martes, 18 de agosto de 2015

ALOHA (Cameron Crowe, 2015)


ALOHA (Cameron Crowe, 2015)
 
 


Hay directores con una injustificada tendencia a caer de pie, autores que gozan de un prestigio y de un crédito que se me escapa. Creadores cuya mayor virtud ha de ser la de no molestar o la de desperdiciar material de primera poniendo todo el énfasis en lo manoseado, en lo políticamente correcto, en lo que “debe ser”, de los que amagan con un par de pinceladas de apariencia crítica para ofrecer todo un conjunto de tópicos y clichés mil veces vistos, que asumen sin vergüenza ajena la etiqueta para sus películas, y así este “Aloha” lo instalamos en la categoría de “comedia romántica” y nadie se lleve a engaño, va a pasar todo lo que tiene que pasar para justificar la inversión y la más que probable alta recaudación, no tanto por el nombre del director si no por reunir en un reparto a Rachel Mc Adams, a Emma Stone, a Bradley Cooper, a Bill Murray y Alec Baldwin. Ahora, esta mala película no me sorprende, es cine de Cameron Crowe y no vamos a pedir peras a un olmo, es mala sin matices.
 
 
 


La película juega a defensora de espacios naturales, a criticar la nueva tendencia de dejar la seguridad de los estados en manos de contratistas privados, pero al final y en definitiva es la típica historia de “chico conoce chica a la que no quiere ni ver, chico sigue enamorado de chica 1 a la que despreció en su momento, chico reencuentra chica 1 felizmente casada, chico se acuesta con chica 2, chico engaña a chica 2 en su trabajo, chica 1 consigue que chico reconozca sus errores y su “herencia”, chica 1 convence a chico de que chica 2 es lo mejor de su vida y final feliz”. En el camino todos los apuntes que podrían hacer de esta película un buen thriller político, una buena crítica social, saltan por los aires, son mero decorado barato para pintar de trascendente lo que solamente es banal y relamido. Hawai es la excusa perfecta para rodar en bellos paisajes y presentar a unos habitantes autóctonos como arquetipos contra el progreso en armonía con la naturaleza, pero se rueda en Hawai como podía ser Cabo Cañaveral, porque la incidencia del amagado, pero no progresado, subfondo político es ínfimo e insustancial para la acción.
 
 
 


Mojigata y, en extremo conservadora, la película sirve, exclusivamente, para reivindicar los valores militares de los profesionales de carrera, el ecologismo de carnet y sofá, el valor indisoluble de la familia y la eterna historia del enamoramiento perfecto a las primeras de cambio con la mujer que llevas todo un día de trabajo discutiendo. Escoger a una rubia caucásica para interpretar a una nativa hawaiana marca el primer escalón de despropósitos a superar, a partir de éste todos los demás vienen rodados. Bradley Cooper interpreta a un exmilitar que prefirió pasarse al ejército privado y, de paso, lucrarse quedándose con parte de las recaudaciones en territorios tan honestos como Irak o Afganistán, vamos, que nos encontramos ante un hijo de puta integral al que hay que coger cariño como víctima del sistema, Rachel McAdams hace un papel de relleno que, lamentablemente, debería haber sido el más jugoso de toda la historia, Bill Murray y Alec Baldwin trabajan en “modo cuenta corriente” y deciden hacer de su personaje una caricatura de si mismos y sacar el jugo económico correspondiente a sus años, y la pareja Cooper-Stone merecería terminar en el interior de un volcán, como aquella Hanks-Ryan en “Joe contra el volcán”, pero en este caso sin salir del mismo.
 
 
 
 


De lo injusto que es el mundo hay ejemplos diarios, mucho más trascendentes e importantes que quien tiene éxito entre el público o no, pero que un sujeto cuya expresividad actoral se equipara a la de Victor Mature o Charlton Heston, acapare portadas, estrenos, recaudaciones por su físico, y se compare ser más o menos atractivo con ser actor, y encima bueno, arroja luz sobre el grado de inteligencia de la especie humana. Lo de Stone es otra cosa, es simplemente incapacidad del director, Stone si ha dado muestras de poder soportar con solvencia un papel, un papel agradecido como el de la última película de Woody Allen, u otro más complejo como el de Birdman de Iñárritu, luego que aquí se limite a dar saltitos, poner mohínes, gestualizar en exceso y componer un personaje más que improbable de capitana de las fuerzas aéreas norteamericanas no ha de ser sólo demérito suyo, del otro ya conocemos sus limitaciones y, por lo tanto, su mirada azul puede encumbrarle como a Zoolander, pero por eso no nos sorprenderá su falta de versatilidad y de expresar emociones, de hecho su papel verdadero es el de canalla guapo de “Resacón en las Vegas”, así que todo esto junto nos da, como resultado final, un petardo de película, como si la comedia no pudiera ser uno de los géneros perfectos para la sátira política, que se lo pregunten a Billy Wilder, o de la sátira conyugal, que se lo pregunten a Lubitsch.