martes, 13 de octubre de 2015

CATCH ME DADDY (Daniel Wolfe, Matthew Wolfe, 2014)


CATCH ME DADDY (Daniel y Matthew Wolfe, 2014) 72/100
 
 
 
 

Las sociedades occidentales presumen de multiculturalismo, de tolerancia, de apertura de miras. Admitimos, según el discurso oficial, a un elevado número de inmigrantes como muestra de solidaridad. Hasta determinado punto, claro está, hasta que el runrún social empieza a hacer saltar las alarmas de la xenofobia y lo conveniente es decir que no podemos sufragar, con nuestros recursos, los déficits de los países de origen. Esto ya lo conocemos, cíclicamente se repite, cuanto más miserable es el político más lo repite y más aceptación obtiene, muchas veces entre los sectores más desfavorecidos. Y sin embargo, mientras, millones de personas ya están aquí,  se han arraigado, han tenido hijos que disfrutan de la nacionalidad “europea” pero, ¿ha hecho algo el poder político para su integración sin perder su cultura? ¿se han acomodado a nuestra forma de vida o funcionan como sociedades paralelas llenas de compartimentos estancos?.
 
 
 


“Catch me daddy” juega al Romeo y Julieta del siglo XXI para terminar convirtiéndose en una noche de Halloween con muchos psicópatas sueltos. En los alrededores de Sheffield, una caravana, símbolo del pionero, del aventurero que no quiere ataduras, se convierte en un blanco perfecto para un par de adolescentes ingenuos. Convencidos de que el amor lo puede todo, rompen con sus familias y se van a vivir juntos. LO que una no cree y el otro no se imagina es que esa fuga, ese acto libre y voluntario, choca frontalmente con las bases culturales, religiosas, del padre de ella, de su familia y de su comunidad. Si Aaron es un chico anglosajón al que religión, política, sociedad le da lo mismo porque no tiene donde caerse muerto y le basta con drogarse mientras bebe una cerveza, a Laila, su origen, la estigmatiza. Siendo británica, sus derechos no son los mismos que los de cualquier otra chica, en el papel si, pero por encima del papel está lo que piensan su padre y su hermano. Laila es de origen paquistaní, y además, la familia forma un grupo mafioso, pequeño, de bajos vuelos, pero violento y dispuesto a cobrar el precio de la afrenta y a recuperar el honor perdido de cara a su entorno.




 

En un largo, larguísimo día, dos grupos van a la caza de los jóvenes, hay que retornar a la mujer y escarmentar al joven. Dos grupos donde quienes pagan son los paquistaníes y los británicos son sus matones, llaman menos la atención si preguntan por la calle que si lo hacen los familiares de Laila. Todo lo que puede salir mal sale peor, en la huida permanente Aaron y Laila irán perdiendo su fe en que el amor todo lo puede, irán convenciéndose de que es inútil seguir huyendo y lo mejor es conseguir una solución pactada, renunciarse recíprocamente y que cada uno vuelva a su grupo. Eso es lo que piensan los jóvenes, pero en una última media hora de brutalidad y violencia sin compasión, asistiremos al ejercicio de la violencia por la violencia que nos paraliza los sentidos, tanto la violencia física como la psicológica. Una demostración del poder al que no alcanzan leyes ni integraciones, la venganza donde previamente no había habido sangre ni muerte, la religión como calvario y el dinero como ejemplo de que todo lo compra. Aaron y Laila vivirán en una noche todo aquello que muchas personas no viviremos, espero, en nuestras vidas.






Oscura es la noche, oscura la fe y oscuros sus designios, oscuras las drogas y el alcohol en exceso, y barata, muy barata, la venganza. “Catch me daddy” es un thriller donde los bajos fondos emergen de donde sólo cabía esperar amor y ternura, donde la familia se presenta para limpiarse en sus propios integrantes y demostrando que nuestras sociedades están muy enfermas al no ser capaces de convertir pautas de comportamiento medievales de otras culturas. Como si imagináramos al primer Loach haciendo cine negro o estuviéramos reviviendo las primeras películas de Stephen Frears, esta película británica hiere donde más daño hace, y lo logro con notable solvencia.