domingo, 15 de noviembre de 2015

45 YEARS (ANdrew Haigh, 2015)


 
45 YEARS (Andrew Haigh, 2015)
 


Una vida estable, monótona, cuadriculadamente ordenada, metódicamente diseñada para no alterarse, puede sufrir tal zozobra por un simple hecho del pasado, de un pasado que ni tan siquiera es compartido, de un pasado previo a una relación, que todo salte por los aires, que todo se desvanezca, que lo que parecía sólido e intocable se transforme en humo. La pareja formada por Charlotte Rampling y Tom Courtenay (espléndidos ambos, elegante y dura ella, frágil y ausente él) se encuentra en esa cómoda y confortable espera de los últimos años de una larga vida en común, en la complicidad de la vida cotidiana reiterada y aburrida, pero segura, sin sobresaltos. Una carta, una noticia lejana, trastoca la situación. La superioridad física y mental de ella se resquebraja cuando un fantasma del pasado, convenientemente ocultado en las zonas más profundas de la memoria, vuelve a la superficie.
 
 
 
 


Antes de que Kate y Geoff se conocieran, antes de que decidieran casarse, Geoff tuvo otra pareja, Katia, una mujer que murió en un accidente alpino cayendo a una sima de la que no fue recuperada. Muchos años después, más de los 45 del título, la autoridad suiza comunica a Geoff, en la creencia de que era el marido de aquella excursionista, que el glaciar ha devuelto el cadáver de aquella joven, encerrado y conservado en el hielo. La salida a flote del cuerpo trae consigo el agolpamiento de recuerdos, de vivencias, de situaciones que recuerdan a Geoff lo que fue y lo que desapareció con el accidente, un recuerdo que permanecía congelado pero que la salida a la superficie del cuerpo remueve en su interior, y al mismo tiempo, ese recuerdo no compartido, va transformando a Kate en un ser en permanente duda, en intranquila incertidumbre. Podría haber optado por ceñirse a lo real, a que durante 45 años de matrimonio Geoff la ha escogido como lo mejor de su vida, olvidar si los años previos a conocerse fueron o no mejores para Geoff. Pero no, Kate decide indagar en la mente del anciano, hurgar en sus recuerdos, remover memorias y conciencias para llegar a una conclusión dolorosa, a una conclusión que destroza la estabilidad y llenará de dudas el resto, escaso, de sus vidas.
 
 
 


Geoff ha colocado en compartimentos estancos de su memoria Suiza y su relación con Katia y el resto de su vida con Kate, ha tenido la fortaleza mental para no mezclar ambas relaciones aunque su cerebro se desconecte entre los recuerdos, pero al conocer la esposa la comunicación suiza es como si los celos se apoderaran de ella y comenzara una competición para superar la memoria de la mujer muerta, y si no es posible competir al menos saber hasta dónde ella es más importante que aquélla, con el riesgo de obtener un no por respuesta. El director utiliza los recursos estilísticos de manera excepcional, las composiciones de los planos, alejando progresivamente a los protagonistas, colocándolos ausentes en la misma habitación, repitiendo las monotonías diarias pero introduciendo cambios en el comportamiento del hombre que influyen en las reacciones de la mujer. Todas las mañanas empiezan igual, pero no todas las mañanas de esa larga semana previa al aniversario de boda van a ser idénticas. La película contiene memorables escenas donde se van reflejando las revelaciones, siempre dolorosas para la autoestima de Kate, pero prefiero reseñar una sola, aquélla en la que Kate sube al desván y revuelve entre los objetos y recuerdos del marido, donde encuentra grabaciones de super 8 que decide proyectar sobre un lienzo que distorsiona pero coloca, en primer plano, a Katia, y en segundo a Kate, una composición visual que constata la creencia que vamos alcanzando según avanza la película, que el recuerdo de Katia es tan poderoso que Kate pasa a ser la sustituta, aquélla que se parecía o podía acercarse al recuerdo de la muerta pero nunca podría servir para eliminarla.
 
 
 


La película es tan sencilla de seguir, de entender, de comprender, como complejo y profundo es su sustrato, 50 años de vida resumidos en unos pocos días, apenas una semana, de descenso a los infiernos de lo que no se quiere reconocer, y que quizás no fuera necesario buscar. La mente humana es muy perversa a la hora de hacerse daño, busca con demasiada frecuencia las soluciones más dolorosas o las alternativas más hirientes. Tan fácil resultaba para Kate centrarse en su presente y en los 45 años anteriores que bucear en la mente de Geoff indagando qué pasó antes y qué importante fue, y sigue siendo, Katia para él, era como apuntarse a la sien en una ruleta rusa. Es una película rotunda sobre la memoria y el imposible olvido, sobre el peso pesado del pasado, sobre la imposible labor de eliminar los recuerdos cuando estos se han grabado con la fortaleza de sentimientos imborrables. Kate sabe que en esa competición que entabla con el recuerdo de un fantasma tiene mucho que perder y prácticamente nada que ganar, y pese a eso decide continuar con su suicida indagación.
 
 
 
 


Los 45 años del título son los 45 años que van a celebrar como matrimonio, la fiesta de aniversario deriva así hacia una celebración amarga para Kate, es como si esos murales de fotos llenos de recuerdos, esas fotos que ellos nunca se han hecho pero que amigos y familiares han ido recolectando, reflejaran cómo esa relación tan prolongada no ha sido suficiente como para que pase a ser el recuerdo más importante de Geoff. En su fuero interno Geoff escogió una canción para iniciar el baile de la boda 45 años atrás, canción que, Kate, de manera inconsciente, vuelve a escoger para la celebración de su aniversario. Hasta entonces no había prestado atención a la letra de la canción, cuando en pleno baile atiende a la misma, la rendición ha de ser completa y definitiva, en esa lucha ha perdido todo lo que le quedaba, sin posibilidad de recuperar porque ha llegado a la convicción de que si muere, el principal recuerdo de Geoff será para Katia, del mismo modo que Geoff renunció a tener hijos, a guardar recuerdos, a hacerse fotos………porque su memoria y su legado estaba en el interior de un glaciar de la vieja Europa y el humo no dejaba ver a Kate la realidad de su convivencia.