domingo, 27 de septiembre de 2015

LA QUINTA ESTACIÓN (La cinquiéme saison, peter Brossens, Jessica Woodworth, 2012)


 
LA QUINTA ESTACIÓN (La cinquiéme saison, Peter Brossens, Jessica Woodworth, 2012)
 
 
 


La quinta estación es ésa donde el verano se confunde y se parece al invierno, en la que los campos no florecen en primavera y las vacas dejan de producir leche y las gallinas entran en huelga de puesta de huevos. Es la estación en la que lo convencional y lo previsible se viene abajo, como si un día, a la hora de amanecer, los gallos no cantaran porque el sol se ha negado a salir. En el paisaje del campo belga, allí donde las Ardenas se transforman en un infierno de frío invernal, el Apocalipsis empieza a manifestarse y, poco a poco, los hombres van recuperando su animalidad más visceral y los animales prefieren abandonar el espacio, muriéndose o emigrando. Como las abejas que abandonan al apicultor o el gallo que rehuye entrar en conversación con su dueño, las personas del pueblo empiezan a convertirse en rebaño, en manada, en grey peligrosa y a regresar, poco a poco, a la edad del oscurantismo, de los mitos, de la violencia, cuando los rebaños de vacas salen del pueblo los humanos se transforman en verdadero rebaño animal.
 
 
 
 


Brossens y Woodworth reelaboran magistralmente la historia del Apocalipsis bíblico a base de referentes culturales de nuestro imaginario colectivo. De lo pictórico a lo arquitectónico, pintores flamencos y holandeses del XV y del XVI magnificaron el dominio de la luz, de la sombra, de los desastres del comportamiento humano más desenfrenado. Como si Bruegel, Memling, El Bosco se reubicaran funcionalmente en imágenes en movimiento, los directores asumen esa tradición y le incorporan el toque fantástico de “Los ladrones de cuerpos” de Siegel y el precedente literario de “Rinoceros” de Ionesco. El absurdo se transforma en terror cuando es incomprensible. Ante la ausencia de los ciclos de la vida, los temerosos y supersticiosos habitantes de la localidad irán adaptando, poco a poco, su situación a la realidad, entrarán en el trueque como modo de supervivencia, irán abandonando poco a poco la luz eléctrica para volver a la oscuridad, se reunirán en oscuras sesiones de espiritismo religioso donde mediarán sacrificios que amainen la cólera de los enfadados dioses.
 
 
 
 


Poco a poco, todos y cada uno de los habitantes irán mutando su cara, máscaras de carnaval blancas ocultarán sus rostros que se han transformado en animales, preferentemente pájaros. Como en el París de Ionesco todos los habitantes iban transformándose en una masa uniformada de rinocerontes, los humanos sacan de su interior el animal que llevan dentro, obligando al resto a transformarse poco a poco o a desaparecer, eliminados o extrañados de la comunidad, sin destino cierto porque, entendemos, lo que pasa en este pueblo, ocurre en todo el país y en todo el mundo. Por eso Pol resulta tan peligroso, tan subversivo, tan contrario a la mayoría, porque atreviéndose a expresar la vuelta a un estado de naturaleza acorde con el entorno, pone en cuestión el comportamiento de todos los demás, cantando cuando todo el mundo opta por el silencio, compartiendo cuando el resto se resiste, trasladando su forma de ser a su hijo, manteniendo su vida nómada anterior cuando la comunidad se retrae y se refugia, está señalando al resto su mezquina forma de vida, de ahí que, cuando agotado de esperar y comprobando que el resto se ha rendido, decide marcharse, la masa enmascarada no se lo permita, su figura, su ejemplo, puede ser peligroso si se extiende, nada mejor que el fuego para purificar al impío, al infiel.
 
 
 
 


A la par de lo profundo de la propuesta, los directores despliegan ante nosotros todo un prodigio de estética con funcionalidad en la historia, los planos estáticos como “tableaux vivants”, los interiores opresivos dignos de sociedades sectarias y poco dadas a las alegrías, los movimientos enérgicos que preludian la violencia incluso entre una pareja de amigos que terminan convirtiendo el sexo en lucha de poder y en ejercicio de dominación no consentida. La tierra se ha revelado contra nosotros y no tenemos mejor respuesta que cortar la cabeza al gallo que no nos sigue, desquiciados e irreflexivos, nos hemos acostumbrado a escupir hacia arriba hasta que el lodo no nos deja respirar y ya es demasiado tarde. Deseoso de poder ver las dos películas anteriores de este dúo, “Khadak” y “Altiplano”, la propuesta de Brossens-Woodworth es toda una declaración de principios y todo un ejemplo de cine vivo e imaginativo. Ética y estética en una historia cuando lo que predomina es una u otra y difícilmente los creadores consiguen ensamblar la forma y el fondo en sus creaciones, dos directores a seguir y a buscar.