domingo, 23 de agosto de 2015

EXTINCTION, TINKER TICKER, LA RANÇON DE LA GLOIRE, DEVILS KNOT, 1944


POPURRI, de todo un poco y a veces nada.

EXTINCTION (Miguel Ángel Vivas, 2015)
 


La enésima de zombies, la enésima mil veces vista. Para justificar la propuesta hay que añadir algún elemento novedoso al muerto viviente. Tenemos un inicio de película sugerente, atractivo y adrenalínico, un impasse que puede mantener la sugerencia, los dos amigos que han compartido mujer y se han hecho enemigos irreconciliables como en aquella película de John Boorman con Lee Marvin y Toshiro Mifune, las propiedades como islas, vallas y seguridad para que el zombi no les alcance. En una glaciación donde parece que el muerto viviente ha desaparecido, el rencor de la traición y de una muerte que se podía haber evitado permanece. Pero esos primeros 40 minutos desazonarían al fan de esta subespecie del terror, así que hay que resucitar al monstruo, le hacemos resistente al frío, ciego, de piel metálica, ultrarrápido, pero su mordedura ya no infecta, la humanidad se ha desintegrado hasta tal punto que no es necesario corromper lo que ya está corrompido. Cuando el zombi reaparece, la película se convierte en un folletín mil veces visto, la originalidad es tan falsa como la recolección de ideas de otras películas, desde el “28 días después” a “Mars attack” con el efecto de la música o “Señales” de Shyamalan, un referente tan visto como previsible. Y para terminar, el consabido final abierto con la nueva familia de aluvión viendo el amanecer…..metáfora tan cursi y tan patética como el sacrificio del padre que no lo es. Del reparto mejor no hablar, ni la casi siempre sugerente presencia en pantalla de Clara Lago en un papel innecesario y arquetípico produce una alegría al espectador, y qué decir del televisivo Mathhew Fox, bueno, que ya lo he dicho sin decir.
 


TINKER TICKER (Deul-gae, Kim Jung-hoon, 2014)
 


En esta propuesta coreana hay momentos espléndidos pero falla la argamasa, hay que ofrecer la posibilidad de encontrar una respuesta al comportamiento de Junggu más allá de la venganza inicial que supera lo planeado. La relación entre Junggu y Hyomin la provoca Junggu, y la espiral de chantaje y violencia no puede sorprender al becario de un departamento de química experto en fabricación de explosivos clandestinos. En el tránsito de los 9 años que pasan entre la explosión de un artefacto contra un profesor de instituto, violento y humillador, hasta reencontrarnos con el personaje aparentemente rehabilitado, algo se nos escapa. Junggu no envía bombas ni las coloca para estallar contra nadie, pero continúa fabricando artefactos que proporciona a quien se los pide o a quien él piensa que los puede necesitar. Resulta demasiado complejo interpretar que Junggu cumplió su venganza personal y ahora pretende que los demás puedan llevar a cabo las suyas, y sobre todo resulta demasiado arriesgado realizar juicios anticipados sobre quién debe tener la oportunidad de castigar o sobre quién ha de ser castigado. Esa losa argumental acompaña toda la película e impide que prospere con éxito. La notable puesta en escena, los rincones sombríos y más apartados de la ciudad de Seúl crean esa atmósfera dañina, ese refugio de la bestia dormida y del psicópata nada clandestino, pero siempre rondará el “¿y porqué así?

 
 

LA RANÇON DE LA GLOIRE (Xavier Beauvois, 2014)
 


Una absoluta decepción, un incomprensible esfuerzo que desmerece otras creaciones del actor-director. Un pretendido homenaje a la figura de Chaplin a manos de un buscavidas y un emigrante en apuros (Benoït Poelvoorde y Roschid Zem) que, a punto de perder todo, deciden “secuestrar” el cadáver del recién muerto Chaplin para obtener un rescate con el que rehacer sus vidas o comenzar de cero. En la inmaculada Suiza planea el racismo y el odio al que ocupa un lugar sin producir, un inmigrante y un belga, un criado inglés, un circo para dar al conjunto el aspecto onírico y el recuerdo de Candilejas, una Chiara Mastroianni más perdida que el resto ante lo insustancial y forzado de su aparición. Eddie y Osman secuestran a Chaplin y su espíritu se instala en su comportamiento, en lo irónico de las situaciones, en lo vodevilesco de la propuesta, esa presencia incorpórea de Chaplin salva a los buscavidas. Pero la película es plana, ausente de alma, sencilla en la complejidad que representa, aunque sin emoción. Las espinas del tiempo y la desigualdad no se curan con fábulas bienintencionadas, resulta paradójico que el creador sea el mismo de aquella maravilla “De hombres y de dioses”, o puede que sean mis limitaciones las que me hayan impedido encontrar significado, coherencia y magnitud en una propuesta tan mínima que naufraga más cuanto más onírica pretende ser. Y esto aunque los hechos respondan a una base argumental real.
 
 


DEVIL,S KNOT (Condenados, Atom Egoyan, 2013)
 


El cine de Egoyan ya ni se estrena, o llega tarde, o nunca, o pasa al mercado del VOD o del DVD directamente. A veces hay que reconocer que determinados directores perdieron “la gracia”, que en el camino de sus composiciones agotaron su discurso, que el alma humana se quedó pequeña a fuerza de incidir sobre los mismos temas, que sus películas dejaron de interesar hasta a sus seguidores. Algo así ha pasado con Egoyan, su película de 2014 ha llegado antes que ésta de 2013, y no falta lógica en esta decisión. Podría pensarse que determinados actores arrastren público a taquilla para que la apuesta sea comercialmente rentable, Colin Firth en el papel de “mecenas” de la presunción de inocencia y Reese Whiterspoon como madre vengativa y doliente hasta que se da cuenta de que la venganza no sirve contra cualquiera, cumplen con esa característica, pero cuando el resultado es tan decepcionante poco hay que reprochar a quien se juega su dinero para no apostar por la distribución de un producto del montón. Tras una primera media hora sugerente, de atmósfera malsana como Egoyan sabe reflejar, con movimientos de cámara en grúa efectistas pero también convincentes, la película derrapa totalmente y pierde su interés una vez que se confirma lo que todos intuimos. Tras superarse esa presentación del escenario, el resto es plano, reiterativo, mil veces visto en los peores telefilmes de sobremesa sobre reproducciones de juicios. Que esté basado en hechos reales, como la última de Winterbottom, aunque éste procura introducir su ruptura personal con la crisis del creador artístico, no justifica la aparente dejadez en la realización, lo insustancial de la imagen, la fea realización y reproducción de un juicio lleno de tópicos. Cuando Egoyan abandona la reproducción del episodio judicial consigue sus mejores imágenes, pero esto sólo está presente al inicio y en los planos finales de la película, muy poco bagaje para quien aportó tanto y tan bueno a nuestra memoria cinéfila.
 

 
 

1944 (Elmo Nüganen, 2015)
 


Aprovechando efemérides tan morbosa como los 70 años del fin de la segunda guerra mundial muchas cinematografías se han lanzado a producir películas sobre la contienda, hasta pequeños países como Bélgica, Dinamarca, Estonia, como es éste caso, se han atrevido, y lo han hecho con un punto en común, centrar la historia en sus tropas, en los combatientes de estos países que se vieron envueltos en una guerra que ni querían ni provocaron. La peculiaridad, y acierto, de la película estonia está en su dualidad, Estonia se vió en medio de las dos grandes potencias, abandonada a la órbita soviética con el pacto Molotov-Ribbentrop fue invadida por la URSS, iniciándose una guerra civil. No sólo Polonia fue troceada y asolada por los dos aliados temporales, las repúblicas bálticas y Finlandia sufrieron las acometidas soviéticas hasta que Alemania decidió empezar la invasión de la URSS y dar origen al inicio del fín. Con estos precedentes hubo tropas estonias integradas en las SS y tropas estonias en el ejército de la URSS, unos por convicción, otros por imposición para evitar represalias en sus familias, otros por la zona en la que se encontraban cuando les sorprendió la invasión o recordando lo sucedido durante la guerra contra la URSS. “1944” habla de esos dos bandos de la misma nacionalidad en ejércitos diferentes, maneja muy bien la batalla en el cuerpo a cuerpo, las escenas de asalto de trincheras son convincentes y especialmente bien hechas pero la película, a mitad de su desarrollo sufre un cambio y una deriva que hace defraudar las expectativas iniciales. El relato, tras la muerte de uno de los combatientes estonios del lado alemán se traslada al soldado estonio soviético y la unidad en la que se encuentra. Muy buena propuesta, pero muy mal desarrollo. A partir de aquí la película deriva en melodrama barato, el enamoramiento fulminante de la hermana del soldado muerto, el conflicto pretendidamente profundo entre las normas del combate y las órdenes del comisario político….. Con dos de las muertes de la historia el director presenta a los estonios combatientes como víctimas y ese papel de verse forzados a combatir por causas ajenas resulta inaceptable. Vender a un país como ajeno a unos sucesos, exculpar a una población de parte de sus propios actos es moralmente repudiable. En Estonia, y por estonios, tuvieron lugar salvajes crímenes contra la humanidad, pretender honrar a todos por igual es exculpar una realidad, que en los países anexionados por los alemanes hubo mucha colaboración y mucho sentimiento afín con el invasor, de hecho, las divisiones extranjeras de las SS solían estar formadas por voluntarios, así que, por favor, el cine como instrumento de propaganda ya sólo sirve para los convencidos. Prefiero quedarme con las estupendas escenas de combate y olvidar la deriva autocomplaciente o un penoso “raid” aéreo sobre fugitivos y tropas en el que lo digital demuestra que no todo vale ni todo lo digital es igual.