miércoles, 15 de julio de 2015

UNO TRAS OTRO (In order of diseppereance, Kraftidioten, Hans Petter Moland, 2014)


UNO TRAS OTRO (In order of diseppereance, Kraftidioten, Hans Petter Moland, 2014)
 
 


A primera vista, de los tres títulos que en otros tantos países o culturas se han dado a esta película, el original noruego es el más acertado. Que hay mucha idiotez en este relato es cierto, idiotez en la que termina venciendo el más poderoso, pero cuya fortaleza no está en las armas, en el dinero o en las relaciones, sino en el espíritu. Sólo dos personas sobreviven a este carrusel de desapariciones forzadas y probablemente sean las dos únicas personas con razones claras para ser fuertes en su lucha. Siempre es un gusto tener a un actor como Stellan Skarsgard en pantalla, y en esta ocasión con la aparición secundaria de lujo de un maltrecho Bruno Ganz.
 
 
 
 


Un padre pierde a su hijo por sobredosis y tiene que chocar con la burocracia que entierra el asunto con la etiqueta de muerte accidental sin investigar nada. La tozudez del padre pone el relato en marcha, convencido de que su hijo no consumía drogas, aunque es mucho suponer en una familia sin conexión ni comunicación, y gracias a unos primeros minutos de guión muy facilones para que el relato pueda arrancar aún a costa de su verosimilitud inicial, lo que parecería ser una película de género negro criminal con un padre coraje dispuesto a hacer justicia bíblica de ojo por ojo y diente por diente, exterminando a todos los responsables del asesinato de su hijo, poco a poco, y producto de la idiotez supina de la banda de mafiosos suecos-noruegos que se encuentra en el origen de la historia, se va transformando en una ácida comedia negra, donde el humor termina costando vidas.
 
 
 
 


La idiotez consustancial del jefe de la banda, un guaperas relamido y psicótico, le lleva a sospechar de la banda rival como la que está suprimiendo uno a uno a sus sicarios. La entrada en escena de esa otra banda, la encabezada por Bruno Ganz, introduce en el relato el necesario choque cultural que encadena los gags, la aparición de una banda de mafiosos serbios en territorio culturalmente tan opuesto es todo un acierto. Hasta entonces el humor negro venía teñido de rencillas regionales, demostrar quién de los paises escandinavos produce los compatriotas más estúpidos, cuando parece que los suecos toman ventaja aparece algún danés que rompe moldes, aunque sea mitad japonés, pero en caso de dudas, surgirá la policía noruega para reflejar que se sienten superados por esa ola de violencia inusitada en la que “hasta se disparan armas”. Podríamos estar ante un “Fargo” a la noruega (es coproducción entre los tres paises citados), la nieve que recubre todo el paisaje durante el metraje oculta debajo de ella toda la podedumbre de una sociedad aparentemente idílica, en este caso el protagonismo de la sheriff americana se traspone al padre vengador, mientras los policías noruegos se limitan, impotentes, a ir recolectando muertos, a consolarse mutuamente ante tanta maldad insospechada.
 
 
 
 


Entre los diálogos acertados uno resume el pensamiento de la Europa del Norte respecto a la del sur, y respecto al sur en general, no deja de existir ese componente de superioridad un tanto racista, pero ante la queja de uno de los sicarios por el frío y la nieve permanente, el interlocutor le dirá, “o sol o estado de bienestar, las dos cosas no se pueden tener, ahí tienes, España, sol, arruinada, Portugal, sol, arruinada, Italia, Grecia, América del Sur, lo mismo, y de África no digamos, para tener estado de bienestar hay que pasar frío”. En ese paisaje, en esa nieve que todo lo cubre, la profesión de Skarsgard no deja de ser otro éxito de guión, su trabajo es el de conductor de máquinas quitanieves, obviamente no como las que vemos en España, sino auténticos mastodontes capaces de eliminar metros de nieve de las carreteras. Eliminando la nieve dejas a la intemperie toda la podedumbre que se esconde debajo de lo que parece inmaculado, el papel de Skarsgard será el de hacer salir la basura de su escondite y aniquilarla después, que por el camino encuentre algún aliado ocasional no es más que consecuencia de la venganza de quien pierde hijos por el camino. Una estupenda película con ritmo y gracia que, con paisajes nevados permanentemente, se agradece aún más en este asfixiante inicio del verano.