viernes, 6 de noviembre de 2015

AMERICAN INTERIOR (Dylan Goch, 2014)


 
AMERICAN INTERIOR. (Dylan Goch, 2014)
 
 

Sugerente, divertido, ameno, con buena música, con un maestro de ceremonias en estado de gracia, con la complicidad de un pueblo que tiene fama de buen humor y poco sentido del ridículo como el norteamericano, el músico del grupo Super Furry Animals, Gruff Rhys, se embarca en la tarea de contar la epopeya de un antepasado suyo, Jhon Evans, que pasó a llamarse Juan Evans a lo largo del periplo, y que hacia 1790 abandonó su Gales natal para seguir las huellas de un príncipe galés del siglo XIII, Madoc, que cuenta la leyenda, se asentó en el Medio Oeste americano antes de que llegara Cristóbal Colón, y consiguió que alguna tribu remota adoptara el galés como idioma de comunicación.
 



 

Se está celebrando una nueva edición del In-Edit film festival dedicado al cine musical o al documental sobre música, y con independencia de que muchas de sus películas pueden verse on line, la plataforma de pago Filmin ofrece una selección superlativa de películas exhibidas en otras ediciones, entre las que se encuentra esta “American Interior”, premio del público en 2014, en la que el auténtico protagonista de la historia, Gruff Rhys, sigue los pasos de ese antepasado desde la casa natal del mismo  hasta su muerte en Nueva Orleans, con una guitarra y un equipo para hacer presentaciones en power point con las que va ilustrando al público de sus conciertos acerca del personaje aventurero y sus andanzas por una tierra en pleno proceso de descolonización y que mantenía, más allá de Saint Louis, el dominio español sobre más de la mitad del continente norteamericano.
 
 
 

El viaje es agotador sólo con recordarlo, entre 1790 y 1799, John (Juan) Evans abandona Gales para llegar a Baltimore, Pittsburgh, Río Grande, Cincinatti, New Madrid, bajar el Missisippi hasta Missouri y ser encarcelado en Saint Louis por sospechas de ser espía británico, adquirir la nacionalidad española, ya libre, el gobernador español le encarga encabezar una expedición costeada por el reino de España, con un escocés, para remontar el río Missouri buscando una salida al pacífico con una tripulación de franceses, llegar a Columbia y encontrarse con la oposición india de los Omaha, que le obligaron a continuar la marcha a él solo con unos pocos acompañantes, dejando al escocés con el encargo de volver a Saint Louis y contar al general McKoy lo sucedido, sin apenas armas, pues como le llamaban los indios era “hombre de lengua de oro” y con la palabra iba convenciendo a las tribus indias para que le permitieran el paso a través del río.
 
 
 

John Evans se pasa a llamar Juan Evans para españolizarse, consigue remontar contracorriente el Missouri durante más de 1600 kilómetros, llevando la frontera española hasta Canadá, lo que después pasaría  a ser territorio estadounidense, aprovechando para investigar el verdadero fín de su viaje, no el oficial, para el que tenía el encargo de cartografiar completamente el río, lo que consigue, expulsar a cualquier británico, lo que también hace, haciendo ondear la bandera española en remotos paisajes y enclaves nunca pisados por el hombre blanco, y capturar un unicornio, algo que, evidentemente no consiguió. La finalidad del viaje era localizar a esa tribu india que hablaba galés y así poder enviar la noticia de vuelta a su país para que el medio millón de galeses supieran de la existencia de una tierra rica a la que poder emigrar y abandonar las hambrunas y la pobreza de su país natal.
 
 

Con las tribus del camino, Evans siempre termina preguntando ¿hablan ustedes galés?, hasta que llega a la última conocida, los Mandan, que le confirman lo que ya venía sospechando, que nadie conoce el idioma galés en Norteamérica. Aquí la película da un giro especial, pasa a defender al indígena norteamericano al tiempo que pasa a defender la especialidad de la lengua de CYMRU (nombre de Gales para los galeses, porque Gales es el nombre puesto por los británicos y que se refiere a los “extranjeros”). La lengua de los mandan sólo es hablada perfectamente por una única persona, sólo existe una escuela que enseñe la lengua vernácula, en Twin Butts, un pequeño pueblo del norte de la nación, donde nace el río Missouri. Los nativos americanos cuentan cómo eran castigados en el colegio si eran sorprendidos hablando su lengua, del mismo modo que a los galeses se les obligaba a aprender inglés al llegar al colegio cuando siempre, y sólo, habían hablado en gaélico. Con una sorna especial y mucho sentido del humor, Rhys reconstruye ese viaje al tiempo que nos enseña la creación de su música, un viaje especial en el que se hace acompañar por un muñeco de tela que representa a su antepasado, un antepasado que terminó muriendo a los 29 años de edad en Nueva Orleans, encerrado en una jaula de oro para que no revelara la información obtenida a británicos ni norteamericanos. El final de la historia es una celebración, una fiesta, el espíritu de Nueva Orleans desborda a la música de Super Furry Animals y en pleno paisaje galés, Gruff Rhys homenajea a su antepasado con un funeral propio de un “mardi grass”. Una gozada de película, una auténtica delicia de buen gusto y apasionante historia. Un documental musical donde la música pasa a un segundo plano sin que nos demos cuenta.