viernes, 4 de septiembre de 2015

EL RAYO (Fran Araujo, Ernesto de Nova, 2013)


EL RAYO (Fran Araujo, Ernesto de Nova, 2013)
 


Sobre cuál es el estado del cine español a la hora de ser difundido dice mucho esta película estrenada en 2013 pero que sigue viajando de festival en festival, de cine club en cine club, de grupo de iniciados a grupo de sedicentes aficionados al buen cine que no se resignan a tener que soportar que la realidad del cine español es el que dice Globomedia o Antena Tres. Y aquí seguimos, buscando ese cine español del que quien lo ha visto habla bien o muy bien, para poder compartirlo y seguir en la senda del boca-oreja, única posibilidad de difundir este tipo de creaciones.
 
 


El viaje de Hassan se plantea desde el lado amable, estamos ante el lado alegre, aunque duro, de la emigración. Cuando la crisis económica nos golpeó de lleno y los millones de inmigrantes empezaron a sufrir la escasez de trabajo en puestos para los que los españoles de la última década no habían querido ofrecerse, un gran número de ellos decidieron volver a sus países de origen. “¿Qué te ha parecido España?” le pregunta uno de los singulares personajes que aparecen en el camino de Hassan atravesando España desde La Mancha hasta Algeciras a bordo de un tractor, “igual que Marruecos”, responde él, “si no trabajas, no comes”.
 
 
 


Ese mundo vendido como el paraíso de las huríes sin necesidad de morir, donde el dinero salía de debajo de las piedras, donde la televisión ofrecía una imagen de opulencia de cartón piedra, se resquebrajó como se derrumban las pocas ilusiones de modernidad que se han intentado en este país, para Hassan su estancia en España fue una sucesión de malos trabajos, poco dinero, viviendas infrahumanas y la añoranza de una familia que no vivía mejor porque él se hubiera venido a nuestro país en una patera. Si se hubiera quedado en Marruecos hubiera trabajado igualmente en lo mismo y, al final, en su viaje de regreso, lo único que ha conseguido es volver con un tractor viejo de su propiedad, pero sin un euro en el bolsillo, sólo la esperanza de trabajar para sí arando las tierras de los demás, convertirse en ese nuevo “palabro” del siglo XXI, un “emprendedor” que alquile su trabajo a los agricultores de su región, como él ha visto que se hace en las tierras de labranza en España.
 
 


Y los directores podían haber optado por una visión más amarga y más dura, pero en el camino de vuelta prima la esperanza por el regreso, por el retorno al lugar del que no habría que haberse ido nunca, ese anhelo optimista de Hassan se transmite en las imágenes, y sobre todo, porque en el rodaje de la película sobrevuela el conocimiento cierto de lo que sucedió en el viaje y su “final feliz”. Araújo y de Nova ruedan, en otra vuelta de tuerca del género documental, sea lo que sea éste, la ficción de unos hechos reales con los personajes que los vivieron, estamos ante un falso directo del documental, la recreación con sus protagonistas de lo que vivió Hassan, la película del documental que no se rodó cuando ocurrieron los hechos y su recreación sin la incertidumbre de lo que va a suceder.
 
 


Una road-movie intercultural de raigambres quijotescas y picarescas. A Hassan le faltará un Sancho Panza que le de cordura a lo largo de su viaje, que le diga que no son fantasmas sino pellejos de vino, que no son gigantes sino molinos. Atravesar La Mancha y Andalucía siguiendo carreteras secundarias para evitar a la Guardia Civil, a 30 kilómetros por hora en dirección a Algeciras para embarcar y llegar a Ítaca después de 13 años de ausencia (casi como el personaje de Homero), buscando la solidaridad ajena (quizás el elemento que más chirría de la película, la buena disposición de todo el mundo para ayudar al diferente que vuelve, o quiere volver, a su tierra) y solventando sobre la marcha todos y cada uno de los problemas que se le presentan con más humor y mejor cara que el que cualquiera de nosotros podríamos tolerar, durmiendo al raso y asustándose de la presencia de jabalíes y ciervos a su alrededor, demuestra la tenacidad y determinación de Hassan, pero refleja poco de nosotros, de lo que hemos hecho con la inmigración, de lo que nos hemos beneficiado de ella y de lo poco generosos que seguimos siendo. En momentos donde Europa está demostrando su inhumanidad, su capacidad para generar problemas sin resolverlos, donde el fantasma del racismo y el fascismo nos echa el aliento en la cara, ver a una persona abandonando nuestro país de esta manera, tras 13 años de duro trabajo, debería hacernos reflexionar sobre el tipo de sociedad que hemos creado a lo largo de siglos y sin visos de mejora.