miércoles, 21 de octubre de 2015

ECO DE LA MONTAÑA, Nicolás Echevarría, 2014, 68/100 IXCANUL, Jayro Bustamante, 2015, 71/100


REIVINDICACIÓN DEL INDÍGENA.

ECO DE LA MONTAÑA, Nicolás Echevarría, 2014. 68/100
 

IXCANUL (EL VOLCÁN), Jayro Bustamante, 2015. 71/100
 


Desde dos puntos de vista diferentes, la del documental antropológico y la de la ficción más descarnada con raíces en la naturaleza, estas películas, mejicana la primera, guatemalteca la segunda, proponiéndoselo o no, retratan las enormes dificultades de ser un extraño en tu propia tierra, cómo ser uno de los iniciales pobladores de tu país ni te comporta ventajas ni salidas, sino todo lo contrario, te margina y te condena a los peores trabajos, a las peores condiciones de vida, al ostracismo de ocultar lo que molesta o no se quiere ver, mucho peor todavía si eres mujer.

ECOS DE LA MONTAÑA comienza con imágenes de archivo, un telediario mejicano habla de la colocación de un mural de procedencia nacional en la estación de Louvre de París. A la inauguración asisten el presidente de Francia, Chirac, y el de Méjico, Zedillo, el gran ausente de la ceremonia es el artista, si, como lo leen, una inauguración sin  el autor de la obra, que, para más inri, se colocó mal al no preguntar cuál era el orden de las piezas y su sentido. ¿Para qué? dirían, si es arte indígena, lleno de dioses, animales y hombres, la gente se va a fijar en el colorido y poco más, es un lugar de paso, el turista quiere entrar en el museo y no va a perder el tiempo en manifestaciones culturales localistas.  Ese prólogo no deja de ser una radiografía de la situación, la absoluta desidia del poder hacia las manifestaciones artísticas de los pueblos originarios. Cuando el gobierno hizo el encargo, el propio artista, Santos de la Torre cuenta cómo vieron sobrevolar un helicóptero sobre la población y pensando que llegaban los federales, toda la población salió huyendo temiendo un ejercicio de terror de estado.
 
 

A partir de ese momento, el documental refleja el trabajo diario del artista para elaborar un nuevo mural encargado por un museo que ha de recoger y fomentar la cultura huichol, anclada al territorio de Viricuta, su lugar sagrado al que peregrinan una vez al año. Las bases del respeto a la naturaleza, los sacrificios animales, los vestidos llamativos, la lengua propia, su etnocentrismo, su difícil relación con el poder que los ignora, su lucha por mantener tradiciones milenarias incluso entre las generaciones más jóvenes, impregna el sentido de las imágenes, una reivindicación de lo propio para mantenerlo alejado de posibles infecciones externas, preservar lo tradicional no porque se considere mejor sino porque es la única manera de que una cultura, una raza, una forma de vida subsista, unas imágenes a las que las palabras y el rostro curtido y endurecido de Santos proporcionan calidez y sabiduría.
 
 

No deja de haber un mensaje poco tranquilizador en la película, esa disociación entre pobladores de un mismo país que parecen no mantener ningún punto de contacto entre sí, culturas impermeables en las que el predominio de lo occidental y del vecino del norte puede acabar con la esencia de los pueblos aztecas que se siguen resistiendo a rendirse, esta vez sin usar armas, simplemente manifestando y exponiendo su arte. Estamos por tanto ante una película que reivindica el arte de la resistencia, que coloca al artista en el primer plano de importancia ante el olvido y la ignorancia de sus gobernantes y sus compatriotas. Santos de la Torre habla por sí mismo y evidencia una sabiduría ajena al oropel del éxito, una sabiduría más antigua de la que colonizó el continente, una sabiduría plasmada en murales que contienen un trabajo y un diseño espectacular. El arte resistente se transforma, así, en declaración política, en reivindicación y grito silencioso para hacerse sentir.
 
 
 

IXCANUL opta, por su parte, por la ficción, ficción en la que se entremezcla el realismo mágico de las leyendas mayas de los indígenas guatemaltecos y que, de tan cercana, termina pareciendo cine documental por su inserción en el lugar, en los cafetales donde se mezcla el absoluto determinismo de los pobladores, en el volcán silente cuya presencia magnetiza a los habitantes, unos habitantes condenados al cafetal y perseguidos por las serpientes, soñando con atravesar un par de países para llegar a EEUU, emborrachándose hasta perder el sentido con líquidos de sabe dios qué composición.
 
 
 

Reivindicando la lengua propia, dialecto del maya, esa propia lengua termina marcando el destino de la joven  María y todos sus vecinos, la lengua les marca y les margina porque no pueden comunicarse con el Estado, y quedando en manos de intérpretes siempre quedan en disposición de ser engañados. En un relato circular que comienza con una petición de mano y termina con los preparativos de otra, y en cuyo transcurso se muestra el drama del abuso de poder en forma de connivencia entre policía, hospitales y jerarcas para secuestrar niños recién nacidos aprovechando el analfabetismo de los indígenas y las maneras de amenazar a la víctima en vez de perseguir la corrupción.
 
 
 

Los puntos de conexión entre ambas películas son más que evidentes, pero hay menos orgullo en los indígenas guatemaltecos que en los mejicanos, están más resignados a su suerte, a depender de los ciclos del café o a que el dueño de la plantación te acepte como trabajador. Saben que vivirán de por vida en las condiciones miserables que han sufrido generación tras generación, y ojalá, no les pase como al protagonista de “Los ausentes” de Nicolás Pereda, y puedan morir bajo techo, aunque éste sea miserable y de prestado. En “Ixcanul” el maltrato se centra sobre las mujeres, el maltrato institucional de quien se olvida de ellas y el maltrato de una sociedad eminentemente machista que concierta matrimonios sin contar con la propia afectada. Un estilo naturalístico donde mujer y elementos naturales funcionan en simbiosis, ejemplo de fecundidad aunque esté amenazada, en ambos casos, por los hombres y que exige de la solidaridad femenina para poder seguir adelante.