domingo, 9 de agosto de 2015

THE DUKE OF BURGUNDY (Peter Strickland, 2014)


 
THE DUKE OF BURGUNDY (Peter Stirckland, 2014)
 


Si a la creación de atmósferas, el cine de Strickland añadiera un punto más de información en sus historias, posiblemente estaríamos asistiendo a uno de esos creadores con impronta, con sello propio, con márgenes reconocibles fruto de su audacia narrativa y del cuidado formal de sus imágenes. Como con su anterior “Berbarian Sound Studio”, sus tramas adolecen de definición, algo de por si nada negativo si lo que pretenden es implicar al espectador en el juego y completar lo que no se nos muestra, en este duque de Burdeos la trama se agota en si misma en las primeras escenas, de manera premeditada. La relación entre dos mujeres, la relación amorosa basada en el juego de seducción y dominación, crece a base de repeticiones. Mi problema surge cuando no se si la ambigüedad en las historias es buscado o fruto de una ausencia de elementos que mostrar y que hay que disfrazar con un velo de “qualité” en imagen y sonido.




Los encuentros entre ambas mujeres determinan el papel de dominadora de la mujer madura y de sumisa de la más joven, si bien en la decisión del reparto de papeles la dominación cambia de bando, como en el mantenimiento de los juegos y repetición de situaciones. Si en “El caballo de Turín” Bela Tarr reflejaba los últimos días sobre la tierra a base de mantener rituales diarios inmutables salvo pequeñas variaciones, en “The duke of Burgundy”, la reiteración de comportamientos, de diálogos, de rituales encaminados a la obtención de placer caminan hacia otro fín, hacia el fin de una relación querida, de esa manera, por una sola de las integrantes de la pareja, mientras que la que aparece como dominante en el juego, soporta, de manera cada vez menos silenciosa, el peso del disgusto y el sometimiento forzado a unos encuentros que solo se mantienen para no acabar con la relación.
 




En esa incomunicación forzada por el rol del juego, la relación entre ambas camina hacia lo anodino y hacia el fin de la sorpresa a cambio de mantener la tranquilidad de los rituales de pareja, si la madura examina e investiga insectos, nosotros hacemos de entomólogos con el comportamiento privado de ambas mujeres, clasificamos la especie a base de contemplar comportamientos repetidos una y otra vez. En el sobreentendido de que las dos disfrutan con la simulación crece el error y el daño. Como el sonido de esos insectos que investiga la mujer madura, que sólo pueden escucharse con aparatos precisos y colocados por mentes instruidas en ello, la carcoma interna corroe esa relación amorosa destinada a la autodestrucción por ausencia de comunicación.
 



Sexo y psiquiatría en una película donde ni lo uno ni lo otro van a ser evidentes, donde lo sensual está más en los sentidos que en la imagen de mujeres desnudas apenas perceptibles. Recordando la estética de “Amer”, la inclasificable película franco-suiza, este duque está lleno de estilo y elegancia, de reiteración en el ritual de apareamiento, como si éste fuera el único vínculo que mantiene unidas a las dos mujeres. Concluido el curso y cerrado el centro de investigación hasta la primavera siguiente, el entorno natural que envuelve a ambas se vuelve más hostil, en la cuesta abajo del fin de una relación frustrante sólo para una parte de la pareja, procede un cambio de rumbo, aunque no sabemos si será a tiempo, o no, de evitar el naufragio.