martes, 11 de agosto de 2015

THE FACE OF A ANGEL (Michael Winterbottom, 2014)


 
THE FACE OF A ANGEL (Michael Winterbottom, 2014)
 


Qué razones mueven a directores de consagrado prestigio y reconocido buen hacer a perder gran parte de su merecida fama, arrastrando públicamente su descenso de creatividad, lo desconozco. Que el director de Wonderland, In this world, El perdón o 24 hours party people, siga rodando a ritmo de película anual sin pena ni gloria, es más, sin que muchas de sus películas obtengan difusión ni estreno comercial en España es sintomático de su deseo de seguir creando pero también es sintomático de su falta de poderío actual, de su acomodamiento a productos sin sello propio, películas formalmente irreprochables pero tan huecas de genialidad que se transforman en productos del montón. Algo parecido podría decirse de otro que alcanzó cumbres de prestigio cinéfilo y que también se empeña en arruinar año tras año su filmografía, como es Egoyan, sólo que éste último sigue buceando en sus mundos de maldad y perversidad a la espera de que salte la chispa, mientras que Winterbottom, paradigmático ejemplo de buceador en todo tipo de géneros y registro, parece mucho más perdido.
 
 
 


La referencia a Egoyan no es casual, uno en el 2013, con Devil,s knot (desconocida en España, y que siga así pese a contar en su reparto con Colin Firth y Reese Winterspoon) y el otro en 2014, aprovechan un suceso real para dar la vuelta a la realidad y pretender colocar tramas emergentes a partir de un hecho atroz. En este sentido es mucho más plana, pero más honesta, la propuesta de Egoyan, que se limita a recrear el caso, el juicio, las connotaciones sin resolver tras el asesinato de tres niños en una pequeña comunidad de la profunda EEUU, a la vuelta de tuerca sin sentido de Winterbottom, inspirándose en un hecho real que no se oculta aunque se cambien los nombres, para pretender introducir la crisis de un hombre cercano a los 40 cuya creatividad se ha esfumado y su familia se hace trizas. Tomando como referencia el asesinato de una joven británica a manos de una compatriota y su novia en la ciudad de Siena, la película huye del relato periodístico pero no puede desprenderse del referente, utiliza la historia real para inundarla de ficción, pretendiendo centrar la trama en la personalidad de ese director de cine que busca ideas para su próximo guión inspirado en el suceso, sin conseguir la más mínima dosis de credibilidad.
 
 
 


Dejemos aparte las sorprendentes dosis de “chauvinismo” sajón, de impúdica demostración de “racismo” cultural que el guión ofrece a través de una jauría de periodistas anglosajones cuya máxima es despreciar Italia y lo italiano, ofreciendo toda una panoplia de estereotipos acerca del estado italiano y sus instituciones, policías, fiscales, jueces, instituciones, todas ellas corruptas e ineptas, mientras su única obsesión es mostrar el lado truculento de una historia y la componente sexual de la misma, así como de los probables autores de los hechos con independencia de la verdad, haciendo honor a la máxima que desprecian, “si non e vero e ben trovato”. La crónica del relato criminal ni avanza ni despeja dudas, luego se hace innecesaria, y el vagar del director (interpretado con cara de pasmo por Daniel Brühl, e imagino que no es para menos ante el sinsentido de la propuesta) a la busca de su reencuentro personal termina siendo futil, reiterativo, anémicamente complejo. Como una coctelera de saldo, Winterbottom, sin sacar partido a rodar en una ciudad como Siena, intenta hacernos cómplice de la bajada del director a los anillos del infierno de Dante en busca de su Beatrice, en un deseo descabellado de relacionar un crimen con el pasado de la historia de la cultura occidental. Se opta por idealizar a la joven asesinada, que aparece en planos fugaces como si se pretendiera retratarla a mitad de camino del Malick de To the wonder y el exquisito trato cinematográfico de Guerin en su grandiosa “En la ciudad de Sylvia”, así la víctima se transforma en Laura Palmer, sólo que la historia, el contenido, la interpretación y el substrato están muy alejados del universo Lynch.
 
 
 
 


Por el medio aparecerán personajes que nada aportan, una irreconocible Kate Beckinsale (otra que ha debido entrar en el reino de la cirugía por la puerta grande) haciendo de periodista con problemas sentimentales en quien busca cobijo el director, una camarera británica que guiará al protagonista por los bajos fondos de Siena, un sujeto acaudalado con pintas de mafioso de baja estofa que remeda un Falstaff de opereta, unas reuniones de un equipo de producción ficticio más cercanas a la comedia televisiva de trazo grueso que a un riguroso cometido argumental…..en definitiva, un patinazo, y de los gordos, que sumar a una filmografía que, va engrosando en número a la par que merma en calidad. Será difícil no seguir viendo el cine de Winterbottom atraídos por el recuerdo del pasado, pero, de verdad, que difícil nos lo pone.