antes de que John Ford lo escogiera para rodar la película o si el lugar se creó después de la existencia de la película como consecuencia de nuestra idealización.
 
 
 
 


Una cabellera pelirroja, una blusa azul y una falda roja son todo un icono de la historia del cine, da lo mismo la época y el espacio, una mujer de espaldas mirando una puesta de sol o el horizonte nos recordará a la película de los 50, igual que una gabardina y una gorra Gatsby sólo nos evocará a un personaje concreto, Mary Kate y Sean Thorton, personajes de leyenda para la historia de un arte tan reciente como éste. Espectros de nuestra memoria que imaginamos en la película de José Luis Guerín sin llegar a verlos en pantalla, bastan los lugares, ausentes y huérfanos de personajes para que, inmediatamente, nuestro subconsciente rellene el plano con las escenas. Homenaje, recreación, y también un retrato de la Irlanda de finales de los 80 en relación con la historia de la película que cambió su posición en el mundo después de su estreno, como si el tiempo se hubiera detenido y cada generación estuviera obligada, sentimentalmente, a comportarse como los vecinos de la película. Ciudadanos de las regiones irlandesas de Mayo y Galway rememoran el rodaje, o anécdotas de los actores, comparten en el pub situaciones de camaradería comunitaria como recién sacadas de las que Michaeleen Flynn compartía en Cohan,s, escolares nos cuentan la película en una sucesión de frases encadenadas. Innisfree se convierte en el lugar al que siempre querer volver, el lugar en el que refugiarse como hace Sean, esos espacios del pasado que nos reconfortan al pensar en ellos.
 
 
 
 
 
 
 



 
 
 
Cong y sus calles, sus puentes, sus ríos, sus prados, su tren, la casa de Sean, la casa de los Danaher, la iglesia en ruinas iluminada por los relámpagos de la tormenta,  el beso en medio del vendaval, la viuda Tillane, el reverendo Playfair y el padre Lonergan, recuerdos que no se quieren perder, como un sombrero en un  poste en la playa a la espera de que alguien lo escoja para el baile. Bebedores empedernidos que sufrirían un colapso mental y físico si se agotara el whisky, que renunciarían a la fe si una plaga acabara con  la cebada de todo un año y les obligara a beber agua. Una comunidad donde católicos y protestantes conviven con clara mayoría de unos sobre otros, convivencia que obliga a ayudar a la confesión menos abundante para que no se cambie al pastor que tan bien nos cae. Pero una comunidad que también sabe matar por la independencia y que ha vivido con el peso de las armas, de las ejecuciones y de los ejércitos paramilitares. Un Cong en la zona católica, flanqueado por dos lagos inmensos, próximo al mar, pero también Cornamora, Cloghbrack, Clonbur, Maum, Finny, localidades minúsculas que sólo pueden vivir de recordar el pasado, situadas en el mapa gracias al cine, y situadas de manera imborrable en nuestra memoria.
  
 
 
 
 


No estamos ante un reportaje, y si hablamos de documental es por el valor mismo de la palabra “documento”, es el soporte imprescindible para evocar los ecos del pasado y ponerlos en relación con el presente. No hay alocuciones discursivas, es la imagen y los ciudadanos del lugar los que nos colocan, frente a frente, una película con los espacios reales del presente. Ni ha sido la primera vez ni será la última, ni tampoco en el cine español, películas muy recientes beben de esta idea, no se si surgidas a la luz de Innisfree y su ejemplo, pero “Equi y n,outro tempo” de Ramón Lluis Bande o “Ya viene, aguanta, riégueme, mátame” del colectivo Los hijos, son herederos, conscientes o inconscientes, de esta manera de contar una historia y recordar un lugar en el que, lo que ha perecido, son las personas, pero no su espíritu. Impacta y emociona ver imágenes que el recuerdo relaciona con la ficción de una película o de un suceso histórico, y emociona más recordar esa situación sin contar con la presencia de los personajes reales o ficticios, sorprende pensar cómo el cerebro tiende a rellenar los espacios vacíos recuperando recuerdos que ni sabíamos que teníamos almacenados. Las imágenes provocan el poder innegable de la sugestión para recordar la película que no vemos.